Llega a la puerta de su curso emocionado y calmado, sabiendo que la chica de esa mañana no la volvería a ver. Se para frente a la puerta, toma aire y entra. Un silencio que aturde; las miradas lo siguen hasta que se para frente al pizarrón. Su profesor le da paso para que se presente. Habla calmado y tranquilo mientras todos, atentos, lo observan sin mover un músculo. La tortura de presentarse había terminado.
Todos comienzan a hablar de él, ya que es el nuevo. Él se abre paso entre las miradas incómodas tratando de hacerse invisible. Llega hasta los últimos bancos de la última fila del curso y nota que el segundo, al lado de la ventana, estaba solo —al igual que todos los de su alrededor. No le da mucha importancia y se acomoda en el asiento junto a la ventana. Trata de dirigir su mirada hacia el frente, pero le cuesta, ya que todos lo observan con curiosidad y comienzan a susurrar. Se siente inquieto por no poder entender lo que dicen, pero tiene la sensación de que hablan de él.
Todos se callan al escuchar que la puerta del curso se abre bruscamente. Giran para ver quién entra, y al reconocerla, se voltean para ignorarla mientras los susurros vuelven a escucharse: palabras incómodas e inquietantes. Ella se acerca despacio hasta donde él está y dice en un tono agitado y bajo:
—E-Estás en mi banco.
Joan levanta la cabeza para ver quién le habla y ve a una chica mojada; el pelo corto le tapa los ojos. Ella sacude la cabeza con movimientos torpes, salpicando todo a su alrededor, y trata de acomodárselo, dejando al descubierto sus ojos. Joan la mira y la reconoce rápidamente: era la misma chica de esa mañana, pero esta vez tenía una mirada fría, sus ojos no brillaban como antes. Al ver que no responde, ella le repite:
—¿Te puedes levantar? Este es mi asiento.
Lo dijo con dureza, como si leyera un guion, como si estuviera acostumbrada a que la obedecieran.
—¿Ah? Sí, perdón, no sabía.
Él se levanta junto con sus cosas y se sienta a su lado. Entre los murmullos de sus compañeros alcanza a escuchar un "gracias" —suave, tímido y cálido. Él la mira, pero no parece que haya sido ella quien lo dijo, así que le sonríe; ella le responde con una mirada de repudio, como si le hubiera molestado. Él se pone incómodo y gira la cabeza hacia el frente.
En la hora de receso, se levanta y se para frente a ella, la mira por unos segundos hasta ponerla incómoda.
—¿Qué necesitas?
—Eres... No, ¿tú estabas esta mañana con un perrito, verdad? Le diste tu paraguas y por eso llegaste toda mojada.
Ella se asombra al escuchar eso y se pone incómoda.
—¿Eres el pervertido que me estaba observando?
—¿Pervertido? Solo me gustó tu voz.
Ella comienza a escuchar cómo todos hablan de ambos, oyendo entre las palabras:
—No sabe con quién se mete.
—Es el nuevo, que alguien lo salve.
—No te acerques a ella, chico.
Esas frases que para algunos no tenían importancia, en su mente pesaban mucho y la entristecían.
—Soy Joan, un gusto.
Él estira su mano para saludarla, pero solo recibe silencio; ella lo mira como si estuviera perdida en sus pensamientos.
—Emm... Tienes que agarrar mi mano y sacudirla.
Ella sigue observándolo. Joan le toma la mano suavemente, como si intentara agarrar el aire, tratando de que la salude.
—¿Ves? ¿No era tan difícil, eh?
Todos se asombran al ver que la tocó. Ella comienza a mirar sus manos y a respirar con dificultad, como si la estuvieran asfixiando. Grita y saca su mano bruscamente, golpeando la de él, y huye del salón corriendo, dejando a Joan confuso. De pronto, alguien golpea su hombro:
—Hey, chico, chico, se nota que eres el nuevo.
—¿Eh?
Él se da vuelta y se encuentra con su compañero.
—Soy Nicolás, dime Nico.
Y una chica aparece detrás de él:
—Yo soy Nicól, su hermana gemela. ¡Un gusto!
Él los saluda a ambos.
—Fue muy valiente intentarlo y tierno acercarse a ella, pero será mejor que no lo hagas. Mi hermano lo intentó y fue golpeado varias veces.
Él se asombra al oír esas palabras, y lo desalientan un poco.
—¿Serías mi amigo?
Pregunta Nicolás con una sonrisa que resumía toda su alegría y esperanza en un solo gesto.
—¿Acaso tenemos cinco años?
—No le hagas caso al tonto de mi hermano. Dijiste que no eras de aquí, ¿no? Bueno, mi hermano y yo te daremos un tour por la escuela para que la conozcas.
Ella y Nico lo llevan a la fuerza a recorrer el colegio. Joan esperó volver a encontrarla para disculparse por haberla tomado de las manos sin permiso, pero no volvió al curso en todo el día.
Alex M. Martínez.