El Silencio de las Estrellas

Capítulo 8

La ejecución de Gala fue un triste recordatorio para toda la población del planeta Basalto. Un recordatorio de lo grande que era la distancia entre los no-cordonantes y los Maratori., y de la crueldad implacable del Imperio. Todas las casas permanecieron en silencio esa noche, y ningún obrero o mercader se atrevió a comentar ni una sola palabra de lo ocurrido. Cada no-cordonante vivía con la incerteza de lo que depararía el futuro para ellos una vez su mano de obra fuera remplazada por mecanismos autónomos y ya no signifiquen ningún tipo de beneficio para el Imperio.

En la historia del Imperio, la humanidad no-cordonante trató de sublevarse más de siete veces. Sin embargo, todos esos intentos de liberación terminaron en la brutal masacre de todos los “revolucionarios” que tan solo buscaban libertad y justicia. Con el tiempo, el miedo erosionó el espíritu humano de los no-cordonantes, quienes se limitaron a vivir humillados bajo la sombra de esos entes desalmados que se erigían sobre ellos como dioses castigadores.

Después de la dantesca transmisión, una notificación de parte del palacio real del Emperador notificaría al General que el máximo regente del Imperio se encontraba listo para tener una reunión con él.

El cuerpo de Gala fue retirado de inmediato de la tienda de campaña donde se había llevado a cabo la transmisión, y fue echado a las afueras como si de un animal muerto se tratara. En el interior de esta sala de reuniones improvisadas, las luces se apagaron de un momento a otro y todos los no-cordonantes se retiraron del lugar, dejando solo al General y a su escuadra de escoltas.

Un atril metálico fue ubicado en uno de los extremos de la habitación, y todos los presentes — exceptuando el General — se postraron delante de él.

De repente, del atril salió un haz de luz holográfico, dejando ver una figura tapada con un velo imponentemente sentada sobre un trono en la oscuridad. Los escoltas, aun siendo Maratoris, contuvieron la respiración tensamente por un segundo.

— ¿Ahora si podrás explicarme lo sucedido, Fauces? — Preguntó tajantemente la misteriosa figura.

— Es de mala educación no saludar a sus súbditos, ¿no cree, Emperador? — Dijo el General con irreverencia.

El General era el único de pie viendo directamente a la proyección.

— No estoy para juegos. Dime qué sucedió.

El General dio la vuelta y caminó a lo largo de la sala con las manos entrelazadas atrás.

— Pues… Al parecer Dorma quiso hacer un pequeño intento de filtración de información de las instalaciones mandando a un mocoso a tomar fotografía de cierto paquete del CIBK. Cortó el flujo eléctrico y quemó todos los sensores de seguridad con un PEM.

— ¿Qué quería ver?

Una vez llegado al extremo de la habitación, el General dio media vuelta y encaró abruptamente.

— Usted sabe muy bien qué quería ver.

La habitación quedó en silencio por un instante.

— Ya veo… Supongo que te encargaste del intruso de la forma más limpia posible, ¿no es así, Fauces? Fue por eso que te encargué a ti el aseguramiento de esta operación, ¿recuerdas?

— Pasó un imprevisto, Emperador. El corte provocó un fallo en la cámara de criogenización de HuuSaaran, lo que ocasionó que se liberara del letargo y tuviera que contenerla yo mismo.

— ¿Por qué tu subordinada no mencionó eso en el reporte? — El Emperador sujetó los reposabrazos del trono con fuerza.

Un escalofrío invadió la espalda de la escolta Ivy.

— Yo se lo pedí… Como sea, eso ni siquiera es lo más importante de la noche. HuuSaaran no fue un problema para mí, obviamente. Sin embargo, intentando escapar del gas de selenio, se introdujo dentro del cuerpo del mocoso que Dorma había mandado a tomar la foto. — Dijo el General mientras se paseaba por la habitación con una postura de confianza.

El Emperador guardó silencio esperando que el General continuara.

— Al parecer el mocoso pudo lograr la simbiosis con HuuSaaran y terminó escapando.

— ¡¿Qué?! ¡Dejaste que escapara! — El tono del Emperador cambió radicalmente. — Explícate, Ghaarnam.

Ghaarnam se detuvo en seco de espaldas y miró sobre el hombro a la proyección holográfica.

— Escapó por que quise que así fuera.

La mirada ígnea del General se clavó en la silueta, de la cual ahora podían distinguirse dos lumbreras naranjas que observaban con furia a Ghaarnam a través del velo oscuro que lo cubría.

De repente, el General abandonó su postura desafiante y volvió su cuerpo completo hacia la proyección.

— Tengo algo planeado, Emperador. Thaarn no es la única que puede pensar en el Imperio, ¿sabía?

La atmósfera se llenó de una tensa aura de hostilidad entre las dos figuras interlocutoras.

— No lo arruines, Ghaarnam. Hay cosas en juego que tú ni siquiera entiendes.

El General caminó a lo largo de la sala y se apoyó en una de las paredes de la habitación.

— Me temo que sí lo entiendo. Pero no se preocupe, Emperador. Velaré por sus intereses y por los de la casa Von Doriak, como siempre lo he hecho. Siempre y cuando sea yo el único encargado de este caso. — El General se encogió de hombros. — ¿No cree, Emperador?

— ¿Me impones condiciones? — Preguntó el Emperador y guardó silencio—. De acuerdo, Ghaarnam, se te hará como deseas.

El General sonrió.

— Muchas gracias por su bondad, gran Emperador Gheerios. — Dijo Ghaarnam con sarcasmo mientras se acercaba al atril para hacer una reverencia.

— Espero resultados inmediatos, o dejaré de ser tan paciente con tus irreverencias como lo he sido.

La transmisión terminó, y el semblante del General se transformó totalmente.

Un par de segundos después de finalizada la transmisión, los escoltas se levantaron temerosos del suelo, guardando un silencio sepulcral.

El General daba la espalda a sus escoltas, con una mirada colérica perdida en los detalles de fundición del atril mientras hacía crujir sus guantes de acero




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