El silencio del cuervo carmesí.

La guerra entre lo que duele y lo que se olvida.

El cielo de la caverna ya no existía.
Solo había oscuridad.

Anwen flotaba sobre un círculo de símbolos carmesí. Sus alas se extendían como cuchillas negras. Cada vez que se movía, el aire lloraba.
El Olvido Eterno crecía como una sombra viva, con mil rostros que no eran rostros. Todo lo que lo tocaba… dejaba de existir. Rocas. Luz. Voz.

Y entre ambos…
Eliah.

—¡Anwen, basta! —gritó él—. Esto no es amor… ¡es destrucción!

Pero Anwen ya no escuchaba.
—Te voy a proteger. Aunque tenga que borrar todo lo demás.

Extendió sus manos hacia el Olvido Eterno, y un enjambre de cuervos carmesí brotó de sus dedos, chillando como almas rotas. El Olvido respondió con una oleada de niebla que contenía gritos sin origen.
Cuando ambas fuerzas chocaron, el suelo tembló. El aire se quebró.

Ilyana y Eron apenas podían mantenerse en pie.
—¡No podemos intervenir! —dijo Eron—. Son dos fuerzas primordiales. Esto… esto es como ver al pasado pelear contra el vacío.

Pero Eliah no podía quedarse quieto.

Corrió hacia Anwen, intentando acercarse, pero fue repelido por una barrera invisible. La Reina lo miró, rota y furiosa.

—¿Por qué huís de mí, Corven? ¡¡Si te di todo!! ¡¡Si morí por vos!!

—¡Yo también te perdí! —gritó Eliah—. ¡Pero esto no lo va a arreglar! ¡No quiero vivir con una sombra de lo que fuimos!

El Olvido aprovechó su distracción. Extendió un brazo gigantesco y envolvió el cuerpo de Anwen con su niebla.

Por un instante… ella gritó.

Un grito silencioso, que hizo sangrar a las piedras.
Eliah sintió algo en su interior: una chispa, un recuerdo que no era solo suyo.

Una promesa.
Una canción que Kael (su yo del pasado) le cantaba a Anwen cuando ella no podía dormir.

Cerró los ojos. Y la cantó.

Bajito. Solo para ella.

“Donde caigan las alas, yo pondré mi voz… Y si el mundo olvida, yo recordaré por los dos…”

Anwen lo escuchó. La niebla tembló.
Sus ojos se llenaron de lágrimas. La reina poderosa volvió a ser, por un instante, la chica que solo quería ser vista, amada… y no olvidada.

Con un rugido, Anwen estalló en luz carmesí, rompiendo la niebla.
Pero también se rompió a sí misma.

Eliah corrió hacia ella, atrapándola antes de que cayera.

—Lo siento —susurró Anwen, débil, con una sonrisa rota—. Yo solo quería que no me dejaras atrás…

—Nunca te dejé. Solo crecí.

Anwen cerró los ojos… y su cuerpo se disolvió en mil plumas rojas que giraron en el aire como una despedida.

El Olvido Eterno chilló con furia.
Herido. Pero no destruido.

Eliah se levantó. Las plumas giraban a su alrededor. Y en su interior, algo nuevo nacía.
No el eco de Kael.
No el grito de Corven.
Sino su verdadera voz.

—Mi nombre es Eliah. Y no voy a olvidar.



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En el texto hay: misterio., organización secreta, detective.

Editado: 23.08.2025

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