Caía la tarde en Georgetown, y Harvey Miller, maquinista de trenes con años de experiencia, sentía que ya se acercaba a su última estación del día. el cansancio pesaba sobre sus hombros pero el pensamiento de llegar a casa lo reconfortaba: su esposa lo esperaría con una cena caliente, un pequeño consuelo después de una jornada extenuante.
Mientras el tren avanzaba, Harvey observaba las vías que conocía como la palma de su mano. De repente, algo en la distancia llamó su atención. Al principio, no podía distinguir que era, pero a medida que se acercaba, su corazón se aceleró. ¡Era el cuerpo de una joven tendido sobre los rieles!.
Un escalofrío recorrió su espalda. con la mano sudorosa, agarró la palanca del freno y la accionó con toda su fuerza. Los frenos chirriaron de manera ensordecedora y Harvey sintió como el vagón temblaba bajo sus pies, temiendo por un momento que descarrilara el tren. cuando el tren finalmente se detuvo, Harvey estaba temblando. Su respiración era agitada, y sus ojos buscaban desesperadamente a la joven en las vías. Pero no había rastro de ella.¿ Había sido su imaginación? ¿ O acababa de atropellar a alguien? la duda lo paralizó, no podía creer lo que acababa de vivir.
-¡No pude evitarlo!- murmuró, con la voz quebrada por la angustia.
…
Minutos después, las luces de los autos policiales inundaban la zona, iluminando una escena dantesca: el cuerpo destrozado de una joven yacía sobre las vías del tren. entre el caos y los murmullos de los oficiales, una figura se movía con determinación: Eleonor Dupont. a sus tan solo 29 años, era la detective más joven y condecorada del distrito, pero su reputación no solo se debía a su impresionante historial de casos resueltos. Eleonor tenía una mente analítica que desarmaba los misterios más complejos, y una intuición que muchos consideraban casi sobrenatural.
Su belleza era innegable- cabello oscuro que caía en ondas sobre sus hombros, ojos almendrados de un tono café profundo que parecían ver más allá de lo evidente- pero era su presencia lo que realmente captaba la atención. Eleonor irradiaba una mezcla de elegancia y firmeza, como si hubiera nacido para estar en medio del caos. Sin embargo, aquellos que la conocían bien sabían que detrás de esa fachada impecable se escondía una mujer marcada por una infancia difícil. Huérfana desde los siete años había crecido en las calles frías y despiadadas de Georgetown, donde aprendió a confiar sólo en sí misma. Fue adoptada por William Dupont, un forense excéntrico y brillante, quien no solo le dio un hogar sino también las herramientas para convertirse en la detective que es hoy.
Mientras caminaba hacia el cuerpo destrozado de la joven, Eleonor ignoró los comentarios de los oficiales y el murmullo de la anciana que decía que había visto a la joven lanzarse a las vías. Algo en la escena no encajaba. Sus ojos recorrieron cada detalle : la posición del cuerpo, las marcas en las vías, la expresión congelada en el rostro de la víctima y entonces lo vio. algo en las muñecas de la joven llamó su atención. Mientras Eleonor continuaba examinando el cadáver, no pudo ignorar una figura alta que se acercaba del otro lado de la plataforma, con paso tranquilo, como si el caos a su alrededor no lo afectará. Colin James el forense del distrito, era conocido por su habilidad para mantener la calma incluso en las situaciones mas macabras. a sus 32 años su aspecto un poco desaliñado pero calculado - pelo negro siempre un poco despeinado, ojos azules, claros y penetrantes y gafas de montura fina que resbalaban sobre su nariz - contrastaba con la precision cientifica que aplicaba en su trabajo.
Colin no solo era un forense brillante, sino también un hombre con un sentido del humor sarcástico que a menudo alivia la tensión en las escenas más sombrías. Su relación con Eleonor era única: no solo eran compañeros de trabajo, sino también amigos cercanos un vínculo que se remontaba a sus años como discípulo de William Dupont, el padre adoptivo de Eleonor. Colin admiraba a William no solo como mentor sino como una figura paterna, y esa conexión había fortalecido su amistad con Eleonor.
Él se detuvo a su lado, cruzando los brazos con una sonrisa leve.- Parece que tenemos un caso interesante Elie- dijo usando el apodo que solo él se permitía . -Por lo que escucho es un suicidio. Pero por esa mirada tuya sospecho que no es tan sencillo.
Eleonor asintió, pero no apartó la vista del cuerpo - ¿ Ves esto? preguntó, señalando las marcas en las muñecas de la joven. Colin se inclinó con su hombro rozando el de ella. -Parecen ataduras y se ven muy recientes.- interesante- murmuró casi para sí mismo ¿Qué más has notado?
Eleonor se apartó rápidamente, como si necesitara poner distancia entre ellos. Se dirigió hacia los pies del cadáver donde noto que le faltaba un zapato. - No comprendo como una joven camina directo al suicidio sin un zapato y no se ensucia el pie, hay algo extraño, que no encaja.
Colin asintió, su expresión se tornó seria. - estoy de acuerdo contigo. Iré a preparar todo para recoger los restos y llevarlos a analizar, te avisaré de inmediato cualquier cosa que averigüe.
Eleonor lo observó alejarse, pero su mente ya comenzaba a centrarse en la única testigo visual: la anciana que aseguraba haber visto a la víctima arrojarse a las vías. el conductor del tren aun en shock, solo recordaba ver el cuerpo tendido frente a la máquina. no era mucho para seguir.
Se encaminó hacia los bancos de la estación, donde la anciana estaba rodeada de policías que terminaban de tomar su declaración. A medida que se acercaba, Eleonor observó a la testigo con detenimiento. La mujer, a pesar de haber presenciado una escena tan horrible, parecía estar extrañamente calmada. Su ropa costosa y las joyas que lucía indicaban que era una persona de buena posición económica.
Buenas noches, señora … Isabel Clayton- dijo leyendo de reojo la libreta de uno de los policías.
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Editado: 18.01.2026