El Super albañil

Cap 6 La Cámara Seca

# Capítulo 6: La Cámara Seca
A la mañana siguiente —o lo que el sistema llamaba mañana, porque no había ventanas ni sol— Pablo se despertó con el cuerpo más suelto. El sueño había sido profundo, sin sobresaltos.
Renzo ya estaba listo. Se había atado un pañuelo oscuro alrededor del cuello y llevaba la barra metálica envuelta en un trapo para que no reflejara luz, aunque en el piso 4 no iba a haber nada que reflejar.
—*¿Dormiste bien?* —preguntó sin mirarlo.
—*Bien.*
—*Comé algo. El piso 4 no tiene zonas seguras intermedias. Son seis horas seguidas hasta la salida, si llegamos.*
Pablo comió sin apetito. Galletas duras, carne seca, agua. Masticó despacio, sintiendo cada bocado. Después revisó sus materiales: escombro sólido x2, arcilla viva x1. No era mucho. Aplicó una capa fina de escombro en la cuchara y otra de arcilla en el fletacho. Le quedaba reserva para una recarga de cada uno.
—*¿Y si no llegamos?* —preguntó.
Renzo se ajustó el pañuelo.
—*Si no llegamos, morimos. Simple.*
Pablo asintió. Agarró la cuchara, el fletacho, y se paró al lado de Renzo frente al círculo de luz.
—*Bajamos.*
La luz los tragó.
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Llegaron al piso 4 y la oscuridad fue inmediata.
No era una oscuridad gradual, como cuando se pone el sol. Era una oscuridad absoluta, sólida, como si alguien hubiera apagado el mundo con un interruptor. Pablo no veía ni sus propias manos. Solo sentía el piso bajo los pies —hormigón seco, liso— y el aire quieto, sin viento, sin olor.
—*No te muevas* —susurró Renzo, a su lado.
Pablo se quedó quieto. Oyó su propia respiración, los latidos de su corazón. Nada más.
—*La Cámara Seca* —dijo Renzo, la voz apenas un hilo—. *Tres kilómetros de galerías. Sin luz. Las criaturas de este piso no tienen ojos. Cazan por sonido. Si hablás fuerte, te encuentran. Si corrés, te encuentran. Si respirás muy hondo, te encuentran.*
—*¿Y cómo vamos a pelear?* —susurró Pablo.
—*Escuchando. Sintiendo. Vamos pegados a la pared derecha. Avanzamos despacio. Si sentís algo, pará. Si oís algo, pará. Yo marco el ritmo.*
Pablo sintió que Renzo le tocaba el hombro, y después sintió que empezaba a moverse. No oía los pasos, pero sentía el desplazamiento de aire.
Se pegó a la pared derecha y empezó a caminar. Paso lento, borde externo del pie, peso distribuido. Como había practicado.
---
Los primeros veinte minutos fueron silencio total.
Pablo caminaba con una mano rozando la pared, la cuchara lista en la otra, el fletacho pegado al costado del cuerpo para que no chocara contra nada. El amuleto colgaba sin moverse. Sentía el pulso en el cuello.
Cada tanto, Renzo paraba. Pablo paraba también. Escuchaban. Silencio. Seguían.
En una de esas paradas, Pablo sintió algo. No un ruido. Una vibración. Muy leve, desde el piso. Como si algo estuviera arrastrándose debajo de las losas.
Renzo también lo sintió. Pablo lo notó porque la mano de Renzo le apretó el hombro dos veces: alerta.
La vibración se detuvo.
Esperaron. Diez segundos. Veinte.
Nada.
Renzo soltó el hombro y siguieron.
---
A la hora, la galería se ensanchó. Pablo lo supo porque el sonido de sus propios pasos cambió de tacto —la pared se alejó, el espacio se abrió. Entraron a una sala.
Renzo lo llevó a un costado, lo sentó contra la pared. Pablo sintió el gesto: descanso breve.
Se quedaron ahí, en silencio, cinco minutos. Diez.
Y entonces lo oyó.
Un ruido húmedo, como carne arrastrándose sobre piedra. Venía del otro lado de la sala.
Pablo apretó la cuchara. Renzo ya se había movido, aunque Pablo no lo oyó.
El ruido se acercaba.
Pablo contuvo la respiración. La oscuridad era total, pero el sonido le dibujaba una imagen: algo grande, de cuerpo pesado, que se arrastraba lento. No venía directo. Zigzagueaba.
—*Olfatea* —susurró Renzo, tan bajo que Pablo casi no lo oyó—. *Busca. Quieto.*
Pablo se quedó inmóvil. La criatura pasó a menos de dos metros. Oyó la respiración —honda, húmeda, con un silbido en cada exhalación. El olor llegó después: a tierra mojada, a humedad, a algo podrido.
Pablo no se movió. Ni los dedos. Ni los párpados.
La criatura pasó de largo, hacia el otro extremo de la sala. El ruido de arrastre se fue apagando hasta desaparecer.
Renzo esperó treinta segundos después del último sonido. Después le tocó el hombro: seguimos.
Siguieron.
---
Avanzaron otra hora. La galería se angostaba y se ensanchaba, subía y bajaba. Pablo perdió la noción de la dirección. Solo sabía que iban hacia adelante, siempre pegados a la pared derecha, siempre en silencio.
En un punto, Renzo paró de golpe.
Pablo sintió la tensión en el hombro antes de que Renzo lo tocara. Venía algo. Rápido.
—*Sombras* —susurró Renzo—. *Varias. Nos rodearon.*
Pablo sintió el aire cambiar. La temperatura bajó. Y escuchó: no pasos, sino susurros. Como muchas voces hablando al mismo tiempo, tan bajito que era casi imperceptible.
—*No dejes que te toquen* —dijo Renzo—. *Te chupan la energía. Movete constante.*
Y salió disparado.
Pablo no lo vio, pero lo sintió: el desplazamiento de aire, el golpe seco de la barra contra algo blando. Un chillido. Otro golpe.
Pablo se movió. No sabía a dónde, pero no podía quedarse quieto. Dio tres pasos rápidos a la izquierda, sintió un roce en el brazo —frío, como hielo— y giró con la cuchara. El filo cortó aire y algo más. Otro chillido.
Las sombras se movían alrededor, susurrando, buscando el contacto. Pablo se movía en círculos cortos, cambiando de dirección, la cuchara siempre lista. No veía, pero sentía el frío antes de que llegaran. Como una corriente de aire antes de un golpe.
Una sombra se acercó por la derecha. Pablo lo sintió, giró, descargó la cuchara en diagonal. El filo atravesó la sombra —no sintió resistencia, solo un frío que le subió por el brazo— y la criatura se deshizo en un susurro largo y agudo.
Otra sombra vino de atrás. Pablo no la sintió a tiempo. La mano fría le agarró el hombro y sintió cómo la energía se le iba, como si le estuvieran succionando el calor del cuerpo.
—*No* —dijo, y se tiró al piso, arrastrándose, rompiendo el contacto.
La sombra perdió el agarre. Pablo rodó, se puso de pie, y descargó un golpe ciego con la cuchara. Acertó. La sombra chilló y desapareció.
Silencio.
Pablo respiró hondo, apoyado en el fletacho. Le temblaban las piernas.
—*Renzo* —susurró.
—*Acá* —respondió la voz desde algún lugar a la izquierda—. *¿Cuántas mataste?*
—*Dos.*
—*Tres yo. Quedan más en la sala, pero se retiraron. Sigamos.*
Pablo sintió que Renzo se acercaba, le tocaba el hombro, y empezaba a caminar de nuevo.
Siguieron.
---
Dos horas después llegaron al punto más angosto del piso: un pasillo de menos de un metro de ancho, con el techo tan bajo que tenían que ir agachados.
Y ahí, en el medio del pasillo, el ruido.
No era un arrastre. Era una respiración lenta, rítmica, profunda. Algo estaba durmiendo en el pasillo. Algo grande.
Pablo sintió que Renzo se detenía justo delante de él. Esperaron.
—*Tiene que haber otra salida* —susurró Renzo—. *No puede ser que el único paso esté bloqueado. En el chat decían que el piso 4 tiene pasadizos alternativos.*
—*¿Chat?* —preguntó Pablo, confundido.
—*¿No sabés que hay un chat del sistema?*
—*No.*
Renzo se quedó callado un segundo. Después, a pesar de la situación, soltó un susurro de risa.
—*Boludo, tenés que investigar más. Hay miles de despertados conectados. Posts, guías, advertencias, builds. Todo el mundo postea. Por eso sé lo que sé. Porque leo.*
Pablo no supo qué decir. Había estado tan metido en sobrevivir que ni siquiera había mirado si el sistema tenía algo más que stats y ortos.
—*Bueno, ahora sabés* —dijo Renzo—. *Cuando salgamos, revisá la interfaz. Hay un icono de chat. Apretalo. Ahí te enterás de todo.*
—*¿Y ahora?*
Renzo guardó silencio un momento.
—*Ahora buscamos el pasadizo. La criatura que duerme es un Devorador de Cal. Si lo despertamos, nos come enteros. Mejor no.*
Pablo asintió. Retrocedieron despacio hasta la sala anterior y empezaron a recorrer las paredes con las manos, buscando una junta distinta, un hueco, una entrada alternativa.
Después de veinte minutos, Pablo encontró algo. Un tramo de pared donde el tacto cambiaba: no era hormigón liso, sino piedra más porosa, que cedía un poco bajo la presión.
Golpeó suavemente con los nudillos. Sonó a hueco.
—*Acá* —susurró.
Renzo se acercó, palpó la pared, y asintió aunque Pablo no lo viera.
—*Está sellada con arcilla seca. Se puede romper, pero hay que hacerlo silencioso.*
Pablo sacó la cuchara. Con la punta, empezó a raspar la arcilla seca, milímetro a milímetro. Renzo hizo lo mismo del otro lado. Trabajaron en silencio, sintiendo el material desprenderse bajo las herramientas.
Tardaron cuarenta minutos en abrir un hueco del tamaño de un hombre. Del otro lado, aire fresco. Otro pasillo.
Pasaron.
---
El pasadizo los llevó directo a la salida del piso 4. Sin más encuentros. Cuando el círculo violeta apareció al final de la galería, Pablo sintió que podía respirar de nuevo.
**PISO 4 COMPLETADO.**
**ENEMIGOS DERROTADOS: SOMBRAS (8). OTROS (2 EVITADOS).**
**TRAMPAS SUPERADAS: 0.**
**ORTOS GANADOS: 120.**
**RECOMPENSAS ADICIONALES:**
**DEVORADOR DE CAL EVITADO (+50 ORTOS POR SIGILO).**
**PASAJE SECRETO ENCONTRADO (+30 ORTOS).**
**OBJETO RECIBIDO: FRAGMENTO DE SOMBRA (x1).**
**DESCANSO MÍNIMO: 8 HORAS.**
**TIEMPO TRANSCURRIDO EN EL SISTEMA: 14 HORAS.**
**TIEMPO TRANSCURRIDO EN EL MUNDO EXTERIOR: 4 HORAS.**
Pablo se quedó mirando la última línea.
—*Cuatro horas* —dijo—. *Ayer en la noche no aparecí. Hoy... hoy ya es de día otra vez. Laura debe estar volviéndose loca.*
Renzo lo miró.
—*¿Familia?*
—*Familia.*
Renzo asintió, sin preguntar más. Señaló el círculo violeta.
—*Zona segura del piso 4. Mañana bajamos al 5. El último.*
Pablo asintió.
Entraron al círculo. La luz violeta lo envolvió y lo llevó a una sala más grande que todas las anteriores. Ahí había comida, agua, dos postes de entrenamiento, y un banco largo.
Y en la pared del fondo, un mural.
Pablo se acercó. Era igual a los que había visto en el piso 3: la figura de un constructor, esta vez de pie sobre una montaña de sombras, la cuchara en alto. Pero al pie del mural, alguien había grabado algo con letras toscas:
*"El que fragua solo, se quiebra."*
Pablo se quedó mirando la frase.
Renzo se sentó en el banco, apoyó la barra al lado, y dijo:
—*Mañana nos enfrentamos al Golem. Y después, albañil, vas a ver lo que hay del otro lado.*
Pablo asintió. Se sentó al lado de Renzo, agarró una galleta, y la mordió sin ganas.
Pero su mente ya estaba en el chat. En el icono que no había visto. En toda la información que no había buscado.
—*Cuando salga* —dijo—. *Voy a mirar ese chat.*
Renzo sonrió.
—*Ahora empezás a entender.*
---
**FIN DEL CAPÍTULO 6**



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En el texto hay: #familia, #litrpg, #progressionfantasy

Editado: 10.07.2026

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