El amanecer no trajo la paz que Anwen esperaba. Aunque intentaron hablar y reconciliarse, las palabras parecían perderse entre susurros de duda y miradas esquivas.
Kael, desde la distancia, observaba cada movimiento con una sonrisa invisible.
Su plan estaba en marcha: dividir para conquistar.
Primero, hizo llegar mensajes falsos a Nahl, haciéndole creer que Eliah había ocultado información vital.
Luego, provocó una serie de pequeños accidentes que parecían errores de Eliah, aumentando la sospecha.
Ilyana comenzó a sentir que no todos compartían su mismo compromiso, y se aisló un poco, sumida en sus propios pensamientos.
Anwen, sintiendo la tensión crecer, decidió actuar.
—No podemos dejar que Kael nos destruya desde adentro —les dijo con voz firme—. Debemos enfrentarlo juntos, o perderemos todo.
Pero las dudas eran profundas, y la unidad frágil.
En la penumbra, Kael tejía su red de mentiras, disfrutando cada grieta que abría en sus corazones.
La batalla no solo era contra la Corrección ni contra el ciclo, sino contra ellos mismos.
Y mientras la noche se cerraba, la verdadera prueba estaba por comenzar.