El silencio de los Olvidados 2 los hijos del hielo

El eco del guardian perdido

Capítulo 19

El refugio parecía más sombrío después de la revelación de Darian. Aunque las llamas blancas seguían ardiendo, la tensión entre los presentes era un peso invisible que llenaba la sala. Eira no lograba quitarse de la mente las palabras: llave o muro.

Kael fue el primero en romper el silencio.
—No podemos quedarnos aquí. Los Exiliados avanzan, y cada día que pasa, más pueblos caen bajo su sombra. Si Darian dice la verdad, debemos hallar a los otros descendientes antes de que sea demasiado tarde.

Darian asintió lentamente, apoyándose en su bastón ennegrecido.
—Uno de ellos aún vive… aunque su paradero es incierto. Lo llaman el Guardián Perdido. Desapareció tras la caída del Bastión del Norte, y algunos dicen que fue corrompido por la escarcha.

Liora frunció el ceño, insegura.
—¿Y si es cierto? ¿Y si lo encontramos y se ha convertido en enemigo?

—Entonces tendremos que decidir —respondió Eira con una firmeza inesperada—. Pero no podemos darnos el lujo de ignorar a un posible aliado.

El eco de sus palabras resonó en la cámara, y por un momento, incluso Liora guardó silencio.

Kael extendió el mapa sobre el altar, marcando con carbón un círculo en el extremo norte.
—El último rastro del Guardián Perdido apunta a las ruinas de Skaden, la ciudad helada. Si sigue con vida, será allí donde lo encontremos.

Un escalofrío recorrió a Eira. Había oído historias de Skaden desde niña: torres congeladas en mitad de un mar de hielo, ecos de voces atrapadas en los cristales, y sombras que caminaban en los muros abandonados. Nadie regresaba de allí.

Darian cerró los ojos, como si luchara con un recuerdo doloroso.
—Skaden no es un lugar… es una herida. Si vais allí, enfrentaréis más que a los Exiliados. Los propios recuerdos del hielo tratarán de quebrar vuestra mente.

Eira levantó el rostro, decidida.
—Entonces no iremos a escondernos. Si la profecía me coloca entre llave y muro, debo conocer todas las piezas de este destino, aunque eso signifique enfrentar la oscuridad que otros temen.

El anciano la observó en silencio, y por primera vez, un destello de respeto brilló en sus ojos cansados.

Kael enrolló el mapa y lo guardó bajo su capa.
—Partiremos al amanecer.

Mientras las llamas blancas del refugio seguían ardiendo, Eira se quedó mirando el medallón. Ya no era solo un objeto heredado, sino una brújula que la llevaba directo al corazón del invierno. Y en ese instante supo que el viaje hacia Skaden no solo pondría a prueba su poder, sino también la lealtad de aquellos que caminaban a su lado.




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