El Silencio de las Estrellas

Capítulo 9

Después de escapar de las Fauces del Imperio, los miembros de Crimson Cross estuvieron navegando sin rumbo por la bastedad del espacio durante aproximadamente un día. Finalmente, cuando tuvieron la certeza de que habían perdido todo rastro del Imperio, fijaron un nuevo destino: el planeta Rool.

El planeta Rool era uno de los múltiples planetas que se encontraban en los sistemas fronteras entre los territorios gobernados directamente por los Maratori y los territorios gobernados por los Kikior, una raza aliada de los Maratori. Aunque los Kikior eran súbditos directos de los Maratori, estos operaban más como un estado independiente, teniendo libertad de creencia y de gobierno, siempre y cuando estos siguieran tributando al Imperio y sirviéndoles como aliados indiscutibles ante cualquier enfrentamiento bélico.

Rool era un planeta un poco más grande que Basalto, teniendo casi la misma gravedad de la Tierra. Estaba cubierto principalmente por densa vegetación y cuerpos de agua. No había una organización política definida. Existían muchísimas regiones con sus gobiernos autónomos cada una. Tenían un modelo autosustentable de generación de recursos. Y aunque existían ciertas diferencias entre algunos de sus gobiernos, mantenían una comunión pacífica sin intervenir ninguno en los asuntos del otro. Rool no generaba un interés inmediato en el Imperio, pues había muchísimos otros planetas con las mismas características, pero muchísimo más cerca de Pylos, por lo que se podía decir que la presencia del Imperio era más bien nula, puesto a que solo se hacían presentes cada dos años para el cobro de Impuestos — los cuales eran muchísimos más bajos—.

En el ecuador del planeta, en una región llamada Dul’Var, se encontraba la “sede” de Crimson Cross y la mayoría de los opositores del Imperio. La naturaleza apolítica del planeta lo convirtió en el destino predilecto de todos aquellos que buscaban la paz que no se encontraba en los territorios del Imperio.

Después de un trayecto relativamente corto, en el que el crujir del fuselaje era el único ruido que se escuchaba, los miembros de Crimson Cross llegaron a Rool.

Misar, quien era asediado por una tempestad de emociones y pensamientos, no pudo evitar expectación y cierta fascinación inocente al experimentar, por primera vez en su vida, lo que era fundirse con el basto cielo.

Tan pronto la nave de Crimson Cross entró a la órbita del planeta, una estela anaranjada de calor y sedimentos se coaguló alrededor del fuselaje. Desde la atmósfera se alcanzaba a distinguir los detalles geográficos de Rool; tanto sus cordilleras, las pequeñas y modestas civilizaciones, así como las riveras y ríos aledaños a Dul’Var.

Finalmente, la nave se estabilizó y desaceleró para aterrizar. Posándose lentamente sobre una gran plataforma verde que sobresalía de un grueso pasto verde, rodeado de filas y filas de pequeñas edificaciones que no superaban los dos pisos de altura. Tan pronto cesó el estruendo de los motores de la nave, un sinnúmero de pintorescas personas salió de las pequeñas edificaciones, conglomerándose alrededor de la plataforma.

— ¡Regresaron! — Gritaba un pequeño niño mientras corría a toda velocidad a la plataforma.

La compuerta trasera de la nave se abrió con un retumbar metálico, dejando ver a los tripulantes.

Los miembros de Crimson Cross bajaron con calma por la pasarela, recibiendo y devolviendo los saludos de la multitud. Abajo, una jovencita recibiría con un abrazo efusivo a Paul y a Olaya, cuyos semblantes mostraban un profundo abatimiento.

— ¡Ish’mari vuk deren! ¡Estoy tan feliz de que hayan vuelto! ¿Cómo les fue? ¡Cuénteme todo! ¿A cuántos bichos del Imperio mataron? — Dijo la jovencita mientras todavía se encontraba fundida en el abrazo.

Olaya y Paul devolvieron el abrazo, y Olaya rio.

— Tranquila, xenófoba. Déjanos llegar. — Respondió Olaya entre risas.

La jovencita se despegó enseguida de los mellizos.

— Al menos me trajeron algo, ¿no es así? — Preguntó mientras su rostro luchaba por levantar una ceja.

— Claro… ¿Cómo olvidarme de mi admiradora número uno? — Dijo Paul con una sonrisa pícara mientras hurgaba en el bolso de cuero que cargaba en su mano izquierda.

Paul sacó un estuche con cuatro cartuchos de EIN. La jovencita arranchó el estuche de la mano de Paul, y su rostro se iluminó.

— ¡No puede ser! ¿Son los EIN de la edición doceava de Kandrix? ¡Eres el mejor Paul! — Se abalanzó a abrazar a Paul.

La jovencita dio media vuelta y salió corriendo hacia un grupo de jóvenes que también se encontraban recibiendo a los recién llegados.

— ¿Estás seguro que es bueno traerle esas cosas a Shura? He escuchado que la gente pierde neuronas cada vez que los usan, y no estoy segura de que ella tenga muchas. — Bromeó Olaya.

— No pasa nada. Cuando yo tenía su edad me escondía debajo de los árboles a fumar la sabia de los árboles de Riso. No le pasará nada. — Dijo Paul antes de dar un pequeño golpecito a Olaya y continuar con su camino.

Todos los miembros de Crimson Cross fueron recibidos efusivamente por la gente de Dul’Var. Idaho, quien era nativo del planeta, fue recibido por sus padres; Julian y Nima fueron recibidos por la familia de Shura, con quienes vivían desde hace tiempo. Todos encontraron brazos abiertos y cariño al llegar a Dul’Var, el lugar al que podían llamar sin dudas su hogar. Sin embargo, Misar se halló desolado y vacío. Con un sentimiento de extrañeza que resonaba en lo más profundo de su alma. Algunos nativos lo vieron con desconcierto, pero estaban tan emocionados con el regreso de Crimson Cross que ni si quiera le dieron importancia.

Misar observaba el escenario desde el fondo oscuro de la compuerta de la nave. Todos llevaban algún equipaje, algo que indicará pertenencia. Misar, quien no tenía consigo nada más que tristeza y remordimiento, bajó con paso lento por la pasarela. No tomó ningún equipaje, pues no tenía nada. Ni siquiera lo que cargaba; pues vestía con un pantalón de gabardina de Julian y una camiseta blanca que era usada como forro de almohada. Sin duda, aquello no le pertenecía. Ni siquiera él se pertenecía a sí mismo.




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