El Sistema del esfuerzo

Cap 8 cambios de ritmo

# **EL SISTEMA DEL ESFUERZO**
## Capítulo 8 — *El lado difícil*
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**Lunes, 10 de marzo. 6:55 a.m.**
*Temperatura: 20°C. Nublado.*
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El despertador sonó y Mateo lo apagó antes de que terminara el primer tono.
Nueva semana. Misión nueva.
Se sentó en el borde de la cama y antes de levantarse hizo los estiramientos en frío — ya era automático, tres días y ya era automático. Piernas, caderas, hombro derecho. Despacio, sintiendo cada músculo despertar de a poco.
Lucas gruñó desde la otra cama.
—Dejá de moverte.
—Estoy quieto.
—Se siente igual.
Mateo terminó el último estiramiento y se levantó en silencio.
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El trote del lunes era diferente al de la semana anterior. No en la distancia — seguía siendo el parque, la misma vuelta — sino en cómo lo hacía. Arrancó suave los primeros cinco minutos, dejando que el cuerpo encontrara el ritmo sin apuro. Después, en la recta larga del sendero, aceleró.
No un sprint — una aceleración controlada, dos minutos a un ritmo que le cortaba un poco más la respiración. Después volvió al trote suave. Después aceleró de nuevo.
Tres series.
Para el tercer cambio de ritmo las piernas ya protestaban de una forma diferente a la del cansancio normal — era el músculo trabajando de verdad, no solo moviéndose. Terminó la vuelta al trote suave y salió del parque con los pulmones abiertos y el corazón todavía acelerado.
Marcos no estaba. Lunes era su día variable — a veces aparecía, a veces no.
Mateo hizo los cuatro estiramientos solo en la vereda del parque y volvió a casa.
El Sistema lo esperaba:
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> *Actividad registrada: trote con cambios de ritmo, 25 minutos.*
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> *Racha: 7 días consecutivos.*
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> *Nota: los cambios de ritmo trabajan la capacidad anaeróbica — la energía de los puntos cortos e intensos. En el tenis, los puntos que se definen en dos o tres golpes explosivos dependen de esto más que de la resistencia general.*
>
> **Misión activa — "Estructura": 0/5.**
> *Hoy: entrenamiento grupal. Objetivo del día: empezar a trabajar el revés. No perfeccionarlo — entenderlo.*
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*No perfeccionarlo — entenderlo.*
Mateo leyó eso dos veces mientras se secaba la cara con la remera.
Era exactamente lo que necesitaba escuchar. El revés lo había estado evitando mentalmente desde hacía semanas porque cada vez que lo intentaba salía mal y no sabía por qué. Hoy no tenía que hacerlo bien. Tenía que mirarlo de frente.
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**8:00 a.m. Colegio.**
Lunes arrancaba con Historia y después Biología.
En Historia el profe habló de la Segunda Guerra Mundial con ese entusiasmo particular que tienen los profesores cuando llegan al tema que más les gusta. Mateo copió, escuchó, participó cuando preguntaron. En Biología había un trabajo práctico de clasificación de células — sacó el microscopio con su compañero de banco, siguieron los pasos, anotaron lo que veían.
Era el tipo de mañana en que el colegio fluía sin fricción. Mateo lo agradeció.
En el recreo del mediodía se sentó en el banco de siempre y mientras comía pensó en el revés.
Técnicamente sabía cuál era el problema — el Sistema lo había señalado la semana anterior y Daniel lo había confirmado. Cuando la pelota llegaba hacia el lado izquierdo, su cuerpo tardaba en prepararse. Los pies arrancaban tarde, el giro de torso era insuficiente, y golpeaba con el brazo en vez de con el cuerpo. Resultado: pelota larga, sin control, sin dirección.
Pero saber el problema y corregirlo eran dos cosas distintas.
Lo que no sabía todavía era qué se *sentía* hacer el revés bien. No tenía esa referencia en el cuerpo. Con el drive, después de semana y media de trabajo, ya empezaba a reconocer la sensación del golpe limpio — ese momento en que todo llegaba a tiempo y la pelota salía con peso real. Con el revés no tenía nada todavía. Era territorio desconocido.
Terminó el sándwich y guardó la bolsita en la mochila.
*Hoy lo averiguo.*
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**4:30 p.m. Club Atlético del Barrio. Cancha 3.**
Llegó diez minutos antes que los demás.
Esta vez no fue directo al saque. Se paró en la línea de fondo y tiró pelotas hacia el lado del revés, obligándose a moverse hacia ese lado una y otra vez. No golpeaba todavía — solo se movía, llegaba, y dejaba que la pelota rebotara. Pies hacia el lado izquierdo, giro de torso, brazo preparado.
El movimiento sin pelota.
Llegaron Ezequiel, Renata y Bautista. Daniel entró puntual.
—Hoy trabajamos punto a punto —anunció—. Quiero rallies controlados: el objetivo no es ganar el punto, es mantener la pelota en juego el mayor tiempo posible. Cada error, me dicen qué salió mal.
Era exactamente el entrenamiento que Mateo necesitaba.
Peloteo de a dos — Mateo con Renata. Daniel los puso a cruzar la pelota al lado del revés de los dos, sin opción de escapar al drive.
Renata era zurda — Mateo lo sabía, pero enfrentarla en este ejercicio le confirmó lo incómodo que era: la pelota le llegaba con un ángulo distinto, el efecto natural del revés de una zurda cerraba distinto al de los derechos.
El primer intercambio duró tres golpes antes de que Mateo mandara la pelota a la red.
—¿Qué pasó? —dijo Daniel desde el costado.
Mateo pensó.
—Los pies llegaron tarde.
—¿Y?
—El giro de torso fue corto.
Daniel asintió.
—Una cosa por vez. Primero los pies. Olvidate del golpe por ahora.
Renata tiró de nuevo. Mateo se concentró solo en mover los pies primero — nada más, solo eso. Llegar al lado izquierdo antes de que la pelota llegara.
Llegó. Golpeó. La pelota fue a la red de nuevo pero llegó.
—Mejor —dijo Daniel—. Ahora el giro.
El entrenamiento fue así durante cuarenta minutos. Daniel les iba sacando capas de a una — primero los pies, después el torso, después el brazo. Mateo fallaba mucho pero cada falla tenía una causa que podía nombrar. Eso era nuevo. Antes fallaba y no sabía por qué. Ahora fallaba y sabía exactamente qué había salido mal.
El Sistema estuvo quieto durante toda la práctica — Mateo lo había notado que nunca interrumpía en cancha. Solo registraba.
Cuando el entrenamiento terminó, Daniel los reunió.
—Bien. El revés de todos necesita trabajo. —Miró a Mateo un segundo más que a los otros—. Especialmente el giro. El brazo no puede hacer lo que el torso no preparó.
Mateo asintió.
Bautista ya estaba guardando la raqueta. Renata se fue rápido. Ezequiel se quedó un momento tomando agua al costado de la cancha.
—Mejoró tu revés —le dijo a Mateo, sin más contexto.
Mateo lo miró.
—¿Comparado con qué?
—Con la semana pasada. —Ezequiel se colgó la bolsa al hombro—. La semana pasada no llegabas. Hoy llegabas y fallabas. Es diferente.
Se fue antes de que Mateo pudiera responder.
Mateo se quedó solo en la cancha.
*Llegabas y fallabas. Es diferente.*
Tenía razón. Era exactamente la diferencia que el Sistema había marcado con los números la semana anterior — no era ganar todavía, era moverse en la dirección correcta.
Practicó solo veinte minutos más. Solo el revés, solo el giro de torso, solo los pies. Sin pensar en el resultado de cada pelota. Solo el proceso.
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> *Sesión registrada: entrenamiento grupal + práctica autónoma, 1h 40 min.*
>
> *Misión "Estructura": 1/5 sesiones completadas.*
>
> **Progreso técnico — Drive (revés):** 22% → **25%**
>
> *Nota: el revés pasó de parámetro ignorado a parámetro en trabajo. Eso es el cambio más importante de hoy — no los tres puntos.*
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Tres puntos en el revés.
Pequeños. Pero era el primer movimiento real de ese número desde que el Sistema existía.
Mateo recogió las pelotas, hizo los cuatro estiramientos — los hacía ya sin pensar, como lavarse los dientes — y salió.
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**7:30 p.m. Casa de los Herrera.**
La cena del lunes era la más tranquila de la semana — todos llegaban del primer día con el cansancio fresco y poca gana de hablar. Elena había hecho fideos con tuco. Roberto comía despacio. Lucas tenía la mirada de quien todavía está procesando el lunes.
Sofía fue la única que habló con energía real.
—Hoy en el colegio la seño nos hizo escribir sobre alguien que admiramos —dijo, sirviendo más tuco en su plato.
—¿Y? —dijo Elena.
—Escribí sobre Mateo.
Silencio en la mesa.
Lucas levantó la vista.
—¿Sobre Mateo.
—Sí.
—¿Por qué?
Sofía lo miró como si la pregunta fuera innecesariamente complicada.
—Porque se levanta todos los días y hace cosas aunque no le salgan bien todavía. —Se encogió de hombros—. Me pareció interesante.
Otro silencio.
Mateo no supo qué decir. Miró el plato.
Roberto tomó agua sin decir nada pero con una expresión que en él equivalía a sonreír.
—¿Y qué dijo la seño? —preguntó Valeria.
—Que estaba bien escrito. —Sofía comió un bocado—. Aunque me dijo que le pusiera más detalles sobre por qué admiro eso específicamente. Así que mañana le agrego.
—¿Qué le vas a agregar? —preguntó Mateo, sin poder evitarlo.
Sofía lo pensó un momento.
—Que la mayoría de la gente deja cuando algo es difícil. Vos no dejás. Eso es raro.
Mateo volvió al plato.
Lucas, que había estado callado, se señaló a sí mismo.
—Yo también hago cosas difíciles.
—Vos dejaste el inglés en dos semanas —dijo Sofía.
—El inglés es un idioma extranjero.
—Todos los idiomas son extranjeros para alguien.
Roberto hizo un sonido que no era exactamente una risa pero que se le parecía.
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Después de cenar Mateo ayudó a limpiar la mesa. Cuando la cocina quedó ordenada, agarró la raqueta y fue al pasillo.
Muñeca.
Después de un entrenamiento de revés, la muñeca del brazo derecho acusaba más que los otros días — el revés la trabajaba de una forma diferente al drive, con una tensión en el lado externo del antebrazo que no aparecía normalmente.
Extendió el brazo, palma arriba, dobló los dedos suavemente hacia abajo. Treinta segundos. Cambió. Después palma abajo, dedos hacia arriba.
Después agregó algo nuevo — la raqueta extendida al frente, movimientos lentos de lado a lado como había hecho la primera vez, pero esta vez prestando atención al lado externo del antebrazo. Donde dolía un poco. Donde cedía.
Sofía apareció en el pasillo con el cuaderno nuevo — el de tapa marrón que había comprado en la feria.
—¿Qué escribís en ese cuaderno? —preguntó Mateo, sin dejar de hacer el ejercicio.
Sofía lo miró.
—Cosas.
—¿Qué cosas?
—Lo que observo.
Mateo la miró.
—¿Qué observás?
Sofía abrió el cuaderno y lo inclinó hacia él sin dárselo. Había una lista escrita en su letra cuidadosa:
*— Lunes: trabaja el revés. Llega pero falla. Dice que sabe por qué.*
*— Martes: lanzamiento del saque. Más consistente.*
*— Miércoles: drive mejorado. Daniel lo miró más tiempo.*
*— Jueves: visual. Siguió la pelota desde el rebote.*
*— Viernes: reflejos. Lucas fue más difícil que yo.*
*— Sábado: partido. 4-1. Llegó a cosas que antes no llegaba.*
*— Domingo: descanso. Enseñó a golpear en el patio.*
Mateo leyó toda la lista.
Era su semana entera. Vista desde afuera, desde los ojos de su hermana de once años que no sabía nada del Sistema pero que había estado mirando.
—¿Cómo sabés todo esto? —dijo Mateo.
—Te miro —dijo Sofía, como si fuera la respuesta más obvia del mundo.
Cerró el cuaderno y se fue a su cuarto.
Mateo se quedó solo en el pasillo con la raqueta en la mano.
Su hermana llevaba una semana registrando su progreso en un cuaderno de tapa marrón comprado en una feria de barrio, sin que nadie se lo pidiera, sin saber que existía un Sistema que hacía exactamente lo mismo.
Terminó los ejercicios de muñeca en silencio.
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**Martes, 11 de marzo. 7:00 a.m.**
*Temperatura: 19°C. Despejado.*
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Trote con cambios de ritmo. Veinticinco minutos.
Marcos estaba en el parque.
Lo vio desde lejos — remera sin mangas, el lugar de siempre. Cuando Mateo pasó por primera vez en la vuelta, Marcos lo miró y asintió.
En la segunda vuelta, cuando Mateo estaba en el primer cambio de ritmo — aceleración, dos minutos a fondo — Marcos lo observó desde el banco.
—Mejor que la semana pasada —dijo cuando Mateo pasó cerca al volver al trote suave.
Mateo no frenó, siguió trotando.
—¿Se nota?
—Los hombros están más bajos. Y el paso es más largo en la aceleración.
Mateo archivó eso y siguió.
Al terminar la vuelta, Marcos se acercó mientras hacían los estiramientos en paralelo — cada uno el suyo, sin necesidad de hablar demasiado.
—¿Cómo van los cambios de ritmo?
—El tercero me cuesta.
—Normal. El tercero siempre cuesta porque el cuerpo ya quiere parar. —Marcos estiró el cuádriceps—. Eso es exactamente lo que entrena. Cuando el cuerpo quiere parar y vos no parás.
Mateo pensó en el final de los sets. En los puntos del cuarto juego cuando ya estaba cansado y Bautista todavía se veía igual que al principio.
—¿Cuándo se hace más fácil?
—Cuando deja de sorprenderte que cuesta. —Marcos agarró la botella—. Mañana.
Y arrancó su trote.
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La mañana del martes en el colegio fue más larga. Física con ejercicios que Mateo entendía a medias, Matemática con un tema nuevo que requirió toda su atención, y una hora de Inglés al final donde el profe puso una película y nadie protestó.
En el recreo Mateo sacó el cuaderno chico y repasó lo que tenía pendiente para la tarde: práctica sola, lanzamiento del saque y revés. El revés primero — mientras el cuerpo todavía estaba fresco.
La tarde en el club fue exactamente eso.
Cancha libre, cesto de pelotas, una hora y cuarto solo.
Empezó con el revés porque había aprendido algo la semana anterior: lo que postergaba para el final lo hacía con el cuerpo cansado y la cabeza queriendo irse a casa. Si el revés era el trabajo importante de la semana, tenía que ir primero.
Tiró pelotas hacia el lado izquierdo y las golpeó. Una y otra vez.
El giro de torso primero. Dejar que el hombro izquierdo señalara la red antes de golpear. Eso era lo que Daniel había dicho — el brazo no puede hacer lo que el torso no preparó.
Fallaba. Fallaba mucho. Pero en algunos golpes el torso giraba bien y la pelota salía con una dirección que tenía sentido, que iba a algún lado concreto en vez de irse larga o a la red sin causa aparente.
Esos golpes los grababa en la memoria. La sensación específica — el hombro izquierdo adelante, el peso en la pierna derecha, el brazo llegando después de que el cuerpo ya había hecho su parte.
Pasó cuarenta minutos en el revés.
Después veinte en el saque — lanzamiento, estructura, ya casi automático.
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> *Sesión registrada: práctica autónoma, 1h 05 min. Foco: revés.*
>
> *Misión "Estructura": 2/5 sesiones completadas.*
>
> *Observación: estás empezando a reconocer la sensación del revés limpio. Ese es el paso más importante — el cuerpo aprende por referencia, no por repetición ciega.*
>
> **Drive (revés):** 25% → **27%**
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Dos puntos más.
Cinco en dos días. Todavía lejos de donde estaba el drive derecho, pero moviéndose.
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La noche del martes, después de la cena — arroz con pollo que Elena había cocinado con el ají que le sobraba del domingo — Mateo fue al pasillo con la raqueta.
Postura de revés.
Sin pelota, como había hecho con el saque la primera semana. El gesto completo en cámara lenta: paso hacia el lado izquierdo, hombro izquierdo señalando la red, giro de torso, brazo llegando después.
Lento. Muy lento. Fijando cada parte del movimiento.
Roberto pasó por el pasillo yendo a la cocina a buscar agua. Se detuvo. Miró el movimiento que hacía Mateo.
—¿Ese es el revés?
—Sí.
Roberto lo observó tres veces más.
—El peso —dijo.
—¿Qué?
—Cuando terminás el movimiento, el peso te queda en el pie de atrás. —Roberto hizo el gesto con el brazo, tosco pero claro—. Tiene que terminar adelante. Como cuando terminás de dar un martillazo — el peso va hacia donde golpeás, no se queda atrás.
Mateo lo procesó.
Probó. Giro de torso, brazo, y esta vez trasladó el peso hacia adelante al final del movimiento — como un paso hacia la pelota imaginaria.
Se sintió completamente diferente. Más completo. Como si el golpe tuviera un destino en vez de quedarse a mitad de camino.
—Así —dijo Roberto.
—¿Cómo sabés de tenis?
Roberto lo miró con esa expresión suya de no entender por qué le hacían preguntas obvias.
—No sé de tenis. Sé de peso y de movimiento. —Agarró su vaso de agua—. Es lo mismo.
Y volvió a la cocina.
El Sistema actualizó:
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> *Corrección registrada — Revés:*
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> ✓ Transferencia de peso hacia adelante al final del golpe.
>
> *Esta corrección conecta el giro de torso con el punto de contacto. Sin transferencia de peso, el golpe pierde profundidad aunque la técnica sea correcta.*
>
> **Drive (revés):** 27% → **30%**
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Treinta por ciento.
Ocho puntos en dos días. Roberto Herrera, que no sabía nada de tenis, le había subido tres puntos al revés con una observación sobre martillos.
Mateo bajó la raqueta y se quedó mirando el pasillo vacío.
El Sistema medía el esfuerzo. Pero el esfuerzo venía de todos lados — de la cancha, del pasillo, del cuarto de herramientas, de la mesa de la cocina.
Volvió a su cuarto, abrió el cuaderno.
*Revés: hombro izquierdo adelante. Giro de torso. Peso hacia adelante al final. Como un martillazo — papá.*
Lo subrayó.
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**Miércoles, 12 de marzo. 7:02 a.m.**
*Temperatura: 18°C. Viento frío.*
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El viento frío del miércoles era el primero que anunciaba el otoño de verdad — no esa temperatura agradable de las mañanas anteriores sino algo con dientes, que entraba por el cuello de la remera y recordaba que el verano se había ido del todo.
Mateo salió igual.
Cambios de ritmo, veinticinco minutos. El tercer cambio costó igual que siempre — el cuerpo queriendo parar, las piernas pesadas, la respiración cortada. Mateo recordó lo que había dicho Marcos.
*Eso es exactamente lo que entrena.*
No paró.
Terminó los estiramientos con los dedos entumecidos por el frío y volvió a casa a paso rápido.
Elena ya tenía el mate listo.
—Hace frío —dijo Mateo.
—Ya me di cuenta. —Elena le alcanzó el mate—. Llevá campera al colegio.
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El miércoles en el colegio fue denso: prueba corta de Matemática que Mateo creía haber salido bien, una hora de Geografía donde el profe habló de corrientes oceánicas con un mapa que nadie entendió del todo, y Educación Física donde jugaron al hándbol en el gimnasio porque afuera hacía demasiado frío.
En el recreo Mateo se quedó adentro. Sacó el cuaderno chico y leyó la lista de correcciones del revés que había acumulado en dos días.
*Pies primero. Hombro izquierdo adelante. Giro de torso completo. Peso hacia adelante — como martillazo.*
Cuatro cosas. Cuatro cosas que tenían que pasar al mismo tiempo en el segundo y medio que duraba un golpe de revés.
Era mucho para procesar en tiempo real. Tenía que volverse automático — igual que el saque, que la primera semana requería pensar cada parte y ahora salía solo sin contar los pasos.
La única forma de hacerlo automático era repetirlo hasta que el cuerpo no necesitara que el cerebro le dijera nada.
Esta tarde. El entrenamiento grupal.
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**4:30 p.m. Club Atlético del Barrio. Cancha 3.**
Daniel los puso a jugar puntos reales desde el principio — sin calentamiento largo, directo al juego.
—Quiero presión desde el primer minuto —dijo—. En el partido no hay tiempo de calentar la cabeza.
Mateo contra Ezequiel primero.
Ezequiel atacaba desde el drive derecho — era su golpe fuerte, el que buscaba siempre. Cuando Mateo le daba ángulo hacia ese lado, Ezequiel lo aprovechaba. Cuando Mateo cruzaba al revés de Ezequiel, la calidad bajaba.
Mateo decidió algo: iba a jugar al revés de Ezequiel todo lo que pudiera. No porque fuera la táctica perfecta — sino porque necesitaba que su propio revés saliera en situación de partido, no solo en práctica sola.
Primer punto. Saque de Ezequiel al centro. Mateo respondió cruzado al revés de Ezequiel. Ezequiel respondió con el drive. Mateo corrió al lado izquierdo — pies primero, hombro izquierdo adelante — y golpeó.
La pelota fue larga.
Pero fue con dirección. No fue a la red, no fue sin sentido. Fue larga por un poco, controlada.
*Quince-cero.*
Segundo punto. Mismo esquema. Esta vez la pelota entró — corta, sin profundidad, pero dentro.
Ezequiel la atacó y ganó el punto. Pero tuvo que correr para llegar.
*Treinta-quince.*
Daniel miraba desde el costado sin decir nada.
El punto siguiente Mateo lo ganó con el drive — un cruzado limpio que Ezequiel no llegó. Treinta iguales. Después Ezequiel ganó dos seguidos y cerró el juego.
Pero Mateo había usado el revés tres veces en situación real. Había fallado una, había entrado dos. Para él, en este momento, eso era suficiente.
Daniel rotó los partidos. Mateo jugó después contra Renata — perdió — y observó el partido de Bautista contra Ezequiel, que Bautista ganó cómodamente.
Cuando Daniel cerró el entrenamiento, Mateo se quedó.
Veinte minutos de práctica sola. Revés y drive alternados — uno, otro, uno, otro. Tratando de que el cuerpo no separara los dos golpes en categorías distintas sino que los sintiera como parte del mismo lenguaje.
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> *Sesión registrada: entrenamiento grupal + práctica autónoma, 1h 50 min.*
>
> *Misión "Estructura": 3/5 sesiones completadas.*
>
> **Drive (revés):** 30% → **33%**
> **Drive (derecha):** 39% → **40%**
>
> *Nota: usar el revés en situación de partido tiene un valor diferente a la práctica sola. El cuerpo aprende que ese golpe existe en el juego real, no solo en el entrenamiento. Eso reduce el miedo anticipado.*
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*Reduce el miedo anticipado.*
Mateo guardó la raqueta y pensó en eso caminando hacia su casa.
Era exactamente lo que había sentido. Cuando Ezequiel mandó la pelota hacia su lado izquierdo en el segundo punto y Mateo decidió responder con el revés en vez de dejar pasar o golpear mal, algo había cambiado — no había sentido ese miedo previo de *ya sé que esto va a salir mal.* Había sentido algo más parecido a *vamos a ver.*
Era una diferencia pequeña. Pero era la diferencia.
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La noche del miércoles, después de la cena — cazuela de verduras que Sofía había ayudado a preparar porque era su turno de semana — Mateo fue al pasillo con la pelota.
Seguimiento visual.
La tiró contra la pared, la siguió con los ojos desde el rebote. Cerca, lejos, alto, bajo. Después con la mano izquierda. Después alternando.
Sofía apareció con el cuaderno marrón.
—Miércoles —dijo, abriendo en la página correspondiente—. ¿Qué trabajaste hoy?
—Drive derecho y revés en el entrenamiento. Revés en práctica sola.
Sofía anotó.
—¿Mejoró el revés?
—Sí.
—¿Cuánto?
Mateo la miró.
—¿Por qué querés saber cuánto?
—Para el cuaderno.
—Un poco —dijo Mateo—. Mejoró un poco.
Sofía anotó *"un poco"* con total seriedad y cerró el cuaderno.
Mateo se quedó mirándola irse.
Dos cuadernos. El de Sofía y el del Sistema. Uno con números, otro con palabras. Los dos diciendo lo mismo.
Siguió con el seguimiento visual hasta que le ardieron los ojos de tanto concentrarse.
Después hizo los estiramientos, apagó la luz, y durmió.
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*Fin del Capítulo 8*



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En el texto hay: superacion, deportes, #litrpg

Editado: 26.07.2026

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