El Silencio de las Estrellas

Capítulo 6

El colapsador dado por Bar a Misar no había sido para nada una casualidad. De hecho, fue un gesto de compasión. La cámara que usó Misar estaba programada para enviar inmediatamente la fotografía a una consola ubicada en la camioneta una vez está hubiera sido tomada. Por lo que el haberle dado la idea de mantener la cámara era tan solo un placebo que hacía creer al pobre desgraciado encargado de llevar a cargo la misión que su retorno era parte del plan. Los contrabandistas contemplaban la muerte de Misar como parte del plan.

Crimson Cross, ese era el nombre de la banda de contrabandistas que había encargado aquel trabajo a Bar. El objetivo de la fotografía de la habitación de vitrinas era muy sencillo: Escanear minuciosamente el mecanismo de las cinco vitrinas de contención y, una vez las cinco vitrinas estuvieran embarcadas en la nave, los miembros de Crimson Cross abordarían dicha nave una vez esta abandonara la atmósfera del planeta. El objetivo principal era, por lo tanto, robar las cinco vitrinas de la nave y huir una vez hecho esto.

Sim embargo, las cosas no resultaron como debían.

Minutos antes de que HuuSaaran poseyera el cuerpo de Misar, Nima se había escabullido ágilmente entre el tumulto de trabajadores y científicos. Aunque varios se percataron de su intrusión, estaban demasiado ocupados estabilizando y conteniendo a los proyectos biológicos del centro como para tomar la más mínima medida sobre el asunto.

Nima no tardó en avistar la camioneta en el punto de extracción acordado y la abordó de un salto.

— ¿Aunque sea consiguieron la foto? — Pregunta Nima entre jadeos.

Un miembro que no se encontraba en el momento de la planificación ahora manejaba la camioneta.

— ¡¿En qué carajos estabas pensando al ir hasta ahí, Nima?! Maldita sea, casi haces que te maten. — Reclamó en forma de regaño el conductor mientras miraba por el retrovisor a la exhausta Nima.

— No te importa, Paul... — Respondió avergonzada.

Nima se sentó en el piso de la cabina y se recostó contra la pared.

— ¿Que no me importa? Bueno, la verdad es que no me importa mucho, pero fue a mí a quien Julian encargó tu seguridad. ¿Qué le hubiera dicho si morías por esa maldita imprudencia?

— No lo sé, Paul. ¿Sabes qué? No importa, olvídalo. Perdóname, ¿sí? Solo me nublé por un momento.

— Por cierto… sí. Sí conseguimos la foto.

— Gracias al cielo... — Dijo aliviada.

— Solo hay que esperar que el cuerpo del mocoso se termine de pudrir por tener al Holli'at dentro y que ese tal Ghaarnam se encargue del resto. Cuando la nave de carga haya partido, iremos con todo.

La cabeza de Nima se encontraba repleta de dudas que la incomodaban como el aleteo de un enjambre de abejas. ¿Por qué fue hasta allá? ¿Realmente valió la pena dejar que muriera ese niño? ¿Había tan si quiera una forma de salvarlo? ¿Cuál fue su motivo para aceptar aquel trabajo? Buscaba insensibilizarse con la excusa de haber visto cosas mucho peores antes, pero no podía. Su alma, más que otras veces, se sentía miserable cada vez que recordaba la forma en que la miraron esos ojos marrones a través del casco del uniforme.

Mientras Nima reflexionaba en el hecho que había vivido una y otra vez, la atmósfera en el Centro de Investigación cambió de golpe, anunciando un combate sin precedentes.

El General Ghaarnam, inmediatamente después de ver aquella figura imposible, recuperó su vigor y voracidad que lo caracterizaba, volando como un proyectil hacia el recipiente de HuuSaaran.

De repente, la presión atmosférica en el Centro aumentó su magnitud doscientas cincuenta veces. Todo el personal humano fue reducido a papilla de carne y hueso.

El ataque del General conectó con HuuSaaran, sin embargo, esta última respondería el ataque con un potente rodillazo en plexo solar del General, dejándolo instantáneamente sin aire.

HuuSaaran aprovechó ese instante de debilidad del General para tratar de huir, y justo en el momento en que trataba de alzar el vuelo, un tirón gravitacional equiparable al de dos soles tiraría de ella con brutalidad.

— No, no, no… — Susurró el General mientras se levantaba. — No escaparás de mí.

EL combate se reanudó; decenas de golpes pesados como el plomo eran intercambiados entre el General y la Holli’at. Aunque HuuSaaran era una habilidosa guerrera, el ritmo acelerado y frenético del General hacía que apenas pudiera seguirle el paso.

En un instante, HuuSaaran alcanzó a elevarse sobre el suelo; sin embargo, aquel intento de escape fue respondido por el General, quien tomó ambas piernas del recipiente y lo estrelló brutalmente contra el piso. Una vez el cuerpo de Misar se encontraba en el suelo, HuuSaaran luchaba por adaptarse a su nuevo recipiente. El General aprovechó esa oportunidad para subirse encima de él, y soltar una serie de densos golpes.

El General, viendo que el recipiente de HuuSaaran estaba al límite, detuvo la lluvia de golpes que se cernía sobre Misar y se detuvo a recuperar el aliento mientras veía desde arriba aquella mirada cian que lo desafiaba desde el suelo.

— Eres… muy resistente… — Dijo entre jadeos. — Me has fascinado HuuSaaran, pero no puedo dejar que esto continúe así.

Las pupilas del general se encendieron en un naranja ígneo.

El General alzó sus brazos y una singularidad empezó a formarse entre sus dos palmas y un disco de acreción empezó a tomar forma a partir de los escombros de las instalaciones.

— Es hora de dormir, HuuSaaran.

La Holli’at sabía que aquel instante era un momento crítico. Si dejaba que ese poderoso ataque impacte a su recipiente, perdería el control sobre el cuerpo y volvería a quedar en la merced del Imperio. No podía permitir que eso sucediera.

HuuSaaran, desesperada, empezó a indagar en la mente de su nuevo anfitrión, buscando cualquier cosa que pudiera ser útil. Navegó entre recuerdos, sueños y conocimientos que Misar había adquirido a lo largo de los años, pero nada que le permitiera usar el Huuer.




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