Capítulo 11
Adán y Adolfo
Nos acercamos en el rio, donde se encontraban los peces más grandes.
- Entonces Ada y tú ya son pareja - Arrojo mi la lanza hacia el agua.
- Si
- Desde cuándo.
- Porque el interés.
- Curiosidad.
- No te preocupes, ya encontraras, a tu neandertal ideal.
- Jajaja y que no te hace pensar que es Ada.
- No, ella no puede ser.
- ¿Qué? Y cómo lo sabes, por qué dices que ya es tu pareja, estas celoso, tienes miedo de que te la quite.
- Jajaja no, cuando la trajimos a la cueva, no preparaste el tuétano, llegaste y empezaste a comer carne.
- Entonces, eso te da permiso de quedarte con Ada.
- Ya veo, entonces tu eres quien le estas diciendo cosas a Ada de mí.
- ¿Qué?, ella te dijo eso, es una mentirosa.
- Porque, dices eso de ella.
- Adán somos hermanos no voy a dejar que ella rompa nuestra familia.
- Si como no, ella no es el problema.
- Ya me lo contó mi padre.
- A hora lo sabes tú.
- Y cuando se van a ir.
- Nada más recolectaremos la comida suficiente, para un viaje largo, después de eso, nos iremos.
- Y… ya lo sabe Ada.
- No.
- Le vas a decir.
- No he encontrado el momento, además la veo muy triste, puedo pensar que extraña a su familia.
- No le has preguntado por ella.
- No.
- Si ella ya es mayor de edad, me alejo ellos para poder conseguir su pareja.
- No lo creo.
- Porque.
- Desconoce muchas cosas de ese tema.
- Por favor Adán, ella no merece que gastes tu vida con ella.
- ¡Adolfo! ¡No voy a dejar que hables así de ella! A hora es mi pareja.
- Claro, nada más te recuerdo, hermano que ahí más neandertales ahí afuera.
- Encontrarás a tu pareja.
- Jajaja ya veremos.
- Creo que ya son suficientes peces, regresemos.
- Claro, por qué quiero ver a mi pareja Ada.
Caminamos hacia la cueva, con los peces.
- Te acuerdas cuando éramos niños.
- Si.
- Nuestros padres nos enseñaron, casar los peces.
- Si, nos caímos muchas veces al rio, más tú.
- Si, mi padre te ha preferido más a ti.
- Eso es mentira Adolfo.
- Claro que sí.
- Adolfo, tú nunca, te acercas a tu padre.
Los dos neandertales se pararon y quedaron frente uno hacia el otro.
- Mi padre, siempre ha estado con tigo.
- Tu padre nada más me habla de cómo se puede acercar a ti.
- ¡Mientes!
- No hermano.
- ¡No eres mi hermano!
- Así que, ese es el odio que siempre has cargado.
- No, no es ningún odio…
- Háblalo, mejor con tu padre.
- Dime, que harías si al final de cuentas, Ada se quede conmigo.
- No lo creo – Eso me enoja.
- Si eso pasa, no te metas entre nosotras, vas a ver que ella cambiara de parecer.
Adán le da la espalda a Adolfo, el seguía con su enojo, decido seguir el camino hacia la cueva, los dos llegamos con los peces.
- Aquí están los peces.
- Muchas gracias hijo.
- Donde esta Ada.
- A la mejor, ya se fue – Contesto Adolfo.
Ignoro su respuesta, sé que ella no, se iría, pero si tengo que hablar con ella.
- Me parece que salió de la cueva – Habla la mamá de Adolfo.
- Gracias - Dejo los peces, me dirijo afuera de la cueva, creo que ya se dónde está.
Antes de salirme tomo dos peces, uno para mí y el otro para Ada, a la mejor tiene hambre.
La encuentro parada, observa un paisaje, la veo comiendo una manzana así que decido acercarme a ella, la abrazo con un solo brazo y la cargo, escucho su risa, siento como toma mi brazo.
- Aa jajaja Adán.
- Te espante.
- Un poco.
La veo sonreír, me acerco más a ella y le doy un beso, ella también me lo corresponde, no la quiero soltar.
- Pasa algo Adán.
- No por qué.
- Todo está en orden.
- Si y tú.
- De que.
- Quieres decirme algo.
- No.