El Silencio de las Estrellas

Capítulo 11

La semana de Misar transcurrió de una forma distinta. Ahora, en lugar de empecinarse en realizar labores sociales con la comunidad de Dul’Var, podía enfocarse en su crecimiento como Maratori. A pesar de no ver resultados inmediatos, el ya estar haciendo algo con aquel don que había recibido le daba la sensación de dirección.

Durante esas nubladas tardes en el valle, su mente divagaba entre las lecciones de Julian y vagos recuerdos de su vida en Basalto. Aunque no trataba de darle especial importancia a aquellos días en el planeta minero, no podía evitar sentir una pesadez en el pecho cuando recordaba las arduas jornadas arremetiendo en contra de la piedra y la gravilla.

No tardó en aprender a elevarse. Luego, pudo lograr pequeños vuelos sin control. Aunque minúscula, aquellas pequeñas “recompensas” lo motivaban a seguir. Sin embargo, a la mitad de la segunda semana desde que empezó a ir al valle, su progreso se estancó.

Misar había llevado toda la tarde tratando de practicar el mantenerse en el aire por más de diez segundos — su límite para ese entonces —. No obstante, se mantuvo estancado en ese tiempo, sin mejora alguna.

Antes de la puesta del sol, el retumbar de un motor de plasma advirtió que alguien se acercaba. De repente, Idaho salió de entre los frondosos árboles montado en un precioso aeromotor púrpura.

— ¿Y bien? ¿Cómo va ese entrenamiento?

— De la mierda. — Respondió Misar sin aliento desde el suelo.

Idaho se bajó del aeromotor.

— Wow, ¿por qué la agresividad? — Preguntó a son de regaño.

Misar se sentó en el suelo y guardó silencio por un instante.

— Por nada. Hoy no ha sido un buen día. ¿Me ayudas? — Preguntó Misar mientras extendía la mano desde el verdoso suelo.

— Seguro.

Idaho lo ayudó a levantarse.

— ¿Qué te trae por aquí? Seré curioso.

— Julian me pidió que te venga a ver. Algo surgió en Dul’Var y te solicitan.

— ¿Solicitarme? ¿A mí? — Preguntó Misar extrañado.

Idaho subió al aeromotor con prosa.

— Sip, a ti. No conozco los detalles, pero supongo que ha de ser una de tus primeras misiones. ¿Te subes?

Misar siguió el paso cojeando a Idaho y se montó al aeromotor.

— ¿Cómo que misiones? ¿Ustedes también hacían misiones?

Idaho arrancó el aeromotor y arrancó, adentrándolos nuevamente en el frondoso bosque entre el valle y el socavón de Dul’Var.

— ¿Hacíamos? — Rio. — Todavía hacemos. Nos debemos a esa ciudad y a su gente. Y aunque existe una institución encargada del control y ese tipo de mierdas, hay ciertas situaciones que no pueden abordar. Por lo que nos la piden a nosotros.

— Okay. Así que, ¿pelearé con alguien? — El rostro de Misar se iluminó.

— Jaja, claro que sí. Pelearás con toda una banda de malvados insectos come cerebros.

— ¡¿En serio?! — Preguntó con ilusa emoción.

Idaho soltó una pequeña carcajada.

— Mierda… Por supuesto que no. Probablemente ayudes a encontrar un gardio o algo así.

Misar se decepcionó e hizo un leve puchero.

— Pensé que sería algo más… ya sabes. Interesante.

— ¿Quién te ha dicho que encontrar gardios no es interesante? Esos pequeños peludos son un dolor de cabeza cuando huyen de la casa de sus amos. Son muy escurridizos y te arañan cuando estas a punto de atraparlos. Es como cazar a alguien o una mierda así.

— Te gusta mucho la palabra “mierda”, ¿no es así?

— Algo así.

Se escabulleron y esquivaron los inacabables árboles del bosque, hasta que finalmente llegaron a la entrada del socavón. Ahí, Julian se encontraba reunido con un par de uniformados y un señor de bastón y atuendo formal de una edad avanzada, con un bigote blanco que destacaba sobre su quemado rostro.

Idaho desaceleró y estacionó cerca de la reunión.

Misar bajó del aeromotor y se acercó con timidez a la reunión, por pura curiosidad.

— Por fin llegaron. — Dijo Julian mientras tomaba del brazo a Misar. — Sr. Loray, este es Misar Kairos, el jovencito del que le hable.

— E-Encantado. — Saludó con timidez Misar mientras hacía una pequeña venia.

El Sr. Lorai se quedó viendo fijamente a Misar sin gesticular palabra. Cuando de repente se acercó lentamente a él y lo posó su mano en el hombro de Misar.

— ¿Puedo confiar mi vida y la de mi gente en ti, jovencito? — Preguntó con una expresión muy seria.

Misar creyó haber escuchado mal.

— ¿Claro? — Respondió Misar, esperando lo mejor.

El Sr. Lorai quito detenidamente la mano del hombro de Misar y acomodó su sombrero negruzco.

— No estoy seguro de esto, Sr. Dorma. No es que no confíe en usted, solo que no creo que haya entendido totalmente la gravedad del asunto.

Misar seguía sin entender nada.

Julina rodeó el cuello de Misar con su brazo con una sonrisa llena de confianza.

— Créame que si entiendo la gravedad de este asunto. Y es por eso que le recomendé encargarle este trabajo a este muchacho. Aunque todavía sea un poco inexperto, va a ir con mis más confiables agentes. Esta operación está en buenas manos.

El anciano estrechó la mano de Julian y terminó por aceptar las condiciones del trabajo, sin embargo, la expresión de incerteza y preocupación no abandonó su rostro en ningún momento.

— Idaho, acompaña a Misar a preparar su equipaje para la misión. Yo acompañaré al Sr. Loray a su hotel.

— Entendido.

Idaho y Misar fueron hacia la residencia de Shulim, esquivando los aeromotores que rondaban las avenidas y las lianas de alumbrado. En el camino, Misar no pudo evitar interrogar a Idaho acerca de qué demonios había sido eso.

— Oye, ¿qué fue eso? — Preguntó Misar desde la parte trasera del aeromotor.

— Tu primera misión.

— Eso sí entiendo. Me refiero a de qué se trata.

— Escolte y protección. — Respondió Idaho cortantemente.

— Oh, vaya. Así que sí sabías de qué se trataba, ¿no es así?

— Puede ser.

Finalmente, llegaron a la residencia de Shulim. Ahí, Shura les abrió la puerta sin despegar la mirada de su interfaz holográfica.




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