El Sueño del Dragón Dorado

Capitulo 4

Subí a su espalda de nuevo. Esta vez con más curiosidad sobre nuestro destino.

La vista era impresionante.
Los bosques parecían un mar verde sobre las montañas.

¿Son robles… o pinos?

El aire tenía un olor a madera muy rico, relajante. Incluso el viento tenía olor.

Es difícil describir esto… no tengo palabras.

Ríos se perdían entre los valles y los árboles. Alcancé a ver algunos animales abajo.

¿Un oso?

Me moví incómoda. Nunca había visto uno.

Después de tanto bosque, algo distinto apareció a la distancia.

Un castillo.

Parecía abandonado. Partes de sus muros estaban caídas a un lado.

Ese es el destino.

El vuelo se volvió más lento y descendimos dentro del castillo.

El viento chocaba contra los muros, provocando aullidos.

Al pisar el suelo, las hojas secas se deshacían bajo mis pasos.
Piedras enormes bloqueaban partes del camino, como si fuera un patio interno destruido.

No había nada más que rocas, muros agrietados, vegetación creciendo sobre las paredes… y un leve olor a musgo en las zonas más oscuras.

Él también miraba el lugar.

Pero no parecía atento… era como si viera algo común.

De pronto, dejó de mirar alrededor y se concentró en una torre.

Una de las pocas que seguían en pie.

La tarde estaba cayendo.

Verlo así, con la mirada fija en la torre, me pareció… único. Como un cuadro antiguo que no me cansaría de mirar.

El sol se escondía poco a poco.

Entonces escuché su voz:

—Mira la torre.

Me puse a su lado y miré también.

Una ráfaga de viento pasó.

Y en un instante… el castillo se llenó de vida.

Parecía una fiesta.

Personas con trajes antiguos caminaban de un lado a otro, cantando.
Algunas llevaban flores en las manos. Otras, mantos con un escudo que nunca había visto.

Pero no nos veían.

Pasaban a través de nosotros… como fantasmas.

Una fila de caballeros abandonaba el castillo.

Algunas mujeres, con niños en brazos, lanzaban flores a su paso.

Pero él no miraba eso.

Seguía mirando la torre.

Y ahí estaba ella.

Una mujer.

Caminaba lento, como si le doliera cada paso.

Era hermosa.
Piel clara, cabello largo castaño cayendo sobre un vestido verde.

Se acercó para ver a los caballeros partir.

Se inclinó más de lo normal, como si buscara a alguien.

Está sufriendo…

No sé cómo lo supe, pero dolía verla.

Estaba llorando.

En su mano tenía un pañuelo blanco.
Cuando cayó de rodillas, el viento se lo arrebató y lo vi perderse en la distancia.

Más mujeres corrieron hacia ella cuando la vieron caer.

Y así como llegó la visión…

El viento volvió a pasar.

Y todo desapareció.

El castillo volvió a estar vacío.

La torre… sola.

Solo quedaba el recuerdo de esa mujer.

Él seguía mirando hacia ahí.

Era hermosa… muy hermosa.

¿Es tu tipo?
¿Es por ella que viniste aquí?

Mis manos se apretaron a mis costados.

No sé por qué… pero estaba molesta con el dragón.

—Dormiremos aquí… y… nada. Solo sígueme.

Escuché su voz de nuevo.

Con pereza lo seguí entre la oscuridad, por pasillos destruidos, hasta llegar a un lugar grande… como una sala o cámara donde el techo aún estaba completo.

Ahí el viento ya no entraba.

Yo seguía enojada. Sin razón.

Me senté en una esquina, abrazando mis rodillas.

Me quiero ir… ya me aburrí. Esto es muy molesto.

Entonces él se acercó.

Por iniciativa propia, se recostó a mi lado.

Me miró… como si quisiera decir algo.

—Solo duerme.

Su voz resonó en mi cabeza… como eco en todo el castillo.

Y, aunque no quería admitirlo… eso me hizo feliz.

Que se acostara a mi lado… sin que yo lo pidiera.

Ni el frío, ni la oscuridad, me dieron miedo estando junto a él.

Me dormí con una sonrisa.

Y al despertar…

Estaba abrazando una de sus patas.

Solo me quedé mirándolo dormir.

¿Y si ronca?



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Editado: 01.05.2026

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