El silencio que quedó tras la desaparición de Anwen no era vacío.
Era paz. Dolorosa, sí. Pero real.
Eliah se sentó junto a un Nahl agotado. Ilyana, con una herida leve en el brazo, rompió el silencio con una voz suave.
—Lo que hiciste… fue valiente.
—Fue lo justo —respondió Eliah, mirando sus manos—. Ella no era un monstruo. Solo… alguien que amó demasiado y no supo cómo soltar.
Nahl suspiró, los ojos clavados en el techo de la caverna, donde aún flotaban algunas plumas carmesí.
—¿Entonces… ahora qué somos nosotros? —preguntó—. Ya no tengo el Silencio dentro. Ya no estoy atrapado. ¿Pero qué soy, si no soy eso?
Eron, que había permanecido en silencio desde la batalla, se acercó y extendió un pergamino antiguo. No era papel. Estaba hecho de cristal vivo, como si la historia latiera dentro.
—Lo encontré entre los restos del Valle Silente, hace años. Pero nunca pude abrirlo… hasta que ustedes aparecieron.
Eliah lo tomó. Al contacto, el cristal brilló y se desplegó en tres círculos entrelazados.
Tres nombres.
Tres símbolos.
Corven.
Arielyn.
Nahvren.
—¿Quiénes son? —preguntó Ilyana.
Eron los miró a los tres.
—Ustedes.
Eliah frunció el ceño.
—¿Estás diciendo que… ya habíamos estado juntos antes?
—Sí. Tres almas unidas por un ciclo que se repite desde el nacimiento del Silencio. No solo fuiste Corven. Ilyana fue Arielyn, la guardiana del Límite. Y Nahl fue Nahvren, el heraldo del equilibrio. Juntos... creaban la balanza entre lo que debe ser recordado y lo que debe olvidarse.
Ilyana se levantó, tocando su pecho.
—Entonces por eso... a veces sentía que ya había vivido todo esto.
—Y por eso siempre aparecemos en momentos de quiebre —dijo Nahl, asombrado—. Porque no somos enemigos. Somos la balanza.
Eliah cerró los ojos. Por primera vez, su vida tenía sentido más allá de la maldición.
No estaban solos. No eran errores.
Eran piezas esenciales.
—Y si esto es verdad… —dijo— ¿cuál es nuestra misión ahora?
Eron alzó la vista, grave.
—El Olvido Eterno aún existe. Y está buscando una nueva forma de tomar cuerpo. Solo ustedes tres… pueden cerrarle el paso para siempre.
Un nuevo símbolo apareció en el aire.
Una balanza quebrada.
Y en el centro… una sola palabra:
"Decisión."