El Sueño del Dragón Dorado

Capitulo 7

El regreso fue más rápido de lo que creí.
Las montañas pasaban una tras otra. En algún punto dormí, en otro lugar, a su lado… con la armadura cerca.
Tenía muchas preguntas, pero solo decía cosas simples:
—¿Está haciendo más frío?
—Ya me fastidié de la fruta… no más.
Él solo respondía lo necesario.
—Sí, aquí siempre es así.
—No te daré más fruta.
Al pasar por el lago, le pregunté si ese desfile de seres acuáticos ocurría cada noche.
—No. Solo en momentos indicados… cuando la luna está en su punto más alto.
Y cuando él no miraba… yo lo observaba sin cansarme.
Quería grabarlo en mi memoria.
Su porte.
Sus ojos azules… que parecían saber lo que pensaba.
El calor de su cuerpo, como si guardara el sol en sus escamas.
Quería saber qué pensaba.
Quería que me hablara más.
Quería guardar su voz en mi corazón.
Pero no decía más de lo necesario.
El castillo apareció de nuevo.
Y una idea cruzó por mi mente.
Al descender, caminé con la armadura en brazos, buscando un lugar adecuado.
La coloqué sobre una roca plana, con cuidado… con respeto.
—Estás en casa —le dije al viento.
El dragón observó todo.
Cerró los ojos… como si pensara en algo.
Nos alejamos.
Caminábamos para salir del patio cuando, de pronto, se detuvo.
Giró la cabeza.
Seguí su mirada.
Entre las sombras del castillo… estaban ellos.
La mujer del vestido verde… y el caballero.
Juntos.
Tomados del brazo.
Ambos hicieron una reverencia al dragón.
El viento pasó… y se desvanecieron.
—Gracias —susurró algo entre los muros.
Sonreí.
Están juntos. Él pudo regresar con ella.
Seguí caminando, tranquila… en paz.
Pero el dragón no.
Sentí su mirada.
Volteé.
—¿Qué pasa?
Me miró.
Y entonces lo dijo.
—Es hora de que te vayas.
En sus ojos no había duda.
Era un hecho.
Y yo… ya había olvidado a dónde pertenecía.
—No… no me quiero ir.
Dio unos pasos hacia mí.
Por primera vez… nuestras frentes se tocaron.
Sus ojos… tan cerca.
—Es el momento.
Me enojé.
Pero más que enojo… era tristeza.
—¿Quién lo dice? Yo no me quiero ir.
No me separé.
Él tampoco.
Entonces habló de nuevo.
—No es una despedida.
Es solo una separación por un corto tiempo.
Cuando llegue el momento… iré por ti.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo.
Cerró los ojos.
Yo también.
Sentí lo que no dijo con palabras.
Y respondí.
—Te creo. Te estaré esperando.
Abrí los ojos.
Oscuridad.
Mi habitación.
Mi respiración estaba agitada. Tenía lágrimas en los ojos.
Pasé mis manos por mi rostro… y me quedé quieta.
Mis manos.
Aún sentía… algo.
Como si hubiera estado tocando algo real.
Algo firme. Cálido.
Como escamas.
Las abrí y las cerré despacio.
Ya no había nada.
Pero la sensación seguía ahí.
Un vacío extraño se me formó en el pecho.
Como si hubiera perdido algo… importante.
Me sentía inquieta.
Desesperada… sin saber por qué.
Y entonces me golpeó otro pensamiento.
¿Qué fue eso?
Sentí vergüenza.
¿Soñar con un dragón… así?
Me reí un poco, nerviosa.
—Esto ya fue demasiado…
Giré en la cama.
Y entonces lo escuché.
Los ronquidos de mi esposo.
Constantes. Reales.
Normales.
Ahí estaba mi mundo.
Cerré los ojos.
Pero ya no pude volver a dormir igual.



#1813 en Otros
#354 en Relatos cortos
#1488 en Fantasía

En el texto hay: #sueno #dragon #emocional

Editado: 01.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.