El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El Heraldo

Capítulo 13:

El fuego azul chisporroteaba débilmente, iluminando los muros húmedos de la mansión. Kael permanecía en silencio, observando la llama como si en ella se encontrara un recuerdo que no deseaba invocar.

Eira lo miraba con desconfianza. No bajó la daga, aunque el cansancio le pesaba en los brazos.
—Dijiste que eres un heraldo… ¿Qué significa eso?

Kael levantó la vista. Sus ojos, helados y melancólicos, parecían ver más allá de ella.
—Hace siglos, antes de que las estaciones se quebraran, existía un pacto entre nuestra estirpe y las fuerzas que gobiernan este mundo. Los heraldos éramos guardianes, voces del invierno, encargados de mantener el equilibrio.

Eira frunció el ceño.
—¿Y qué ocurrió?

Una sombra oscura cruzó el rostro del hombre.
—Ocurrió la traición. Una de las hijas del invierno rompió el ciclo. Creyó que podía adueñarse del poder de todas las estaciones. El resultado fue la fractura del tiempo y el surgimiento de lo que ahora conoces como este invierno interminable.

Eira sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Quieres decir… que fue alguien como yo?

Kael la miró intensamente.
—No como tú. Sino tu propia sangre. Tu linaje, Eira, no solo es heredero de la magia. También es culpable de la maldición que devora este mundo.

El silencio pesó como una losa. Afuera, el viento golpeaba las ventanas con furia.

Eira retrocedió un paso, temblando.
—Estás diciendo que… mi familia condenó a todos.

Kael asintió lentamente.
—Y tú eres la primera en generaciones que puede romper ese destino. O perpetuarlo.

La daga en las manos de Eira brilló con un resplandor helado, como si reaccionara a aquellas palabras. Ella apretó los labios, conteniendo las lágrimas. Todo en su interior gritaba que no debía confiar en ese hombre, pero las piezas del rompecabezas empezaban a encajar de una forma aterradora.

Kael apagó la antorcha azul y su voz se tornó grave.
—Por eso vine a ti. Porque no eres solo la última hija del invierno… eres la clave del final.

La respiración de Eira se aceleró. El eco de esas palabras la atravesó como un puñal.

En ese instante, las paredes de la mansión temblaron. Algo más, algo antiguo, había escuchado la revelación. Y estaba despertando.




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