Eleonor llegó al laboratorio forense, su pulso aún latía con violencia en las sienes, al ritmo de una pregunta que se repetía: ¿Fue real? o ¿Todo fue producto de mi imaginación? - pensó -Tal vez el cansancio y estrés le estaban jugando una mala pasada. Cada paso que daba parecía recordarle la mirada del padre Mauricio, esos ojos negros que la habían paralizado. El edificio, frío y luminoso, contrastaba con la oscuridad que acababa de dejar atrás. empujó las puertas del laboratorio forense con manos que apenas reconocía como propias, el olor a productos químicos la envolvió, y el sonido de los equipos trabajando en segundo plano llenó sus oídos. Vio a varios miembros del equipo forense moviéndose entre mesas, examinando evidencias en bolsas plásticas etiquetadas y tomando notas en sus cuadernos.
El peso de la investigación se había vuelto insoportable. A pesar del ambiente familiar, no podía sacudirse la sensación de inquietud que la había seguido desde la iglesia como una sombra pegajosa que se negaba a soltarla.. con el recuerdo de ese crucifijo negro que parecía burlarse de ella. Necesitaba ver a Colin. No solo por la investigación, sino porque en ese momento de confusión, su voz era el único ancla que podía mantenerla a flote. Pero el universo parecía empeñado en negarle ese pequeño consuelo.
Al encontrarlo el corazón le dio un vuelco doloroso. Colin estaba inclinado sobre la mesa de trabajo, demasiado cerca de una compañera del laboratorio, una joven de cabello rubio que parecía estar disfrutando de la conversación. Ambos estaban riéndose de algo, como si estuvieran compartiendo un chiste privado. Su risa conjunta llenó el aire, era un sonido alegre que no encajaba en su mundo de sombras y cadáveres; era un recordatorio punzante de la normalidad que ella nunca había poseído.
Se sintió, por un segundo, como la niña de siete años que observaba desde una ventana cómo otros niños tenían familias estables, mientras la suya estaba muy lejos de serlo. Eleonor se detuvo en seco, sintiendo cómo una oleada de celos le quemaba el pecho. No era racional, lo sabía, pero no podía evitar el nudo que se formaba en su garganta al verlo tan relajado, tan cómodo con alguien más. ¿Por qué le importaba? Colin solo era su amigo. Pero eso no evitaba que su mente se llenara de preguntas que no quería responder y sentimientos que no quería admitir. Respiró hondo, tratando de recuperar la compostura, y avanzó hacia ellos con paso firme.
Al notar su presencia, Colin se enderezó con esa sonrisa cálida que solo reservaba para ella.
—Elie —dijo, alejándose de su compañera y dirigiéndose hacia ella—. Estaba esperándote.
Eleonor lo miró con frialdad, cruzando los brazos sobre su pecho. El orgullo le impedía mostrar lo vulnerable que se sentía.
—No tengo tiempo para charlas, Colin. Dime qué has averiguado.
Colin la miró fijamente, su sonrisa se desvaneció, y fue reemplazada por una mirada de preocupación
—Elie, ¿estás bien? Pareces...
—Estoy perfectamente —lo interrumpió, con más brusquedad de la que había planeado—. Solo necesito la información.
Colin frunció el ceño, como si no entendiera su tono y asintió con resignación.
—Claro. Tengo algunos datos que podrían ser útiles. Pero primero, ¿puedes decirme qué te pasó? Pareces... distante.
Eleonor sintió cómo el nudo en su garganta se hacía más grande. Quería decirle todo, quería contarle lo que había vivido. Pero las palabras no salían. En su lugar, se aferró al orgullo como un escudo.
—No es importante. Solo dime lo que averiguaste.
—Está bien —dijo finalmente, con un tono más frío—. Vamos a mi oficina.
Mientras lo seguía, una parte de ella se preguntaba si Colin alguna vez la había visto como algo más que una amiga, como alguien a quien podía querer. Tal vez nunca lo haría y ella nunca sería suficiente para alguien como él. Tal vez Colin merecía alguien que no llevara el peso del mundo sobre los hombros, y que no se escondiera detrás de paredes de hielo.
Pero mientras entraban a la oficina en silencio, una pequeña y egoísta parte de su corazón se aferraba a la esperanza de que, contra toda lógica, él siguiera esperando al otro lado de esas paredes.
Colin cerró la puerta con un suave clic que resonó como un disparo en el ambiente tenso.
—Bien, vamos por partes —. Lo que encontraron en el apartamento de la señora Clayton fue una escena montada. La sangre que vimos no era humana, era de cerdo. Alguien quería que pensáramos que había ocurrido algo terrible allí, pero no hay rastro de violencia real.
Eleonor asintió, tratando de mantener la concentración.
—¿Y qué más?
Colin desplegó varios documentos sobre la mesa con movimientos precisos.
—Indagué sobre la señora Clayton. Su esposo murió en circunstancias... cuestionables hace tres años. Oficialmente fue muerte natural, pero —hizo una pausa dramática, señalando un informe manchado de café— pero revisé la autopsia y hay cosas que se omitieron.
—¿Qué tipo de omisiones?
-La autopsia original menciona rastros de aconitina en su sistema, un alcaloide altamente venenoso. —Además se registraron marcas, moretones, rasguños que podrían considerarse como maltrato—. Algo que misteriosamente desapareció del informe final.. pero estaban ahí..
Eleonor frunció el ceño, procesando la información.
—Entonces, ¿ la señora Clayton estuvo involucrada en la muerte de su esposo?
—Es una posibilidad —confirmó Colin—. Y no solo eso. La señora Clayton era una excelente pianista, incluso tocaba en la iglesia y una de sus mejores estudiantes era Bianca. Y pasaba mucho tiempo en su casa, practicando. Ahí está la conexión directa entre ellas.
Eleonor sintió cómo las piezas comenzaban a encajar.
—La señora Clayton sabía algo. Algo tan peligroso que prefirió fingir su propia muerte antes que contarlo.. Llevamos días buscándola sin éxito. Es como si se la hubiera tragado la tierra... o como si alguien con mucho poder estuviera protegiéndola.