El aire se tensó al máximo cuando la voz traicionera resonó en el templo.
—No sois más que ingenuos jugando a la paz —dijo el traidor, revelándose entre las sombras.
Los ojos del grupo se posaron incrédulos sobre Nahl, quien bajó la cabeza con resignación.
—Lo siento... no podía más —murmuró—. Mi lealtad siempre estuvo con la Corrección.
Anwen sintió que el mundo se desmoronaba. La desconfianza volvió a sembrarse con fuerza, mientras Liora observaba, mezcla de sorpresa y tristeza.
Kael apretó los puños, su rostro una máscara de decepción y furia.
—La traición no solo viene de fuera —dijo con voz grave—, sino también de quienes confiamos.
Ilyana rápidamente bloqueó a Nahl mientras Eliah se preparaba para contener la situación.
—Esto no termina aquí —advirtió Anwen—. Pero ahora más que nunca debemos estar unidos, incluso con heridas abiertas.
Mientras Nahl era apartado, el grupo sintió el peso de la batalla interna, consciente de que el enemigo más peligroso podía estar muy cerca.
El silencio del Cuervo Carmesí se llenó de incertidumbre y decisión.