Meses después de la transformación del ciclo, el mundo respiraba distinto. Las heridas antiguas comenzaban a sanar y las sombras que antes dominaban daban paso a una luz tenue pero persistente.
Anwen caminaba por el bosque que rodeaba su hogar, el Cuervo Carmesí posado sobre su hombro, símbolo de la lucha y la esperanza.
Kael, ahora un aliado y no un enemigo, ayudaba a reconstruir los lazos rotos entre las fuerzas que alguna vez estuvieron enfrentadas.
Eliah e Ilyana, unidos por experiencias y sueños compartidos, preparaban un nuevo legado para las futuras generaciones.
Aunque el silencio que rodeaba al Cuervo Carmesí nunca desapareció por completo, ahora era un silencio lleno de promesas y de historias por contar.
Porque en cada final nace un comienzo, y en cada susurro, un llamado a seguir adelante.
La historia de Anwen y su grupo se había convertido en leyenda, una inspiración para aquellos que aún creían en el poder de la unidad y la transformación.
Y mientras el sol se alzaba en el horizonte, el Cuervo Carmesí extendía sus alas, listo para volar hacia nuevos destinos.
jos, buscó en su interior… y llamó al nombre que aún ardía en su sangre:
—Anwen. Ayúdame.