El campamento estaba sumido en un silencio pesado tras la pelea. Las heridas en el ánimo de todos eran profundas, y la desconfianza parecía una barrera infranqueable.
Pero entonces, fue Ilyana quien rompió el silencio.
—No podemos seguir así —dijo con voz suave pero firme—. Hemos enfrentado tanto juntos como para dejarnos vencer por las dudas ahora.
Anwen la miró con gratitud, sintiendo cómo un hilo de esperanza se tejía entre ellos.
—Sé que Kael está manipulándonos —continuó Ilyana—, pero solo recuperando la confianza podremos detenerlo.
Nahl bajó la cabeza, claramente afectado.
—Quizás... quizás he dejado que el miedo me nuble la mente.
Eliah dio un paso adelante y puso una mano en el hombro de Nahl.
—No somos perfectos, pero somos fuertes cuando estamos unidos. Recordemos por qué empezamos este camino.
Anwen asintió, sintiendo renovada determinación.
—Mañana nos enfrentaremos a Kael. Pero no lo haremos como individuos divididos, sino como un equipo.
El grupo, lentamente, comenzó a sanar las grietas, encontrando en su unidad la fuerza para lo que vendrá.
Porque incluso en el silencio más profundo, siempre puede brillar una luz.