Tras salir de las ruinas, el grupo sintió el peso de la revelación. La verdad ancestral los había marcado, y sabían que lo que venía sería aún más peligroso.
—Tenemos que estar listos —dijo Eliah mientras revisaba sus armas—. Lo que enfrentaremos no será solo físico, sino también espiritual.
Ilyana asintió, repasando antiguos conjuros de protección que había aprendido de su familia.
Nahl, siempre vigilante, escaneaba el horizonte con ojos alerta.
Anwen tomó una profunda respiración.
—La guardiana del ciclo no solo luchó contra enemigos externos —dijo—, también enfrentó traiciones y dudas internas. Debemos aprender de eso.
Mientras preparaban provisiones y fortalecían sus vínculos, una sombra acechaba en la distancia. Un nuevo enemigo, surgido de la oscuridad que el ciclo había creado, observaba cada movimiento.
En las sombras, una figura encapuchada sonrió.
—Creían que la corrección era el único peligro —murmuró—. Pero la verdadera amenaza está más cerca de lo que imaginan.
El grupo, sin saberlo, se adentraba en una red de engaños y pruebas que pondrían a prueba no solo su fuerza, sino también su confianza mutua.
El silencio del Cuervo Carmesí se hacía cada vez más profundo.