El resplandor de un relámpago y el estruendo de un trueno despertaron a Eleonor de un sueño profundo y reconfortante. Una tormenta golpeaba las calles de Georgetown, y el sonido de la lluvia golpeando las ventanas de su apartamento la acompañó mientras se alistaba para otro día de trabajo. Se vistió con su traje habitual—una chaqueta ajustada y pantalones con pinza —y se tomó un momento para mirarse en el espejo. Su rostro reflejaba cansancio, pero también determinación. Sabía que el caso de Bianca Roswell no podía esperar.
Al llegar a la estación de policía, el bullicio matutino la recibió. Oficiales se preparaban para salir a patrullar, los teléfonos sonaban sin parar, y el aroma a café recién hecho llenaba el aire. Eleonor avanzó entre los escritorios con una taza de café en una mano y un pan de avena en la otra , y en su mente ya planificando el día que tenía por delante.
—Buenos días, detective Dupont —saludó el oficial Brown, interceptándola en su camino.
—Buenos días, oficial —respondió Eleonor, deteniéndose brevemente.
—Detective, una joven llegó temprano a la estación y quiere hablar solamente con usted. Está esperándola frente a su oficina.
—Gracias, oficial —dijo Eleonor, un poco desconcertada. ¿Quién sería esa mujer que la esperaba? Aceleró el paso hacia su oficina, y tal fue su sorpresa cuando vio a Mary Roswell, la hermana mayor de la víctima, sentada en una silla junto a la puerta.
Al acercarse, ella se levantó de inmediato, sus ojos llenos de ansiedad.
—Detective, necesito hablar con usted sobre mi hermana —dijo, su voz temblorosa.
—Por favor, siga mi oficina —respondió Eleonor, abriendo la puerta y guiándola adentro—. Dígame todo sobre Bianca.
Mary se sentó frente al escritorio, apretando sus manos con fuerza. Su mirada vagaba por la habitación, deteniéndose en las grandes gotas de lluvia que golpeaban la ventana. Su pierna temblaba de arriba abajo, y su respiración era agitada.
—Mary? —dijo Eleonor, tratando de llamar su atención agitando la mano frente a ella—. Mary, ¿qué es lo que me quieres decir?
Ella salió de su distracción
—Discúlpeme, detective. Es que no he dormido bien desde lo de mi hermana —exclamó, su voz quebrada—. Por dónde empiezo. Bueno mi hermana era un ser humano maravilloso. Jamás pensé que iba a morir... por mi culpa. Por ayudarla.
—Ayudarla, ¿a qué? Trata de calmarte y dime qué fue lo que sucedió.
Le alcanzó un vaso con agua, esperando que la joven se tranquilizara. Mary tomó un sorbo, limpió su rostro con un pañuelo que sacó de su bolso, y respiró profundamente antes de continuar.
—Mi hermana era una joven especial, de un gran corazón — La voz se le quebró al pronunciar el nombre. Tragó saliva, como si las sílabas le pesaran en la garganta. —Antes del verano, sólo quería ser monja. Rezaba hasta quedarse dormida con el rosario enredado en los dedos. Pero todo cambió después del verano.
Eleonor asintió, animándola a continuar.
—Durante el verano, estuvó en un campamento de la iglesia —. Cuando regresó, estaba... diferente. Más alegre, más viva. Me dijo que había conocido a un muchacho, que era muy guapo, que había salido con él y que fue amor a primera vista. Yo me alegré por ella. Bianca siempre hizo lo que mi madre le ordenaba. Mi madre controlaba todo en su vida: no salía de la iglesia, iba a sus clases de piano, ni siquiera la dejaba ir a fiestas. Siempre quise que fuera más rebelde, como yo. La oveja negra de la familia que nunca obedecía y se escapaba de la escuela para estar con mis amigos y vivir mi vida. --. Por eso ellos la querían más... Era la hija perfecta
Eleonor notó cómo la voz se le quebraba, pero no interrumpió. Sabía que la joven necesitaba sacar todo lo que llevaba dentro.
—¿Y sabes quién era ese muchacho, Mary? . ¿Bianca te dijo su nombre?
Ella negó con la cabeza.
—No, nunca me dijo su nombre. Solo me contaba que se veían a escondidas, algunas veces en la iglesia y otras en el bosque. Decía que él le había abierto los ojos al mundo, que le había mostrado cosas que nunca había imaginado. Pero todo tenía que ser un secreto —. Pensé que era algo inocente, como una niña que tiene un novio por primera vez y no quiere que nadie se entere para que no se acabe la fantasía.
Eleonor no pudo evitar notar cómo la chica se retorcía las manos, como si recordar esos momentos le causara dolor.
—Luego me contó lo del embarazo —continuó Mary, su voz bajando a un susurro casi inaudible—. Fue algo que me impactó mucho. Sabía lo duro que sería para ella si nuestros padres se enteraban. Además, era imposible que mi madre no se diera cuenta... como te dije, ella controlaba todo en su vida —. Mi madre dijo que la mandaría al convento cuando el embarazo ya no se pudiera ocultar, para que nadie lo supiera. Bianca no estaba de acuerdo, pero... nunca le llevaba la contraria a mi madre. Así que aceptó.
Mary la miró fijamente y una lágrima escapó de sus ojos.
—Yo intenté ayudarla, pero... no pude hacer lo suficiente. Nunca pensé que todo terminaría así.
—Unos días después tuve que salir de la ciudad un por mes.Cuando regresé, todo había cambiado. Bianca ya no era la misma. Comencé a notar algo muy extraño en ella, se había vuelto paranoica, casi irreconocible.
—Dime cómo se comportaba —pidió Eleonor, inclinándose hacia adelante.
—Revisaba los armarios antes de dormir y se negaba a pasar frente a los espejos de la mansión. Decía que "los ojos” la observaban incluso a través de las paredes de piedra de nuestra casa. Una noche la encontré en el suelo de su habitación, tapando las rendijas de la puerta con toallas húmedas. Decía que no quería que el "humo negro" entrara a buscar al bebé, que no lo permitiría, que haría lo que fuera para protegerlo. Sus palabras eran desesperadas. Me rogó que la ayudara a escapar, que solo podía confiar en mí.
Sus ojos, reflejaban un miedo constante, como si estuviera atrapada en una pesadilla de la que no podía despertar. —No sé qué hacer —me dijo una noche, agarrando mis manos con una fuerza que me sorprendió—. Si me quedo aquí, algo malo va a pasar. Lo sé. Tienes que ayudarme, por favor-
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Editado: 18.01.2026