El silencio del cuervo carmesí.

El renacer de la Reina Silenciosa.

Eliah gritó su nombre.
Y el mundo respondió.

Un viento oscuro barrió la caverna, empujando al Olvido Eterno hacia atrás. La figura sin rostro chilló sin voz, retrocediendo por primera vez. Eliah cayó de rodillas. Sus recuerdos parpadeaban, desordenados, rotos… pero aún suyos.

Y entonces… ella apareció.

Desde el centro del torbellino de sombras, emergió Anwen.

Pero no era la misma de antes. Su cuerpo brillaba con un aura rojo oscuro, como si el fuego y el silencio se hubieran fundido en uno solo. Su vestido ondeaba como humo vivo. En su espalda, alas hechas de luz y ceniza se abrían majestuosas.

Sus ojos eran un abismo. No mostraban dolor. Ni piedad. Solo… propósito.

—Corven… —susurró, sin necesidad de hablar. Su voz llegó directamente a la mente de Eliah.

Eliah la miró, confundido.

—Mi nombre es Eliah.

Anwen sonrió… y fue triste y aterradora a la vez.

—No. Ese fue tu escape. Tu mentira. Pero yo nunca olvidé quién eras. Siempre fuiste Corven. Siempre serás mío.

Eliah sintió un frío recorriéndole la espalda.

—Anwen, no podés…

—Shhh —lo interrumpió—. No vine a discutir. Vine a protegerte. Nadie… nadie más va a tocar tu alma.

Se giró hacia el Olvido Eterno, que avanzaba de nuevo como una marea sin rostro.

—Este eco no merece existir. Yo lo borraré. Por vos.

Y con un movimiento de su mano, el aire tembló. Miles de cuervos hechos de sombra salieron disparados desde sus alas, chocando contra la criatura. El Olvido Eterno gritó, y el mundo se fracturó.

Pero algo no estaba bien.

Ilyana, de pie con dificultad, lo notó antes que nadie.

—Eliah… no está luchando por vos. Está luchando para quedarse con vos.

Anwen volvió la vista a ella. Por un segundo, su rostro se deformó en celos.

—Vos. Siempre cerca de él. Siempre interfiriendo.

—¡No es una competencia! ¡Estamos tratando de salvar el mundo! —gritó Ilyana.

El mundo ya está perdido. Pero Corven no. A él aún puedo tenerlo.

Eliah se puso de pie.

—Anwen, yo te amé… en otra vida. Pero esta… no es aquella.

La reina silenciosa lo miró como si le acabara de romper el alma.

—Entonces… me obligás a elegir.

Eliah sintió que el poder en ella crecía. Era tan fuerte como el Olvido. Quizás incluso más. Pero su mirada ya no pedía amor.

Pedía posesión.

Eron retrocedió.

—Si Anwen y el Olvido Eterno chocan… no quedará nada.

Pero ya era tarde.

Ambos estaban listos para destruirse.

Y en el centro de todo…
Eliah, dividido entre lo que fue… y lo que quiere ser.



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En el texto hay: misterio., organización secreta, detective.

Editado: 23.08.2025

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