El eco de las palabras del sultán aún resonaba en el salón de recepción cuando una mujer de cabello oscuro recogido en un peinado severo dio un paso adelante. Era Zeinab, la encargada de la administración del harén y de la llegada de nuevas esclavas —una mujer a la que Kael confiaba los asuntos más delicados, por su eficiencia y su lealtad demostrada durante años.
—"Mi señor, perdóneme la insolencia", dijo, inclinándose apenas, su voz firme y clara. "Pero la tradición manda que las nuevas esclavas pasen por un período de adaptación, de aprendizaje de las costumbres del palacio. No podemos llevar a una joven sin preparación directamente a las habitaciones reservadas para las concubinas".
Kael se volvió hacia ella, y aunque su expresión permanecía serena, en sus ojos ámbar brillaba la intensidad de Asad. Los miembros del harén se tensaron —sabían que esa mirada anunciaba que el Alfa estaba a punto de tomar una decisión que no debía ser cuestionada.
—"La tradición también manda que el sultán tiene el derecho de decidir el destino de quienes entran en sus dominios", respondió Kael, avanzando un paso hacia Zeinab. Su voz era baja, pero cargada de una autoridad que no dejaba lugar a réplicas. "Elara ya no es una esclava como las demás. Desde este momento, estará bajo mi protección personal".
Zeinab frunció el ceño, no por desafío, sino por preocupación. "Mi señor, entiendo su voluntad, pero la harén no es un lugar seguro para alguien sin protección ni preparación. Las otras concubinas ya la han visto, ya la consideran una amenaza. Si la elevamos de golpe, la pondremos en peligro".
Kael cerró los ojos por un instante, sabiendo que Zeinab tenía razón. Pero Asad rugió en su mente, impaciente y protector. No permitiremos que nadie la lastime, gruñó el lobo. Debemos mostrarles que ella está bajo nuestra protección.
Abriendo los ojos, Kael fijó su mirada en la encargada, y esta vez su voz se volvió más seria, con un tono que prometía consecuencias graves. "Zeinab, te doy una orden clara. Llévala a los salones de baño principales —los que uso yo mismo. Que sea atendida por las mejores sirvientas, que le den comida y vestidos adecuados. Luego, lleva a la habitación del este, la que está cerca de mis cuartos. Ponga guardias en la puerta, y que nadie se acerque sin mi permiso".
Pausó, y su mirada se hizo aún más intensa. "Y avisa a todas las que habitan en este harén —si alguien se atreve a tocarla, a herirla, o incluso a decirle una palabra cruel, enfrentará la ira no solo del sultán, sino del Alfa de la manada. No volveré a repetir esta advertencia".
Zeinab palideció ligeramente al escuchar la mención de la manada —ella era una de las pocas que conocían la verdad completa sobre su gobernante. Inclinándose profundamente esta vez, respondió: "Entendido, mi señor. Haré todo lo que usted manda".
El baño de mármol y flores
Elara sintió cómo se desvanecían los últimos restos de polvo y dolor mientras las sirvientas la conducían por corredores que parecían sacados de un sueño. Llegaron a un salón enorme, donde las paredes de mármol blanco estaban decoradas con mosaicos de colores que representaban flores del desierto y lobos bajo la luna. En el centro, un bañera de piedra tallada contenía agua caliente, perfumada con pétalos de jazmín y aceites de rosa.
—"Siéntese, por favor", dijo una de las sirvientas, una joven de sonrisa suave que le quitó la túnica sucia con cuidado. Elara se sintió avergonzada por su cuerpo delgado y marcado por el trabajo, pero las mujeres no la miraron con desprecio —sino con una reverencia que la dejaba perpleja.
Mientras la bañaban con jabones hechos de miel y hierbas, Elara cerró los ojos, sintiendo cómo el calor del agua calmaba sus músculos tensos. Las sirvientas le lavaron el pelo con aceite de almendra, desenredando los nudos con paciencia, y luego la envolvieron en una toalla de lino suave como la seda. Le pusieron una túnica de algodón blanco, fresca y limpia, y le ofrecieron una bandeja con pan caliente, queso, dátiles y una copa de jugo de granada.
El hambre la hizo temblar, pero cuando comenzó a comer, se detuvo al sentir cómo Lira la calmaba, como si le dijera que ya no tendría que pasar hambre nunca más. Después, las sirvientas la llevaron a una habitación luminosa, con una cama grande cubierta de mantas de seda azul y dorado, y una ventana que daba a un pequeño jardín con fuentes de agua que cantaban suavemente.
—"Descance, joven Elara", dijo la sirvienta mayor, cerrando la puerta con cuidado. "El sultán ordenó que nadie la moleste".
Elara se acostó en la cama, sintiendo la suavidad de las sábanas contra su piel limpia por primera vez en meses. En poco tiempo, el cansancio acumulado la llevó al sueño, mientras Lira guardaba vigilancia en sus sueños, oliendo el aire en busca de peligros y sintiendo la presencia de Asad a poca distancia.
Kael y Asad — El secreto que debe guardarse
Mientras Elara dormía, Kael se encontraba en su cuarto privado, junto a una ventana que daba hacia la habitación de la joven. Se había quitado la túnica real y se había sentado en el suelo frío de piedra, permitiendo que Asad se hiciera presente en su mente con más libertad.
¿Por qué no le decimos quién es ella? preguntó el lobo, su voz cargada de impaciencia. ¿Por qué no le mostramos nuestra verdadera naturaleza? Ella es nuestra Luna, tiene derecho a saberlo.
Kael cerró los ojos, pasando una mano por su cabello oscuro. "Porque aún no está lista, Asad. Ella ha pasado por mucho, ha sido tratada como un objeto, como mercancía. Si le decimos ahora que es la mate del Alfa de una manada de licántropos, podría asustarse, podría cerrarse a nosotros".
Ella ya nos siente, insistió Asad. Lira ya sabe quiénes somos. Ellas están conectadas, como nosotros lo estamos.
—"Lo sé", respondió Kael en voz baja, mirando hacia la ventana donde la luz de la luna comenzaba a iluminar el jardín. "Pero el mundo de la manada es duro, lleno de peligros y responsabilidades. Ella necesita tiempo para recuperarse, para fortalecerse. Y nosotros necesitamos tiempo para preparar a la manada, para preparar al harén. Si revelamos la verdad ahora, los enemigos que ya rondan el imperio podrían usarla contra nosotros".
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Editado: 09.01.2026