El Silencio de las Estrellas

Capítulo 7

Después de una hora de haber perdido la consciencia en los aires, el recipiente de HuuSaaran recobró la consciencia. Misar, quien ahora se encontraba atado a una mesa con yugos y esposas, confundido alcanzó a divisar a la figura de un hombre rubio sentado en la oscuridad de la habitación.

— ¿Dó-Dónde estoy? ¿Quién se supone que eres? — Preguntó Misar mientras sus pupilas se movían de un lado a otro.

La silueta portentosa del fondo se puso de pie, y se acercó lentamente hasta donde estaba Misar, permitiendo que la lámpara colgante del techo lo iluminara lo suficiente como para distinguir sus marcados rasgos.

— Misar, ¿no es así? — Preguntó Julian.

— ¿E-Eres del Imperio? — Preguntó con un débil temor mientras trataba torpemente de levantar su cabeza.

— No... no soy del Imperio.

— Gracias al cielo... — Respondió con alivio mientras su vista oscilaba como un péndulo — Entonces... ¿quién eres?

—Mi nombre es Julian Dorma. Soy el capitán de Crimson Cross y... — Suspiró. — El hombre responsable de lo que te pasó en KayCor.

— ¿Lo que me pasó en KayCor? ¿A qué te refieres?

— Me refiero a tu "muerte"— Flashbacks de lo sucedido empezaron a inundar la mente de Misar. — Y tu ascensión.

Misar finalmente pudo erguir un poco la cabeza.

— ¿Mi-Mi muerte? ¿De qué hablas? — Preguntó con inquietud mientras su mente iba liberándose del letargo poco a poco. — Cierto... ¿Mi brazo? ¿Mamá? ¿Dónde mierda estoy? ¡¿Por qué estoy atado?! — Misar empezó a forcejear con las ataduras.

— Tranquilo, Misar. Créeme, si te quisiera herir, ya lo hubiera hecho. Necesito que te calmes y entiendas lo que pasará.

Nada de aquella situación encajaba en la mente de Misar, aun estando bajo los efectos del letargo simbiótico, su mente se encontraba lo suficientemente clara como para saber que algo andaba mal. Las preocupaciones que dejó atrás en el momento en el que HuuSaaran se introdujo en su cuerpo empezaron a bombardear su mente de golpe; la deuda de su madre, el robo de la mercancía, el caos en el Centro de Investigación, todos esos hechos que parecían ser el resultado de un sueño febril empezaron a revelarse como una triste realidad para Misar.

— ¿Qué demonios quieres de mí? ¿Vick te envió? — Inquirió con temor.

— Escúchame atentamente, Misar. Escucha detenidamente cada palabra que te voy a decir. — Julian tomó una de las sillas de la habitación y la arrastró hasta al lado de la mesa donde Misar se encontraba atado y se sentó. — Por alguna razón que desconocemos, al momento en el que fuiste a tomar la foto, el General Ghaarnam se percató de tu intrusión y logró entrar a la sala de incubadoras a través de un agujero en el techo. Después de eso, moriste.

El rostro de Misar se congeló en una expresión de pavor. No daba crédito a lo que escuchaba.

— Estás mintiendo, es mentira.... — Respondió Misar clavando una mirada de incredulidad y conmoción en los ojos celestes del capitán.

— Sin embargo, como te darás cuenta… no fue así. — Se recostó en el respaldar de la silla y rio. — El paquete al que tenías que tomar la foto no era un "algo", sino más bien un "alguien". Dentro de esa cámara criogénica había una Holli'at, otra facción de los steinspinnen a parte de los Hak’Zel. Aparentemente, esta Holli’at buscó refugio del General en tu cuerpo, provocando la simbiosis de una forma que desconocemos.

— ¿Simbiosis? Pero si ni siquiera soy cordonante, estás mintiendo... ¡¿Qué demonios pasó en realidad?! — Misar, ahora totalmente consciente, arremetía con preguntas y movimientos bruscos debajo de los yugos.

— Es la verdad, Misar. Ahora… ahora eres un Maratori.

Tal afirmación cayó como un pesado yunque sobre la cabeza de Misar. No podía creer ni una sola palabra de aquel desconocido, sin embargo, muy en sus adentros sabía que era cierto.

No comprendía el por qué o el cómo, pero si era cierto lo que aquel hombre rubio decía, el Imperio habría estado mintiendo a toda la galaxia.

El discurso que se promovió durante toda la historia imperial siempre fue el mismo: Los Hak'Zel eran una facción benevolente que huía de una dictadura impuesta por otra facción de su misma raza — los Steinspinnen— en su planeta originario. Ellos se habían proclamado como el equivalente "humano" a su contexto y, aunque siempre hubo dudas acerca de la autenticidad de esta historia y algunos detalles de la especie Steinspinnen — como su forma de reproducción, su cultura, sus creencias, etc. — los ahora Maratoris se limitaban a responder que todo eso era un secreto celosamente resguardado por ellos.

Con el paso del tiempo y el aumento de la brecha entre no-cordonantes y cordonantes, el imperio consideró innecesario tan siquiera dar explicaciones a seres "inferiores", por lo que todo lo relacionado al imperio, los Hak'Zel y la nueva raza simbiótica, era contado de forma inexacta.

Lo que en realidad pasó tantos siglos atrás era en realidad muy distinto a lo que se contaba.

La revelación de este hecho fue seguida por un denso silencio. Misar trataba de creer todo lo que Julian había dicho, haciendo un esfuerzo sobrehumano para comprender ese relato casi de fábula.

— Bueno… Julian, ¿no es así? Digamos que es cierto todo esto que me estás diciendo. ¡Eso no explica el por qué estoy atado ni el cómo llegué a esta maldita mesa!

Julian se puso muy serio.

— No sabemos tus intenciones, o la estabilidad mental de la Holli’at que reside en ti. Por lo que no me gustaría dejarte libre y poner en riesgo a todos los que estamos en esta nave.

— ¿Todos? ¿Cuáles "todos"?

Se abrió una compuerta de metal en la parte izquierda de la habitación, revelando a los otros tres miembros de

— Jum, ya veo... Así que no eres un viejo fetichista que secuestra jovencitos por ahí. — Bromeó—. ¿Quiénes se supone son ustedes?

—Antes de las presentaciones, necesito que tomes este brazalete y te lo pongas. Puede que te duela un poco al momento de ponértelo, pero es necesario. — Julian escarbó en sus bolsillos y sacó un brazalete niquelado de unos tres centímetros de grosor. — Es un brazalete inhibidor. Hará que sigas siendo tú sin importar qué. Aunque la Holli’at que se encuentra en tu interior no es “mala”, no sabemos el estado de su condición mental después de todo lo que vivió en el cautiverio del Imperio.




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