El Sistema del esfuerzo

Cap 3 lección de Roberto

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# **EL SISTEMA DEL ESFUERZO**
## Capítulo 3
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**Miércoles, 5 de marzo. 6:58 a.m.**
*Temperatura: 21°C. Nublado.*
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Sonó el despertador y Mateo lo apagó de un manotazo.
Lucas gruñó algo desde la otra cama y se dio vuelta hacia la pared.
Mateo se sentó, parpadeó un par de veces y miró el cuaderno que había dejado abierto en la mesita. El calendario. Martes tenía dos ticks. Hoy era miércoles: correr, escuela, entrenamiento grupal, práctica sola.
Cuatro cosas.
Se levantó.
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El parque estaba más vacío que el día anterior. Algún jubilado caminando despacio, un perro suelto que lo miró pasar sin interés. Mateo corrió los mismos veinte minutos, la misma vuelta, más o menos el mismo ritmo. Las piernas no le pesaron tanto como el martes - o sí le pesaron igual pero ya sabía que iba a pasar, entonces no lo sorprendió.
Cuando dobló de vuelta hacia su calle, el Sistema apareció:
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> *Actividad registrada: trote, 21 minutos.*
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> *Racha actual: 2 días consecutivos.*
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> **Sugerencia - hoy es día de entrenamiento grupal:** Antes de entrar a la cancha, dedicá 5 minutos a soltar el hombro y practicar el lanzamiento del saque solo. Fijar el gesto en frío, sin presión de grupo, ayuda a que el cuerpo lo recuerde mejor durante la sesión.
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Mateo leyó eso mientras caminaba el último tramo de vuelta a casa.
Cinco minutos antes de que arrancara Daniel. Eso podía hacerlo.
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El desayuno fue rápido. Tostadas, mate, su mamá ya en movimiento con la máquina de coser encendida en el cuarto de adelante. Sofía comió al lado de él en silencio, con el cuaderno de dibujo apoyado contra el vaso de leche, dibujando algo que Mateo no alcanzó a ver bien.
-¿Qué dibujás? -preguntó.
-Un calendario -dijo Sofía, sin levantar la vista.
Mateo sonrió solo.
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**8:10 a.m. Colegio.**
Biología, Historia, Educación Física.
En Educación Física el profe armó equipos para vóley. Mateo jugó, sudó, se cayó una vez tratando de llegar a una pelota que no era de nadie, y se levantó sin drama. No era su deporte, pero correr detrás de pelotas siempre le resultaba más fácil que quedarse quieto.
En el recreo del mediodía se sentó en el mismo banco de siempre a comer. El patio estaba ruidoso, lleno de primer-día-de-semana-completo. Mateo comió despacio y pensó en el entrenamiento de la tarde.
Pensó en el lanzamiento. En la rotación del hombro. En el brazo izquierdo como contrapeso.
Pensó en cuántas veces había llegado al club sin haber pensado nada de eso - solo aparecer, agarrar la raqueta, intentar reproducir lo que Daniel mostraba, fallar, intentar de nuevo, irse sin entender bien qué había salido mal.
Quizás ese era parte del problema.
No llegaba preparado. Llegaba presente físicamente pero con la cabeza en otro lado.
Terminó el sándwich, cerró la bolsita y la guardó en la mochila.
Esta tarde iba a ser distinto.
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**4:20 p.m. Club Atlético del Barrio. Cancha 3.**
Mateo llegó diez minutos antes que los demás.
Dejó la bolsa en el banco del costado, sacó la raqueta y se paró en la línea de saque. Solo. La cancha vacía, el cielo gris de toda la mañana que todavía no había decidido si llover o no.
Cinco minutos, como había dicho el Sistema.
Practicó el lanzamiento sin golpear. La pelota subía, bajaba, él medía dónde caía. Después agregó el gesto completo - rotación, carga tardía del hombro, brazo izquierdo hacia adelante. Despacio. Sin apuro. Tres veces, cuatro, cinco.
No era un saque todavía. Era el esqueleto de un saque.
Pero lo sentía más suyo que antes.
Ezequiel llegó primero, lo vio practicando y levantó una ceja.
-¿Ya arrancaste?
-Calentando -dijo Mateo.
Ezequiel asintió y fue a dejar su bolsa. No dijo más nada.
Llegaron Renata y Bautista. Después Daniel, puntual como siempre, con la carpeta bajo el brazo y el silbato al cuello.
-Bueno. Miércoles. -Los miró a los cuatro-. Hoy trabajamos el peloteo desde el fondo y después cerramos con juego real. Quiero ver cómo están.
Calentaron diez minutos. Trote, laterales, movimientos de pies en la zona de saque. Mateo siguió la rutina sin pensar demasiado - el cuerpo ya sabía cómo hacer esto, era lo único que el cuerpo ya sabía hacer bien en una cancha de tenis.
Después, peloteo de fondo de a dos. Mateo con Renata, que tenía un nivel parejo al suyo, quizás un poco mejor en el revés.
Los primeros intercambios fueron normales. Pelota al centro, respuesta al centro, sin buscar ángulos, solo entrar en ritmo. Mateo se concentró en los pies - llegar a tiempo, preparar el golpe antes de que la pelota llegara, no improvisar en el último segundo.
Era algo en lo que el Sistema lo había hecho pensar la noche anterior, indirectamente. Si el lanzamiento del saque dependía de llegar al punto correcto *antes* del golpe, probablemente el drive también.
La pelota de Renata llegó al centro. Mateo se movió, preparó, golpeó.
Cruzada, limpia, dentro.
Renata la devolvió al revés. Mateo se corrió, preparó, golpeó.
Larga por poco.
Pero por *poco.* No por mucho.
Daniel pasó detrás de él en algún momento y se quedó observando tres o cuatro intercambios. Mateo lo sintió sin verlo - ese tipo de presencia que cambia el aire de la cancha.
No dijo nada.
Después pasó a mirar a Bautista.
El entrenamiento siguió. Cuando llegó el turno de los saques, Mateo se paró en la línea y aplicó todo lo que había estado practicando. Rotación completa, carga tardía, contrapeso con el brazo izquierdo, punto de contacto alto.
El primero fue a la red.
El segundo salió largo.
El tercero entró. No con profundidad, no con velocidad, pero entró. En el cuadro correcto, sin tocar la red, sin pasarse de línea.
Era el tipo de saque que cualquiera en ese club habría hecho sin pensar. Para Mateo fue como si hubiera clavado un tiro libre después de semanas errando.
El Sistema no dijo nada durante el entrenamiento. Solo registraba, en silencio, en ese rincón que Mateo ya había aprendido a no mirar cuando había gente cerca.
El entrenamiento terminó a las seis y cuarto. Daniel los reunió un momento.
-Bien para ser la segunda semana. -Los miró-. Quiero que esta semana piensen en los pies. El error más común que veo en todos es que llegan tarde a la pelota porque los pies arrancaron tarde. El tenis se juega antes del golpe, no durante.
Mateo casi se rió.
Ezequiel y Renata agarraron sus cosas y se fueron. Bautista desapareció como siempre, sin despedirse de nadie.
Daniel recogía pelotas del otro lado de la red.
Mateo se quedó.
-¿Vas a practicar un rato? -preguntó Daniel desde el fondo.
-Sí.
Una pausa.
-Cancha es tuya hasta las siete y media.
Y se fue.
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Mateo practicó cuarenta minutos más.
Trabajó el saque - lanzamiento, estructura, punto de contacto. Trabajó el drive desde el fondo - preparación temprana, pies primero. No mejoró todo. Pero cada tanto salía uno bueno, y cuando salía bueno podía identificar qué había hecho diferente. Eso era nuevo. Antes los buenos le salían sin saber por qué, y los malos también.
Ahora al menos podía señalar algo.
Cuando recogió las últimas pelotas, el Sistema actualizó:
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> *Sesión registrada: entrenamiento grupal + práctica autónoma, 1h 55 min total.*
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> *Misión "Punto de partida": 2/3 sesiones completadas.*
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> **Progreso técnico - Drive (derecha):** 34% → **37%**
>
> *Nota: la mejora en timing de preparación tiene impacto directo en la consistencia del drive. Seguir trabajando la anticipación de pies.*
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Tres puntos en el drive.
Mateo guardó la raqueta y salió de la cancha con la bolsa al hombro. Afuera el cielo seguía gris pero no había llovido. Hacía menos calor que los días anteriores - el otoño empezando a asomarse por las esquinas.
Caminó hacia su casa pensando en los pies.
*El tenis se juega antes del golpe, no durante.*
Daniel lo había dicho para todos. Pero Mateo lo había escuchado como si fuera para él.
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**7:50 p.m. Casa de los Herrera.**
La cena fue guiso de lentejas. Roberto había llegado tarde y comía todavía con la ropa de obra puesta, lo que significaba que había sido un día largo. Lucas contó algo del colegio que hizo reír a Sofía. Valeria no estaba - guardia en la farmacia hasta las nueve.
Mateo comió y estuvo presente, que era lo que podía hacer.
Después de cenar, mientras Lucas ayudaba a levantar la mesa por turno, Mateo sacó la raqueta y se fue al pasillo.
Esta vez no empezó con el saque.
Empezó con la muñeca.
Era algo que lo había estado molestando todo el entrenamiento sin que pudiera identificarlo bien hasta el camino de vuelta a casa: en el drive, cuando la pelota llegaba con algo de efecto o a una altura incómoda, su muñeca cedía en el impacto. No mucho - era sutil. Pero suficiente para que el golpe perdiera dirección en el último centímetro.
El Sistema, como leyéndole el pensamiento, apareció:
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> *Observación - Drive (derecha):*
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> *La muñeca actúa como bisagra involuntaria en impactos fuera del centro del swing. Esto redirige el golpe en el último momento.*
>
> **Sugerencia:** Fortalecer el agarre y la estabilidad de muñeca. Ejercicio simple: sostener la raqueta extendida al frente, muñeca firme, y hacer movimientos lentos de arriba a abajo y de lado a lado sin doblar. Tres series de veinte repeticiones. Se puede hacer en cualquier lugar, sin cancha.
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Mateo leyó eso parado en el pasillo.
Tres series de veinte. Sin cancha. En cualquier lugar.
Empezó.
Extendió el brazo con la raqueta, muñeca firme, y empezó los movimientos lentos. Arriba, abajo. Arriba, abajo. A los diez notó que la muñeca quería ceder en el punto más bajo del recorrido - era un reflejo, el cuerpo buscando aliviar la carga.
Lo resistió.
Quince. Veinte.
Pasó al lateral. Izquierda, derecha. Izquierda, derecha.
A los doce ya le temblaba un poco.
Roberto apareció en el pasillo yendo al baño, vio a Mateo con el brazo extendido y la raqueta moviéndose despacio en el aire, y se detuvo.
Lo miró unos tres segundos.
-¿Qué hacés?
-Ejercicios de muñeca.
Roberto observó el movimiento un momento más con esa concentración callada que tenía para las cosas que le importaban - la misma con la que miraba una pared antes de revocarla, midiendo algo que solo él veía.
-Más despacio todavía -dijo-. Si lo hacés rápido, el músculo no trabaja. Lo mismo que con el cemento: apurar no sirve de nada.
Mateo frenó. Hizo el movimiento más lento todavía.
Roberto asintió una vez y siguió caminando.
Mateo terminó la segunda serie.
Sofía apareció - siempre aparecía, era inevitable - con un vaso de agua que nadie le había pedido y que obviamente era una excusa para ver qué estaba pasando.
-¿Para qué es eso? -preguntó, mirando la raqueta.
-La muñeca. En el drive me cede cuando la pelota llega rara.
Sofía pensó en eso con seriedad, como si le estuvieran explicando algo de física.
-¿Y si la agarrás más fuerte?
-Si la agarrás más fuerte te cansa el brazo antes.
-Ah. -Procesó-. Entonces hay que fortalecer sin apretar.
-Exactamente.
Sofía asintió como si hubiera contribuido algo importante, dejó el vaso en el suelo al lado de Mateo y se fue.
Mateo hizo la tercera serie.
En el punto más bajo del recorrido, donde antes cedía, aguantó. Los últimos cinco repeticiones le costaron más que todas las anteriores juntas, pero los hizo.
Bajó el brazo. Le latía la muñeca.
El Sistema actualizó:
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> *Ejercicio registrado: estabilidad de muñeca, 3 series.*
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> *Este tipo de trabajo no tiene impacto inmediato visible - los resultados aparecen después de 8 a 12 sesiones de práctica en cancha. Es trabajo de base.*
>
> **Progreso técnico - Drive (derecha):** sin cambio todavía. Normal.
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Sin cambio todavía. Normal.
Mateo miró esa frase un momento.
Le gustó que el Sistema se tomara el trabajo de aclararlo. No como consuelo - como información. No iba a despertar mañana con el drive mejorado. Iba a despertar mañana con tres series de muñeca hechas, y en algún punto esas series iban a sumar algo que todavía no podía ver.
Era raro confiar en un proceso que no mostraba resultados todavía.
Pero era exactamente lo que su papá hacía cada vez que arrancaba una obra.
Agarró el vaso de agua que había dejado Sofía, tomó un trago largo y volvió a su cuarto.
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Lucas estaba en la cama con los auriculares puestos, los pies cruzados, la consola encendida. El cuarto olía a desodorante y a algo que había comido antes. Mateo se sentó en el escritorio, abrió el cuaderno y marcó el miércoles:
*Correr ✓ / Entrenamiento grupal ✓ / Práctica sola ✓ / Muñeca ✓*
Cuatro ticks.
Miró el calendario completo. Mañana era jueves - ferretería, sin entrenamiento, sin práctica obligatoria. Un día de menos.
No de cero. De menos.
Quizás la caminata de vuelta de la ferretería podía ser algo. Quizás en algún momento del día encontraba diez minutos para la muñeca. No tenía que ser un entrenamiento - tenía que ser no perder lo que había empezado.
Cerró el cuaderno.
Apagó la luz.
*Fin del Capítulo 3*



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En el texto hay: superacion, deportes, #litrpg

Editado: 05.07.2026

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