El traidor entre ellos había fracturado la confianza que tanto les había costado reconstruir. La atmósfera en el campamento era tensa, y cada uno luchaba por encontrar su lugar en medio de las heridas abiertas.
Anwen caminó entre sus compañeros, viendo en sus rostros el cansancio y la incertidumbre.
—No podemos permitir que esta traición nos destruya —dijo con voz firme—. Lo que hemos logrado hasta ahora es demasiado valioso.
Kael, aun con el rostro sombrío, asintió.
—La batalla final no es solo contra Liora ni contra el ciclo. Es contra nuestros propios miedos y dudas.
Mientras se preparaban para enfrentar el último desafío, Anwen recordó las palabras que les habían guiado hasta aquí: solo unidos podrían cambiar su destino.
En la noche, bajo un cielo cargado de estrellas, cada uno reflexionó sobre su camino, sus pérdidas y lo que estaba en juego.
El silencio del Cuervo Carmesí parecía envolverlos, como un susurro que les decía que el final estaba cerca.
Pero antes de que llegara ese momento, debían hacer una última elección.