El silencio de las Ciudades

Epílogo

El mundo no volvió.

Y nadie lo esperaba ya.

El tiempo siguió avanzando, pero sin prisa. Las ciudades quedaron como esqueletos de lo que fueron, mientras nuevas formas de vida crecían entre ellas. No había ruido constante, ni multitudes, ni urgencia.

Pero había algo más importante.

Equilibrio.

Li Wei caminaba solo al atardecer.

No porque estuviera aislado.

Porque ya no era necesario estar siempre acompañado.

A lo lejos, podía ver a los niños correr entre estructuras antiguas, riendo como si el mundo siempre hubiera sido así. Más atrás, su familia conversaba, tranquila. Su hermano. Sus padres. Lin.

Vivos.

Presentes.

Suficientes.

Se detuvo.

Cerró los ojos.

Y por un instante… volvió al inicio.

El aeropuerto.

El primer contacto.

El momento exacto en el que todo cambió.

Durante mucho tiempo, pensó que había sido una coincidencia.

Luego, una carga.

Después… una responsabilidad.

Ahora lo entendía.

Nunca fue el inicio del fin.

Fue el inicio del equilibrio.

Li Wei fue el primero en infectarse.

Y también… el primero en no romperse.

Abrió los ojos.

El mundo seguía ahí.

Distinto.

Pero en pie.

La “cura” nunca fue eliminar el sistema.

Fue aprender a sostenerlo.

Y ahora… ya no le pertenecía.

Un niño se acercó corriendo.

Se detuvo frente a él.

Lo miró con curiosidad.

—¿Todo esto… va a seguir?

Li Wei lo observó unos segundos.

Luego miró el horizonte.

Y asintió.

—Sí.

El niño sonrió.

Y volvió a correr.

Li Wei respiró profundamente.

Sin ajustar.

Sin intervenir.

Solo… siendo parte.

Porque al final… no se trataba de salvar al mundo.

Sino de que el mundo aprendiera a no destruirse.

Y esta vez… lo había logrado.




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