El Sigilo

Capitulo II

El lugar parecía abandonado, como si el tiempo se hubiera detenido en sus paredes desgastadas. Un pasillo lúgubre se extendía ante ella, iluminado apenas por unos bombillos que titilaban, proyectando sombras inquietantes que danzaban en las paredes. El silencio era absoluto, tan denso que parecía el de una tumba sellada. cada paso que daba resonaba en el vacío. A pesar de ser una mujer valiente la morgue siempre la hacía sentir fuera de lugar. Un frío sepulcral se apodera de su cuerpo cada vez que cruzaba esas puertas, un frío que no provenía sólo de la temperatura, sino de la sensación de estar rodeada por la muerte y no podía evitar sentir que algo la observaba desde las sombras

Sin embargo, para Colin, ese lugar era como su hogar. Había pasado la mayor parte de su vida entre esas paredes, primero como aprendiz del padre de Eleonor, y luego como forense en su propio derecho. Para él, la morgue no era un lugar de miedo, sino un campo de juegos donde cada nuevo caso era un rompecabezas escalofriantemente emocionante.

Colin era un hombre que desprendía una mezcla única de inteligencia y atractivo. Su cabello negro, siempre un poco despeinado, contrastaba con sus ojos azules, tan claros que parecían iluminarse bajo la tenue luz de los bombillos. Su presencia era magnética, y aunque rara vez lo admitía, disfrutaba de hacer alarde de su carisma cuando la ocasión lo permitía. Mientras caminaba por el pasillo, su paso era seguro, casi despreocupado, como si el ambiente lúgubre no lo afectara en lo más mínimo.

—¿Lista para esto? —preguntó con una sonrisa ligera, mientras abría la puerta de la sala de autopsias. Su tono era relajado, pero había un brillo de emoción en sus ojos, como si supiera que lo que iban a descubrir sería tan fascinante como perturbador.

Eleonor lo miró, tratando de ocultar su incomodidad.

—Nunca estoy lista para esto —respondió en voz baja, pero siguiéndolo de todos modos.

Colin se acercó a la mesa de acero donde yacía el cuerpo de la joven, con una expresión seria pero intrigada.

—Mi nueva amiga me ha contado mucho sobre cómo fueron sus últimos momentos —dijo, refiriéndose al cadáver con un tono que combinaba respeto y curiosidad científica.

Eleonor cruzó los brazos, sintiendo el frío de la morgue penetrar su abrigo.

—Dime todo antes de que me congele —respondió, impaciente, evitando mirarlo directamente a los ojos.

Colin asintió y comenzó a explicar, pero no pudo resistirse a lanzarle una mirada de reojo, como si buscara una reacción en ella.

—Te presento a Bianca Roswell, de 17 años.

Eleonor se sobresaltó al escuchar el apellido.

—¿Roswell? ¿Como el banquero Richard Roswell?

—Exacto, Elie —. Hablamos de la hija menor de una de las familias más prominentes y acaudaladas de la ciudad.

Eleonor frunció el ceño, acercándose más a la mesa, pero manteniendo una distancia prudente de Colin.

—¿Y las marcas que vimos en sus muñecas?

—Estábamos en lo cierto —Son ataduras. Además, alrededor de su cuello hay marcas de estrangulamiento, y los músculos de la laringe están desgarrados. Eso significa que ya estaba muerta cuando el tren la aplastó.

Eleonor sintió un nudo en el estómago, pero se obligó a mantener la compostura.

—La asesinaron y luego la arrojaron a las vías. Quisieron que pensáramos que era un suicidio. Pero, ¿quién querría hacerle daño a una joven como ella?

—Y aún hay más. Colin hizo una pausa dramática, su mirada se volvió inusualmente sombría. -Bianca tenía cinco meses de embarazo.

El silencio en la morgue se volvió asfixiante. De repente, ya no veía solo a la hija de un banquero o a una pieza de un rompecabezas; veía a una niña que llevaba otra vida dentro, ambas cegadas antes de tener una oportunidad.

Eleonor apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, su voz tembló de rabia.

—¿Qué clase de monstruo haría algo así?

Mientras observaba el cadáver con detenimiento, algo llamó su atención.

—¿Y esta marca, Colin? ¿Qué es? —preguntó, señalando el lado derecho de la espalda de la víctima.

Colin sonrió levemente, como si disfrutara de su curiosidad.

—Siempre tan impaciente, Elie. Ya iba a llegar a eso —dijo, haciendo un gesto juguetón con los ojos—. Es una especie de tatuaje. Un triángulo invertido con una "V" en su parte inferior y líneas que se cruzan. Investigué un poco y resulta que es el Sigilo de Lucifer.

Eleonor arqueó una ceja, tratando de recordar dónde había visto ese símbolo antes.

—¿El sigilo de Lucifer? Creo que lo he visto antes. Se me hace muy familiar.

—Sí —confirmó Colin—. Se dice que es la representación del ángel caído. Al parecer, se utiliza para invocar demonios o crear vínculos con ellos, todo con el fin de practicar magia oscura.

Eleonor frunció el ceño, tratando de encajar las piezas del rompecabezas.

—¿Qué hace una joven acaudalada con un tatuaje que representa la encarnación del príncipe de las tinieblas?

De repente, todo encajó en su mente. Sus ojos se abrieron de par en par.

—¡Por Dios, Colin! La anciana... ¡Tengo que irme! — Colin la detuvo con una mano suave sujetando su brazo.

—Ten cuidado, Elie —dijo, su voz más seria de lo habitual—. Este caso parece más oscuro de lo que pensamos.

Eleonor lo miró por un momento, sintiendo cómo su corazón latía un poco más rápido de lo normal.

—Siempre lo soy —dijo, mientras

se alejaba apresuradamente, dejando atrás aquel frío lugar.




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