El Super albañil

Cap 5 El Fraguado

# Capítulo 5: El Fraguado
Pablo despertó con el amuleto pegado al pecho y la boca seca.
La zona segura del piso 3 era distinta a las anteriores. No era una sala chica con un banco y una repisa. Era un recinto cuadrado, de unos diez metros de lado, con paredes de piedra lisa, dos bancos, una pileta de agua corriente, una repisa bien abastecida, y en el centro un poste de entrenamiento más grande que los anteriores, con marcas de uso en toda la superficie.
Renzo ya estaba despierto. Estaba sentado en el piso, con las piernas cruzadas, afilando el borde de su barra metálica con una piedra negra.
—*Dormiste ocho horas* —dijo sin levantar la vista—. *Respirás bien, no tenés heridas abiertas. Estás listo para bajar.*
Pablo se sentó en el banco, estiró los brazos. Las costillas le dolían un poco —el golpe del Montículo todavía se sentía— pero nada grave.
—*¿Y vos?*
—*Yo duermo cuatro horas y estoy nuevo.* —Renzo pasó la piedra negra por la barra, despacio, con cuidado—. *Tres meses en El Hueco te enseñan a descansar rápido.*
Pablo asintió. Fue a la repisa, agarró galletas y carne, bebió agua. Masticó en silencio, mirando el poste de entrenamiento.
—*¿Cuánto sale usarlo?* —preguntó.
—*Cincuenta ortos la hora. Carnero, pero vale la pena. Las habilidades que te da no las aprendés peleando.* —Renzo dejó la piedra y la barra—. *Yo ya gasté como mil ortos en entrenamiento. Por eso sigo vivo.*
Pablo revisó su saldo. Tenía 657 ortos después del cofre, más los 250 del Montículo. 907 en total. Nunca había tenido tanta plata junta en su vida, ni en el mundo real.
—*Voy a entrenar* —dijo.
Renzo asintió, se levantó, y se sentó en el banco de al lado a comer.
---
Pablo se paró frente al poste. Era de piedra oscura, más ancho que él, con marcas de golpes, cortes y abrasiones en toda la superficie. Apoyó las manos y el sistema le preguntó:
**ENTRENAMIENTO: 50 ORTOS / HORA.**
**SELECCIONAR HABILIDAD A ENTRENAR:**
**— CUCHARA (CUERPO A CUERPO)**
**— FLETACHO (DEFENSA / ABSORCIÓN)**
**— CAPAS (SUPERPOSICIÓN / COMBINACIÓN DE MATERIALES)**
—*Capas* —dijo Pablo.
La ruleta giró. La información le entró como un golpe de calor en las manos. No eran imágenes ni palabras. Era memoria muscular: cómo distribuir el material de manera uniforme, cómo hacer que una capa de escombro y una capa de arcilla se complementaran sin romperse, cómo cargar el filo sin perder el equilibrio de la herramienta.
Cuando abrió los ojos, había pasado una hora. Pero él sentía que habían sido días.
Renzo lo miraba desde el banco, comiendo una galleta.
—*¿Cuántas veces entrenaste capas?* —preguntó.
—*Primera vez que lo elijo* —dijo Pablo.
Renzo silbó bajo.
—*Primera vez y ya se te nota en las manos. Sos raro, albañil.*
Pablo no contestó. Se sentó en el piso, apoyó la espalda contra la pared, y empezó a aplicar una capa de escombro en la cuchara para probar lo que había aprendido. El material se adhirió más parejo, cubriendo el filo sin acumularse en el mango. La capa quedó fina, uniforme, densa.
—*Mejor* —dijo, y sonrió.
---
Renzo terminó de comer y se levantó. Agarró su barra metálica y se paró frente al poste.
—*Voy una hora yo también. Después hablamos de lo que viene abajo.*
Pablo asintió. Vio a Renzo entrenar. No era lento, era rapidísimo. La barra metálica se movía en patrones cortos, precisos, siempre volviendo a la posición inicial. No desperdiciaba energía. Cada golpe estaba calculado.
A los cinco minutos, Renzo ya estaba transpirado. A los veinte, respiraba hondo. A la hora, se dejó caer al lado de Pablo con el brazo temblando.
—*Uf* —dijo—. *El entrenamiento del piso 3 pega más que el de los anteriores.*
Pablo le alcanzó agua.
—*¿Siempre entrenás así?*
—*Si no entreno, no avanzo.* —Renzo bebió un trago largo, se secó la boca con el manga—. *El sistema te da la entrada, pero las habilidades las trabajás vos. La ruleta te acelera el aprendizaje, no te lo regala.*
—*¿Cómo es que llevás tres meses acá?*
Renzo se quedó callado un momento. Apoyó la barra en el piso y la miró, como si la respuesta estuviera escrita en el metal.
—*Llegué hasta el piso 4 dos veces. La primera murió mi compañero. Un pibe de veintipico, recién despertado, que no sabía ni cómo agarrar el arma. No lo conocía de antes. Lo junté en el piso 1, me dio lástima, lo llevé conmigo. En el piso 4 hay una sala con sombras. Las sombras no se matan con armas. Te rodean y te chupan la energía. El pibe no supo qué hacer, entró en pánico, y las sombras lo agarraron. Yo no pude llegar a tiempo.*
Renzo hablaba sin emoción, como si estuviera leyendo un informe.
—*La segunda vez llegué solo. Duré menos. Las sombras me rodearon, me vaciaron la energía, y me escupieron de vuelta al piso 1. Perdí todos los materiales, la mitad de los ortos, y tardé dos semanas en volver a subir.*
—*¿Y esta vez?*
Renzo lo miró.
—*Esta vez llegué con vos. Y no pienso morir.*
Pablo sintió el peso de esas palabras más que las anteriores. No dijo nada. Solo asintió.
---
—*Contame cómo funcionan las recompensas* —dijo Pablo, después de un rato de silencio—. *Porque algunos monstruos sueltan cosas y otros no, y no le encuentro la lógica.*
Renzo se recostó contra la pared, los brazos cruzados.
—*No es al azar, pero casi. El sistema tiene una tabla de probabilidades para cada tipo de monstruo. Los humanoides grises tienen 30% de soltar escombro. Los gusanos, 10%. Las Masas de Arcilla, 50% de soltar arcilla viva. Los bichos de hormigón, 60% de soltar hormigón vivo. Y los jefes y mini-jefes tienen 100% de soltar material específico a veces un objeto.*
—*¿Y los objetos?*
—*Los objetos son otra cosa. No caen siempre. Hay jefes que tiran objetos raros, como tu amuleto. Y hay monstruos comunes que a veces, muy de vez en cuando, sueltan objetos. Una vez maté un murciélago de piedra y me tiró un diente que valía 200 ortos en el mercado.*
—*¿Mercado?*
Renzo sonrió.
—*No te apures. Cuando salgas de El Hueco te van a explicar todo. Hay ciudades enteras de despertados. Gente que subió de rango, que vende materiales, que compra objetos. El sistema tiene un mercado integrado.*
Pablo asintió, tratando de procesar. Un mercado. Ciudades. Gente como él.
—*Por eso los ortos son importantes* —dijo Renzo—. *Con ortos comprás entrenamiento, materiales, armaduras, objetos. Sin ortos, estás muerto antes de llegar al piso 5.*
—*¿Y los materiales?*
—*Los materiales los podés vender si no los usás. O guardarlos para mejorar herramientas. O combinarlos para crear cosas nuevas.* —Renzo se encogió de hombros—. *Depende de tu build.*
—*¿Build?*
—*Tu estilo. Hay despertados que se centran en un arma, otros en defensa, otros en velocidad. Yo soy velocidad. Vos...* —Renzo lo miró—. *Vos tenés pinta de todo terreno. Cuchara para atacar, fletacho para defender, capas para potenciar. Es buena build.*
Pablo asintió, sin saber bien qué responder.
---
—*Mostrame cómo usás la barra* —dijo Pablo.
Renzo lo miró con una ceja levantada.
—*¿Para qué?*
—*Quiero saber cómo pelea mi compañero.*
Renzo soltó una risa corta, pero se levantó. Agarró la barra, se paró frente al poste de entrenamiento, y ejecutó una serie de movimientos: un golpe horizontal rápido, un corte ascendente, una estocada, un barrido bajo, y un giro completo que terminaba en posición defensiva.
—*No tengo técnicas con nombre raro* —dijo, volviendo a la posición inicial—. *Solo sé pegar rápido y no quedarme quieto.*
Pablo se levantó. Agarró su cuchara, se paró frente a Renzo.
—*Atacame.*
—*¿Estás seguro?*
—*Atacame.*
Renzo atacó. No a full, pero rápido. La barra vino en diagonal. Pablo levantó el fletacho, lo recibió, y contraatacó con la cuchara en un movimiento corto. Renzo lo esquivó por centímetros.
—*Bien* —dijo Renzo, y atacó de nuevo.
Esta vez Pablo no bloqueó. Se movió al costado, dejando pasar el golpe, y cuando Renzo quedó expuesto, le puso el filo de la cuchara a medio centímetro del costado.
—*Tocaste* —dijo Renzo, sin sonreír—. *Bien tocado.*
—*Te leo los movimientos* —dijo Pablo—. *Antes de que ataques, girás el hombro derecho. Es un tic.*
Renzo se quedó callado un segundo. Después sonrió, por primera vez con ganas.
—*Tres meses acá y nadie me había dicho eso. Tenés buen ojo, albañil.*
—*Ojo de oficio* —dijo Pablo—. *Mi viejo decía que un albañil que no lee la pared antes de tocarla, no es albañil.*
Renzo asintió, lento.
—*Tu viejo sabía.*
—*Sabía.*
Se sentaron de nuevo. Compartieron el agua. El silencio era más liviano ahora.
—*Mañana bajamos al piso 4* —dijo Renzo—. *La Cámara Seca. Sin luz. Las sombras se mueven por el sonido. Si no sabés estar quieto, te encuentran.*
Pablo asintió.
—*Estaré quieto.*
—*No. Quieto no. Tenés que moverte sin hacer ruido. Es distinto.*
Pablo no respondió. Miró el amuleto en su pecho, la cuchara en su mano, el fletacho apoyado contra la pared.
—*Enséñame* —dijo.
Renzo lo miró un momento.
—*Cincuenta ortos la clase.*
—*Está bien.*
Renzo sonrió, y empezó a enseñarle.
---
Pasaron dos horas. Renzo le mostró cómo pisar con el borde externo del pie, cómo distribuir el peso para no arrastrar las suelas, cómo respirar por la nariz y no por la boca, cómo moverse en la oscuridad usando el tacto de los pies más que la vista.
Pablo aprendió más lento que con la ruleta, pero más sólido. Cada error lo repetía hasta que salía bien. Renzo no se apuraba, no se enojaba. Solo corregía.
—*Bajamos mañana* —dijo Renzo, cuando terminaron—. *Dormí bien.*
Pablo asintió. Se tiró en el banco y cerró los ojos.
Pero antes de dormirse, pensó en el mercado del sistema, en las ciudades de despertados, en que alguna vez iba a salir de El Hueco y no sabía qué se iba a encontrar.
Y pensó en Vale. En el dibujo del casco amarillo. En que todavía no había vuelto a cumplirle la promesa.
—*Vuelvo* —dijo en voz baja, en la oscuridad—. *Te juro que vuelvo.*
---
**FIN DEL CAPÍTULO 5**



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Editado: 10.07.2026

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