# Capítulo 8: El Regreso
La puerta de luz lo escupió en una calle de tierra.
Pablo cayó de rodillas, las manos abiertas contra el piso. Levantó la cabeza. No había techo de piedra ni luz violeta. Había cielo. Oscuro, estrellado, con una luna creciente colgando arriba de los techos de chapa.
Estaba en las afueras de un pueblo. Casas bajas, algunas de ladrillo visto, otras de madera, calles de tierra apisonada. Faroles violetas colgaban de postes de metal, iluminando el camino con una luz tenue.
A su lado, Renzo apareció un segundo después.
—*Asentamiento Seco* —dijo, estirando los brazos—. *Bienvenido a la civilización.*
Pablo se puso de pie. Miró alrededor. El aire olía a tierra seca y a comida cocinándose. Voces a lo lejos, risas, el golpe de una puerta. Gente. Gente como él.
—*Esto es una ciudad de despertados.*
—*La más chica* —dijo Renzo—. *Acá paran los que recién arrancan. Cuando subís de rango te mudás a Villa Junta. Pero para empezar, está bien.*
Pablo asintió, pero tenía la cabeza en otra parte. En la casa de Laura. En Vale. En el teléfono que había dejado en la obra.
—*Necesito volver.*
—*Lo sé.* —Renzo señaló una plaza a lo lejos—. *Ahí hay un Portal de Salida. Te lleva al punto donde despertaste. Es gratis la primera vez.*
Pablo ya estaba caminando. Renzo lo siguió sin apurarse. En la plaza, frente al arco violeta, Pablo se giró.
—*Gracias* —dijo—. *Sin vos no salía del piso 3.*
Renzo se encogió de hombros.
—*Sin vos yo tampoco salía del 4. Estamos a mano.*
Se estrecharon la mano.
—*Si volvés* —dijo Renzo—, *buscame en el mercado. Siempre ando por ahí.*
—*Voy a volver.*
Renzo sonrió, dio media vuelta, y se fue calle abajo, con las manos en los bolsillos.
Pablo cruzó el portal.
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Apareció en la obra. La misma chapa, el mismo galpón, pero de noche. Las luces de la calle encendidas. El paredón a medio terminar. La mezcla seca en el balde.
Su teléfono, apoyado en una viga, vibrando.
Lo agarró. 17 llamadas perdidas de Laura. 8 de Diego. 4 de Don Héctor. Mensajes: "Pablo contestá", "¿Dónde estás?", "Llamá urgente".
Marcó.
Laura atendió al primer tono.
—*¿Pablo?* —La voz le salió entre alivio y bronca—. *¿Dónde rayos estabas?*
—*Escuchame, estoy bien. Estoy entero. Voy para allá.*
—*Te busqué todo el día. Llamé a Don Héctor, a los peones, a tus amigos, a los hospitales. Trece horas, Pablo.*
—*Lo sé. Te juro que lo sé. Voy en veinte minutos.*
Colgó. Guardó el teléfono. Y caminó.
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Llegó a lo de Laura a las once y media de la noche. Tocó el timbre. Laura abrió antes de que terminara de sonar. Lo miró de arriba abajo: la ropa sucia, rasgada, los brazos marcados de cicatrices nuevas.
Sin decir nada, lo abrazó. Fuerte.
—*Pasá* —dijo.
Pablo entró. La casa en silencio. La tele apagada. Un plato de comida tapado en la mesa.
—*¿Vale?* —preguntó.
—*Dormida. Preguntó por vos hasta las diez. Dijo que le habías prometido los dibujos.*
Pablo respiró hondo.
—*Mañana vengo y le enseño.*
Laura asintió. Se sentaron en la cocina. Pablo comió en silencio, ella lo miró. Cuando terminó, él contó. Todo. La cuchara, el portal, la mazmorra, las criaturas, Renzo, el Golem, la cinta métrica.
Laura lo escuchó sin interrumpir. Cuando él terminó, se quedó en silencio un momento.
—*¿Te puedo ayudar en algo?* —preguntó al final.
Pablo la miró. No esperaba esa respuesta.
—*No sé* —dijo—. *Supongo que con saber que estoy bien.*
—*Eso siempre.* —Laura se levantó, agarró los platos—. *Dormí acá. Mañana desayunamos juntos.*
Pablo se quedó a dormir en el sillón, con una manta que olía a suavizante y la cinta métrica apoyada en la mesa de luz.
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El domingo a la mañana, Pablo despertó con el sol entrando por la ventana y olor a café.
Se incorporó. Laura estaba en la cocina. Vale ya estaba despierta, sentada en el living con el cuaderno de dibujo abierto. Cuando vio a Pablo, sus ojos se iluminaron.
—*¡Tío!* —saltó del sillón y se le tiró encima.
—*Hola, Vale.* —La abrazó fuerte—. *¿Qué tal?*
—*Mamá dijo que habías estado trabajando mucho. ¿Ya terminaste?*
Pablo la miró.
—*Casi. Pero hoy estoy acá. ¿Qué dibujaste?*
Vale le mostró el cuaderno. Había una cuchara gigante volando sobre una ciudad de colores, con una figura agarrada de ella.
—*Sos vos* —dijo Vale, señalando la figura—. *Volás con la cuchara.*
—*Está buenísimo* —dijo Pablo—. *Pero la cuchara no vuela. Se usa para construir.*
—*Y para volar también, si querés.*
Pablo sonrió.
—*Dale, enseñame a dibujarla bien.*
Pasaron la mañana así. Vale dibujaba, Pablo corregía el trazo, le mostraba cómo hacer líneas rectas sin regla, cómo dar sombra con el costado del lápiz. Ella lo miraba con atención, repetía los movimientos, y después le mostraba el resultado con orgullo.
A la hora del almuerzo, Laura los llamó. Comieron los tres juntos. Después Pablo ayudó a lavar los platos, y cuando terminó, agarró la campera.
—*Voy a lo de mamá* —dijo.
Laura asintió.
—*Te espera.*
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Antes de ir, Pablo se sentó en el living y abrió la interfaz del sistema. Era la primera vez que la exploraba con tranquilidad, sin urgencia, sin una pelea esperando.
**PERFIL:**
**PABLO ROLDÁN — RANGO: ROCA (3/10)**
**ORTOS: 957**
**HERRAMIENTAS:** Cuchara, Fletacho, Cinta Métrica
**MATERIALES:** Escombro x2, Arcilla viva x1, Hormigón vivo x3, Cal en bruto x2, Fragmento de sombra x1
**OBJETOS:** Amuleto de Junta Seca, Núcleo de Argamasa
**CHAT — PINNED POSTS:**
Pablo scrolleó un rato hasta que encontró lo que buscaba.
*"Cinturón de 4 ranuras: se fabrica gratis en el yunque del mercado de Asentamiento Seco. Materiales básicos los da el sistema. No requiere tiempo de espera. 4 ranuras para herramientas o materiales."*
Y abajo, en los comentarios:
*"Confirmado. En mazmorras de rango Ladrillo+, cada ranura ocupada con herramienta despertada suma +5% de recompensa en ortos. Con 4 herramientas, +20% en cada pelea."*
Pablo silbó bajo.
—*Veinte por ciento más de ortos* —dijo—. *Y es gratis.*
Siguió explorando.
**MERCADO DE ASENTAMIENTO SECO — ARTÍCULOS PARA RANGO ROCA:**
| Artículo | Precio | Efecto |
|----------|--------|--------|
| Llana de Combate | 400 ortos | +12% daño en herramientas tipo paleta |
| Cuchillo de Piedra Afilada | 120 ortos | +5% daño cortante |
| Martillo de Desmonte | 200 ortos | +10% daño contundente |
| Peto de Cuero Reforzado | 250 ortos | +10% defensa física |
| Guantes de Piedra Flexible | 180 ortos | +5% agarre |
| Botas de Tierra Pisada | 200 ortos | +5% velocidad en terrenos irregulares |
| Poción de Barro (cura menor) | 40 ortos | Recupera 15% salud |
| Poción de Junta (cura media) | 100 ortos | Recupera 35% salud |
| Polvo de Cal (3 usos) | 80 ortos | +20% daño en próximo golpe |
| Pergamino de Retorno | 50 ortos | Teletransporte al último Portal de Salida |
Pablo agarró la libreta que Laura le había dado y anotó:
**— Cinturón: gratis en yunque de Asentamiento Seco.**
**— Llana de Combate: 400.**
**— Botas de Tierra Pisada: 200.**
**— Polvo de Cal: 80.**
**— Poción de Junta x2: 200.**
**— Total: 880.**
Le quedaban 77 ortos. Justo.
—*Voy a tener que vender algo* —murmuró—. *O volver a entrar.*
Cerró la libreta, la guardó en el bolsillo, y se levantó.
—*Me voy* —dijo—. *Vuelvo a la noche.*
Laura lo despidió desde la puerta. Vale le dio un abrazo apretado.
—*¿Mañana venís de nuevo?* —preguntó.
Pablo la miró.
—*Mañana no sé. Pero vuelvo siempre, Vale. Siempre.*
Vale sonrió y volvió corriendo a sus dibujos.
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Caminó las seis cuadras hasta la casa de su vieja. El barrio tranquilo del domingo. Gente barriendo la vereda, chicos jugando en la calle, el olor del mediodía.
Llegó a la casa de siempre. La puerta de madera, el timbre que sonaba igual desde que tenía memoria. Tocó.
Mirta abrió.
La miró un segundo, como siempre hacía. Como revisando que estuviera entero.
—*Pablito* —dijo, sin más—. *Pasá, te hice comida.*
Pablo pasó. La mesa estaba puesta. Comió con ella en silencio, como hacía siempre.
Después del almuerzo, Mirta lavó los platos y él se quedó sentado en la mesa, mirando la libreta abierta, los números, los planes.
—*¿Estás bien?* —preguntó ella, sin darse vuelta.
—*Sí, mamá.*
—*Seguro.*
—*Seguro.*
Ella no preguntó más. Pero cuando Pablo se fue, a eso de las seis de la tarde, ella le puso un tupper con comida en la mano y lo miró a los ojos.
—*Vení seguido* —dijo—. *No hace falta que avises.*
Pablo asintió. Guardó el tupper.
—*Voy a venir.*
Y caminó de vuelta a su casa con el tupper y la libreta, sintiendo que el sistema podía esperar un día más.
Pero no ucho más.
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Editado: 10.07.2026