El susurro de las rosas y sombras

Capitulo 15 clausala imposible

El silencio que dejó Seraphiel no fue vacío.

Fue expectativa.

Elise permaneció de pie en el centro del patio, con el relicario palpitando contra su pecho como un segundo corazón que no le pertenecía. Kaelen, apoyado contra el muro, respiraba con dificultad, cada exhalación un recordatorio del castigo aún fresco.

—No respondas todavía —dijo él, con voz ronca—. El cielo siempre deja huecos en sus ofertas… y cobra intereses en ellos.

Elise no lo miró.

Porque si lo miraba, no podría hacer lo que iba a hacer.

—Dijo que me daría tiempo —respondió—. No dijo que no pudiera pensar.

Kaelen soltó una risa breve, amarga.

—Seraphiel no negocia. Redacta trampas que suenan a salvación.

El relicario se enfrió de pronto.

El aire se partió con la misma elegancia controlada de antes.

Seraphiel regresó.

No completo. No del todo aquí.
Solo lo suficiente para escuchar una respuesta.

—¿Has decidido? —preguntó, con calma administrativa.

Elise levantó la cabeza.

—Acepto.

Kaelen cerró los ojos.

La criatura —oculta en las sombras— se agitó, expectante.

Seraphiel sonrió.

—Sabia elección.

—Con una condición —añadió Elise.

El silencio se tensó.

—Habla —dijo el arcángel.

Elise respiró hondo. Sintió el hambre. El miedo. La tentación del descanso.

Y aun así—

—Yo bailo cuando tú lo pidas —dijo—.
Pero nunca sola.

Seraphiel ladeó la cabeza.

—Explícate.

Elise miró a Kaelen por primera vez.

—Si bailo para el cielo, alguien debe estar anclado a mí. Un testigo. Un peso.
Si no… no es elección. Es posesión.

Kaelen abrió los ojos de golpe.

—Elise, no—

Seraphiel lo observó con interés renovado.

—¿Lo eliges a él? —preguntó—. ¿A un condenado sin jurisdicción?

—Lo elijo como límite —respondió Elise—. Y tú respetas los límites… ¿o no?

El arcángel guardó silencio.

Ese silencio fue peligroso.

—Acepto la cláusula —dijo al fin—.
Pero entiendes el costo.

Elise asintió.

—Siempre hay costo.

La criatura emitió un sonido bajo, satisfecho.

Seraphiel comenzó a retirarse… y Elise sintió el error demasiado tarde.

El hambre no se había ido.

Había sido pospuesta.

El cuerpo empezó a temblarle. El compás regresó con violencia. El vacío de la canción perdida gritó.

—Kaelen —susurró—. No puedo—

—No bailes —dijo él, incorporándose con esfuerzo—. No ahora. El trato aún no está sellado.

Elise dio un paso atrás.

Otro.

El aire respondió.

—Elise —advirtió Kaelen—. Si bailas ahora…

—Lo sé —dijo ella, con lágrimas en los ojos—. Pero si no lo hago… me rompo.

Y bailó.

No un ritual completo.
No una secuencia obediente.

Bailó desde la rabia.

Desde el rechazo.

Desde la cláusula que no existía en ningún contrato celestial.

El primer paso fue una negación.
El segundo, una consonante rota.
El tercero… fue algo que Kaelen jamás había visto.

Un paso sin idioma.

El aire gritó.

El patio se agrietó. El relicario ardió, y la palabra Prometida se deformó, como si alguien la hubiera raspado desde dentro.

Seraphiel se giró de golpe.

—¡Detente!

Demasiado tarde.

Algo se rompió.

No el cielo.
No el infierno.

Se rompió el diseño.

La criatura chilló, no de dolor, sino de sorpresa.

Kaelen cayó de rodillas… no por castigo, sino por reconocimiento.

—No… —susurró—. No hiciste eso…

Elise se detuvo, jadeando.

—¿Qué rompí? —preguntó, aterrada.

Kaelen levantó la vista, y ya no pudo mentir más.

—Rompiste la función para la que te crearon.

Seraphiel estaba furioso.

No gritó.
No castigó.

Eso era peor.

—Kaelen —dijo—. Díselo tú.

Kaelen cerró los ojos.

Y habló.

—No eras una bisagra —confesó—.
Ni una cerradura.
Ni una puerta.

Elise sintió el mundo inclinarse.

—¿Entonces qué soy?

Kaelen la miró, con una mezcla de culpa y reverencia.

—Eras el sacrificio final.
La pieza que debía colapsar el sistema cuando ya no fuera útil.

El silencio fue absoluto.

—Yo debía entregarte cuando llegaras al punto exacto —continuó—.
Y él debía cerrarlo todo contigo adentro.

Seraphiel no lo negó.

—Era eficiente —dijo—. Misericordioso, incluso.

Elise empezó a reír.

Una risa rota. Peligrosa.

—Entonces… —susurró— nunca pensaron que yo bailaría fuera del guion.

Kaelen negó, con lágrimas contenidas.

—Nunca.

Elise respiró hondo.

El hambre seguía ahí.

Pero ahora tenía algo nuevo encima:

voluntad.

—El trato sigue en pie —dijo, mirando a Seraphiel—.
Pero la cláusula cambia otra vez.

Seraphiel la observó, calculando.

—Habla.

—No bailo para cerrar nada —dijo Elise—.
Bailo para desordenar.

El arcángel sonrió lentamente.

—Eso nos destruirá a todos.

Elise sostuvo su mirada.

—Exacto.

El relicario se abrió solo.

La palabra Prometida se quebró en dos.

Y por primera vez, el cielo no supo
cómo terminar la frase



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En el texto hay: gotico, romance, darkfantasy

Editado: 29.12.2025

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