Misar y Bar entraron en la estrecha camioneta.
— Okay, ¿te queda bien? ¿Puedes moverte con facilidad?
— Me aprieta un poco los hombros, pero de ahí en fuera me queda bastante bien.
— ¿Seguro? — La enmascarada procedió a calar mediante tacto la comodidad del traje. — Wow, tienes bastante cuerpo como para ser solo un mocoso. — Bromeó —. Bueno, es lo único que pudimos conseguirte. — Misar se sonrojó debajo de la máscara del traje.
La camioneta encendió motores y se acercó sutilmente hasta un punto donde podía divisarse el CIBK y la nave de transporte.
— Acerca del plan, verás: En la base hay un flujo constante de entrada y salida de personal de limpieza, científicos, etc. Están embarcando la mayoría de proyectos del centro en aquella nave de transporte. —Señaló con el dedo la colosal nave de transporte ubicada al lado de una de las colinas del lugar —. Caminarás con cautela hasta esa colina, luego tomarás una de las carretas que están alrededor y te mezclarás con el flujo de trabajadores.
— De acuerdo.
— Seguirás con normalidad a la corriente de trabajadores hasta entrar a las instalaciones. Una vez dentro, caminarás a lo largo de la sala principal hasta el fondo. Es probable que encuentres varios soldados no-cordonantes con armas rondando las instalaciones— Misar tragó saliva —. No debes darles especial importancia. Una vez llegado al fondo del pasillo principal, verás a tu izquierda una puerta de metal como de unos tres metros, según suponemos, deberá estar abierta.
— ¿Y qué hay de los guardias del Imperio? Bar me dijo que habría guardias rondando esa zona. —Misar preguntó con miedo.
— Ja, esa es la razón por la que decidimos adelantar el trabajo a hoy mismo. En este momento, el emperador ha convocado una asamblea con los otros cinco generales y sus escuadrillas. No sé si sepas, pero uno de los seis generales imperiales está escoltando personalmente el aguardamiento de cierto cargamento especial del centro.
— ¿De qué General hablas? — Preguntó Misar con un notable temor en su tono.
— El General Ghaarnam, conocido como “Las Fauces del Imperio”.
— Mierda, no dijiste que ese bicho estaría aquí. — Reclamó agresivamente Bar a su informante.
— No es nuestra culpa. Tú sabes más que nadie que lo único que podemos conseguir del Imperio son migajas de información, y principalmente cuando se trata de paquetes tan importantes como este.
— ¿Ghaarnam? ¿Quién es ese sujeto? ¿De-Debería preocuparme? — Preguntó ingenuamente Misar.
— No, niño. Si lo haces rápido, no tendrás por qué preocuparte. — Dijo Bar mientras apoyaba su mano en el hombro de Misar.
— ¿Y si sale mal?
— No pienses en eso, por tu bien…
Después de aclarar los últimos detalles del trabajo, la camioneta se acercó sutilmente a una de la colina aledaña al punto de extracción donde se encontraba estacionada la nave de transporte. Misar se acercó, tomó una de las carretas cargueras y siguió el flujo de trabajadores, tal y como le fue dicho.
El General Ghaarnam se encontraba en una caseta improvisada en las periferias del centro. Dos de los dos seis escoltas del General resguardaban la entrada. Dentro de aquella caseta, el Emperador deliberaba una asamblea improvisada tratando reformas de emergencia que entraban en vigencia a partir del día de mañana.
A pesar de procurar llevar un paso cotidiano y natural, a Misar se le complicaba no fascinarse por todos los proyectos que estaban en camino de ser embarcados. Todos ellos biológicos. Desde una cría de berserker hasta un león de los cielos, un espécimen originario de la cruza entre un león — especia nativa de la Tierra— y un grolim — ave nativa del planeta de donde provenían los Hak’Zel.
Al entrar a la colosal instalación, no tardó en percatarse que todo era tal y como se le había dicho hace unos instantes. Entre el murmullo científico y el resonar de los equipos de sustento siendo desmantelados, Misar ocultó el susurro de sorpresa que su cuerpo exhalaba naturalmente al ver tan increíble espectáculo. Misar veía todo con la inocente curiosidad infantil que tiene un niño al visitar un circo.
Llegando a las afueras de la compuerta de la habitación del final del corredor principal, Misar contactó con sus ayudantes exteriores.
— Ya estoy aquí.
— ¿Algún guardia? — Preguntó una voz femenina.
— No, ninguno. Solamente trabajadores recogiendo equipos. Haré lo mismo.
— De acuerdo. Cuando estés listo, mándame la señal.
El pulso de Misar se aceleró.
Dentro de aquella sala envuelta en misterio, Misar no pudo evitar sentir curiosidad por las cinco vitrinas cubiertas que se encontraban ahí, en especial por la más grande de todas, aquella que se encontraba al fondo de la sala. Misar calló su curiosidad y volvió en sí. Mandó la señal a la enmascarada y unos cinco segundos después de eso, la oscuridad cayó sobre las instalaciones.
Las penumbras fueron seguidas de un instantáneo silencio que sería proseguido del alborotado paso de los científicos y trabajadores, así como el estruendoso resonar de las alarmas y el titilante fulgor de las luces de emergencia.
Todo el personal que se encontraba en la habitación de las misteriosas vitrinas salió de inmediato de la sala siguiendo órdenes apresuradas y directrices improvisadas de los jefes de las distintas áreas del centro. Misar aprovechó el caos del lugar para plantar la cámara a ras de suelo y tomar la foto, tal y como se le había pedido, in embargo, algo no salió como se esperaba.
La vitrina más grande empezó a vibrar sin razón aparente. Las vibraciones eran tan fuertes que hicieron que la pesada capa de lona blanca que la cubría se resbalara y cayera, dejando ver el interior de aquel cubículo de cristal: una figura antropomórfica cuya piel era similar a la porcelana se encontraba en posición fetal cubierta por un denso líquido celeste. Misar se quedó atónito, absorto en la extraña belleza de ese ser, cuya forma apenas se podía apreciar distinguir por las luces rojas de las alarmas.