El susurro de la Lluvia

EXTRA V

Samara

Decían que en Italia las campanas suenan distinto el día de una boda.
Quizás era cierto, porque ese día, cada sonido parecía latir al ritmo de mi corazón.

La villa donde nos casaríamos estaba rodeada de viñedos dorados por el sol.
Los invitados llegaban con flores en el cabello, con trajes claros y sonrisas sinceras.
Había música de cuerdas, el murmullo del vino sirviéndose en copas, y una brisa que olía a lavanda y mar.

Mi madre, Lilian, ajustaba el velo con dedos temblorosos.
—Estás preciosa, mi amor —susurró—. No puedo creer que la pequeña que pintaba en las paredes se esté casando.
—Y tú no envejeces —le respondí con una sonrisa, aunque la voz me temblaba.

Saray, mi hermana, entró con los niños: Nikolas y Sebastián Jr.
—¡Tía Sam, te ves como una princesa! —gritó Nikolas.
—Gracias, caballero —le dije, dándole un beso.
—¿Y Alessandro será mi tío para siempre? —preguntó el pequeño Sebastián con una sonrisa de dientes chuecos.
—Para siempre —respondí.

Ceyla, Vittoria y Eliana aparecieron enseguida, riendo entre murmullos.
—Si lloras antes de entrar, te arruinas el maquillaje —dijo Ceyla, aunque ya tenía los ojos vidriosos.
—Imposible no hacerlo —añadió Vittoria—. Has sobrevivido tanto para llegar aquí.
—Y lo mejor —dijo Eliana— es que lo haces con él.

De camino a la parte principal mi papá me esperaba, su boca temblaba y sus ojos llenos de lágrimas me miraban, de pequeña recordaba como papá jugaba a ser mi príncipe y mi héroe, durante mi etapa más baja cuando Felipe falleció papá fue quien me sostuvo, me dio de comer cuando no quise y estuvo incondicional a mi, lo mismo cuando nos dimos cuenta que Saray sería madre joven, cuando su pareja desapareció en el momento que nació Sebastián, papá es la persona más increíble del mundo y que pueda llevarme al altar ha sido nuestro sueño.

— Te ves preciosa— murmuró en un sollozo— mi princesa, mi niña, mi bebé en qué momento creciste en esta maravillosa mujer?

Me abrazó y aunque intentaba no llorar, no podía evitar sentirme como esa pequeña niña con vestido de princesa que esperaba a que llegara del trabajo para poder jugar con él. Cuando logramos calmarnos, me aferré a su brazo mientras caminábamos hacia la puerta.

La puerta se abrió.
El aire cálido del mediodía me envolvió.

Narrado por Alessandro

Nunca estuve tan nervioso, ni cuando le pedi que nos casáramos, todo me temblaba y sentía que las piernas me fallarían pronto.
Ni en una junta, ni en una inauguración, ni en un vuelo de negocios.
Nada se comparaba con esperar a Samara.

Mi padre,estaba junto a mí, impecable en su traje oscuro.
—Figlio mio, recuerda —me dijo con voz baja—, los Moretti no tiemblan.
—No, pero los enamorados sí —le respondí.
Él sonrió apenas.
—Buona fortuna, Alessandro.

Mikael me dio una palmada en la espalda, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Si te equivocas en los votos, improvisa. Ella ama los artistas.
Carlos, Luka y Damián reían desde el fondo, mientras Vittoria, Ceyla y Eliana acomodaban las flores.
Alessia, mi hermana, afinaba el violín para tocar la melodía que ella misma compuso para este día. Todos nuestros seres amados se encontraban aquí y aunque mi madre no estaba presente, mi corazón sabía que se encontraba conmigo y sonriendo con esa sonrisa tan de ella.

Y entonces, el tiempo se detuvo.

Samara apareció al final del pasillo, tomada del brazo de su padre.
Vestía de blanco, con la mirada brillante y los labios temblorosos.
Mi pecho dolía de tanta emoción y mis ojos se esforzaban en no llorar.

Cuando su padre me la entregó, me dijo en voz baja:
—Cuídala como lo has hecho, y déjala ser libre como siempre ha sido.
—Lo prometo —respondí.

La ceremonia avanzaba con calma, entre lágrimas y sonrisas. Entonces el sacerdote nos permitió decir nuestras promesas.

Ella habló primero, con voz suave pero firme.

—Alessandro Moretti, llegaste cuando no sabía si amar era aún posible, cuando el miedo de ser lo que soy era terriblemente grande. Te quedaste conmigo cuando era imposible para mi querer. Con tus silencios me enseñaste paz, con tus palabras me enseñaste valor.
Te prometo compartir cada lluvia y cada amanecer,
ser tu refugio cuando el ruido del mundo te canse,
y pintar contigo todos los colores que la vida nos regale. Agradezco a Dios por ponerte en mi vida y sé que tu madre desde donde esté nos acompaña y está orgullosa del hombre que eres.

Yo respiré hondo antes de hablar.

—Samara Barker, tú eres la razón por la que la lluvia dejó de doler.
Desde que entraste a mi vida, entendí que el amor no se busca, se encuentra en medio del caos.
Te prometo sostener tu mano incluso cuando tengas miedo,
reír contigo hasta cuando nada tenga sentido,
y recordarte cada día lo que ya sé desde el primero:
que eres mi hogar, y mi eternidad comienza contigo. Trabajaré para apoyarte en todo y recordar lo valiosa que eres cuando dudes de ti misma. El amor que te tengo es imposible de expresarlo o mostrarlo pero daré lo mejor de mi para que nunca dudes del amor que te tengo.

El sacerdote sonrió.
—Por el poder que me ha sido otorgado… los declaró marido y mujer.

Y el mundo se detuvo.
Sus labios, la música de fondo, los aplausos, todo se mezcló en un instante perfecto.

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El jardín de la villa se llenó de luces doradas y mesas cubiertas de flores blancas y vino toscano.
Lilian bailaba con Sebastián, entre risas, mientras Saray tomaba fotos de todos.
Mikael tocó una canción en guitarra junto a Alessia con el violín, y la melodía pareció abrazar cada rincón.




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