El motor del Mustang negro de Eleonor rugió al acelerar por la carretera desierta, devorando kilómetros El sol del mediodia se filtraba entre los pinos, el café amargo— negro y espeso — le quemaba la lengua con cada sorbo, pero necesitaba el golpe de cafeína para sacudirse los recuerdos de la pesadilla.A través del parabrisas, el paisaje se transformaba: los edificios de Georgetown dieron paso a colinas empinadas, el paisaje era engañosamente tranquilo: campos verdes , graneros abandonados con techos de hojalata oxidada. La radio sintonizaba estática. Entre los pitidos, juró oír -susurros-..Apagó el aparato de un golpe.
Eleonor apretó el volante hasta que los nudillos le palidecieron. Cada sombra le recordaba la figura de su sueño: esos miembros retorcidos, la risa de la señora Clayton... "Tú también llevarás el sigilo". Se estremeció. Nunca había creído en lo sobrenatural, pero esto había sido diferente. Demasiado real.
El GPS marcaba 30 minutos para llegar.
En el asiento del copiloto su arma relucía bajo la luz del tablero. Una Glock 19 y junto a esta su teléfono vibró. Colin:
"Elie, respóndeme. Harris me dijo que fuiste sola. Espera a los refuerzos."
Eleonor tomó el móvil con una mano mientras conducía, pero justo cuando iba a responder, la pantalla mostró "Sin señal". Maldijo entre dientes y lo arrojó al asiento. "No importa", pensó.
¿Quién diablos eres, Lucas? —masculló, imaginando al joven: ¿Un chico asustado? ¿Un cómplice? ¿O algo peor?
Pasó un cartel oxidado: " Lago Agujas Plateadas: 5 km". Según las coordenadas, la cabaña estaba cerca.
El Mustang negro redujo velocidad al abandonar el asfalto, y acceder a un camino secundario. Los pinos se cerraban sobre la trocha como un túnel vegetal, sus ramas arañando el techo del auto como uñas invisibles que hicieron a Eleonor contener el aliento que le hicieron erizar la piel.
Eleonor estacionó a 100 metros, ocultando su auto entre los árboles. Al salir, desenfundó su Glock con un chasquido metálico familiar. El silencio era perturbador: ni pájaros, ni insectos, como si el bosque contuviera la respiración vio la camioneta estacionada a un lado de la cabaña.No era el refugio rústico que esperaba. La estructura de troncos ennegrecidos por la humedad tenía:
Ventanas tapiadas con tablones, un porche inclinado donde colgaban frascos de vidrio con líquido turbio y la puerta principal entreabierta, revelando una oscuridad inquietante
La cabaña crujió bajo sus pasos. Eleonor entró con la Glock en alto, el corazón golpeándole las costillas. El aire olía a madera podrida y algo más... incienso. Las paredes gritaban locura en forma de símbolos estaban marcadas con el sigilo repetido una y otra vez, pintado con algo oscuro y reseco. El movimiento en el rincón fue rápido como de una serpiente, entre sombras, Lucas se encogía como un animal acorralado. El joven—pálido, con los ojos inyectados en sangre—alzó las manos al ver el arma.
—¡No soy uno de ellos! —gritó, su voz quebrada por el miedo—. ¡Ya no! ¡Ya no controlan mi mente!
Eleonor bajó lentamente el arma, mostrando las palmas vacías.
—Respira, Lucas —ordenó, manteniendo su tono firme pero humano—. No vine por ti. Vine por la verdad.
El joven se retorció las manos, sus ojos saltando constantemente hacia las sombras detrás de Eleonor como si anticipará que algo emergiera de las paredes s en cualquier momento
—Ellos me encontraran... La Orden... —susurró—. Me aceptaron cuando era invisible para el mundo. Pero luego vi... lo que hacen en la oscuridad...
Eleonor avanzó con la precisión de quien se acerca a un animal herido,, manteniendo la voz calmada pese a que cada palabra de Lucas le helaba la sangre.
—¿ Y Bianca, su bebe? ¿ los mataste?
Los labios de Lucas se retorcieron en una mueca que pretendía ser sonrisa
—¡No fui yo quien la mató! Solo era el custodio... el que vigilaría a Bianca hasta el parto. Pero cuando supe lo que harían con el bebé... intenté ayudarla a huir. —Tosió, escupiendo sangre—. La Orden,adora el poder. Y para ellos, nada da más poder que corromper lo que la Iglesia considera sagrado.
De repente, sus dedos esqueléticos se cerraron alrededor del antebrazo de Eleonor con fuerza sobrenatural. La detective vio sus pupilas dilatadas reflejando un terror primordial.
Te siguieron —jadeó, percibió el pánico en su voz. —. Las sombras siempre te persiguen
Eleonor sintió el aliento frío del joven en su rostro. Notó entonces las marcas en su cuello: pequeños cortes simétricos, como de agujas, incisiones perfectamente espaciadas formando un círculo imperfecto, como si alguien hubiera practicado para hacer el corte definitivo.
—Escucha —urgió Lucas arrastrando las palabras—. El ritual requiere dos cosas: sangre del linaje sagrado... —su mano tembló al señalar el sigilo en la pared— ...y un recipiente vivo que lleve la marca por voluntad propia. El Sigilo no es un símbolo, es un contrato. Cada niño sacrificado les da más control sobre esta ciudad... sobre la policía, los jueces...
Se oyó un crujido fuera de la cabaña y Eleonor giró 180 grados con la Glock en alto, barriendo la estancia vacía. Cuando volvió a Lucas, su rostro se había transformado en una máscara de terror puro.
—¡VINIERON POR MÍ! —grito, arrebatándole el arma con una fuerza que desgarró la manga de Eleonor y le dejó tres surcos sangrientos en la carne.. No dejaré que me usen otra vez.
Su camisa se abrió como un telón macabro, revelando el sigilo quemado sobre su pectoral, la piel aún roja e infectada alrededor del diseño..
"¡Él viene por ti ahora!" —dijo, apuntandose la pistola en la sien con determinación—. ¡HUYE!
-Lucas NOOOOO.. gritó
El estruendo del disparo hizo saltar polvo de las vigas. Eleonor cayó de rodillas, el mundo se quedó sin sonido solo un pitido agudo en sus oídos, el calor viscoso de la sangre de Lucas salpicando su rostro y sus manos que se convirtieron en garras temblorosas sobre las tablas empapadas, su visión se tornó borrosa - Demasiado tarde- murmuró