El susurro del bosque

El honor de cumplir un deber

   Astrid tuvo problemas el resto del día y la mañana siguiente, el simple ambiente la agobiaba, su nueva naturaleza hacia más notorio todas las cosas que empezaban a desagradarle de aquel lugar, el poder oler, ver y sentir todo con tanta definición y sin poder controlarlo la estaba enfermando. Aún no había decidido si renunciaría a su nombre de mortal, aún no decidía muchas cosas y su vida cambió tan drásticamente, antes no tenía un rumbo fijo, pero ahora ese camino estaba marcado y era inexorable, debía cumplir su promesa de proteger Oren.

    Las piezas no encajaban del todo, había muchos espacios vacíos en la historia de Carrie y en sus propios recuerdos, además su ser estaba lleno de una gran nostalgia por su amigo Philip, necesitaba verle una última vez, se sentía perdida y a la vez era la primera ocasión en su vida donde tenía fijo lo que debía hacer, quizás era el hecho de tener sus propias sirvientas y aunque Dalia y Greta eran encantadoras no le gustaban tantos sus mimos y preocupaciones banales.

 Después de que las doncellas terminaran su labor bajó al comedor, era extraño, sentía la mirada de la Carrigan a donde fuera, como si la vigilara para evitar equivocaciones, pero su mente estaba muy lejos de allí, preguntándose si Philip ya habría leído su carta, qué diría al verla ahora y si ella sería capaz de perdonarlo.

 

—Debemos hablar de algo hijo. — dijo el rey sacando a Astrid de sus divagaciones, pero como no le incumbía decidió seguir distraída

—¿Qué sucede? — preguntó el joven

—El rey de Norlock me ha enviado una carta, está muy disgustado, afirma que no tienes ningún interés hacia la princesa Jessica y en muestra de su buena fe ha viajado a la frontera de su reino para que la visites antes de emprender tu misión con la elfina, así que deberías asistir cuanto antes, sabes que esta unión es muy importante, su reino estuvo a punto de iniciar una guerra con el nuestro. Es necesario que muestres algo de interés hacia la princesa.

    Astrid pudo percibir cierta tensión por parte de Cilliam, pensó que el joven debería estar eufórico por poder ver a su prometida, pero su rostro no expresaba alegría alguna.

—Entonces será mejor que me marche cuanto antes. — anunció él, Astrid reparó en que esa mañana Dafne no los acompañaba, quizás la princesita se había quedado dormida o su padre no la quería allí.

—Hay algo más. - soltó el rey mirando a Astrid. — el rey Eustaquio quiere ver a la feérica

—De ninguna manera. - protestó el príncipe malhumorado. — ella no es la atracción de un festival y tú no debiste hablarle al rey de Norlock sobre ella.

     Astrid se sintió enfadada por la libertad del rey para involucrarla sin preguntarle, le molestaba ser el placer de los curiosos y comprendió que eso hacían los monarcas imponerse sin importar la opinión de los oprimidos y admiraba a Cilliam porque a pesar de ser un monarca, se había opuesto y mostrado preocupado hacia ciertas injusticias, pero aún era ciego al sufrimiento ajeno.

 

—Ella es valiosa. — le recordó el rey a su hijo. — los demás reinos se enterarán que tenemos una conexión con un feérico y no cualquiera sino Freya la heroína, eso nos dará mucha ventaja sobre los demás, se preguntarán como lo hemos hecho, nos admirarán.

—Pero me temo mi señor.- interrumpió Freya indignada.- que no han hecho nada, estoy aquí por voluntad propia y cuando mi voluntad cambie me marcharé, además no es muy noble hablar de una dama como si estuviera ausente, sin embargo iré, no por cumplir sus deseos; la razón es que más allá de ser un elfo soy habitante de Oren y si eso beneficia a mi pueblo estoy dispuesta, pero le aclaro que no seré el entretenimiento de nadie.- el rey August la miró con ojeriza, pero Astrid cuadró los hombros, podía sentir a la Carrigan sonriendo en las profundidades por la osadía de Freya al retar al rey, así que prosiguió.- Debo añadir  que ustedes majestades no tienen ningún derecho sobre mí o las tierras feéricas, esto es solo una misión en donde estamos involucrados por conveniencia de ambos.

     Al terminar su discurso Cilliam asintió con respeto hacia la joven que con tal ímpetu se enfrentaba al rey, pero ella no lograba entender las palabras que había dicho y concluyó que fue Freya, esa parte que habitaba en su interior resurgiendo para defender lo que creía, por un momento se sintió cómoda y orgullosa de quién era.

 

—Sea como sea. — dijo el rey August imponiendo autoridad. — Irás con mi hijo a ver a su prometida, será mejor que se preparen para el viaje, el carruaje los estará esperando. - el rey salió de la habitación con aire triunfante y su hijo le siguió el paso, pero cuando su cuerpo rozó el de Astrid le susurró.

—Tu discurso ha estado perfecto. —inmediatamente una sonrisa triunfante se dibujó en el rostro de la joven feérica.

*****

     Después de alistarse, Cilliam le informó a Astrid que el viaje lo realizarían ellos dos sin acompañantes o carroza, no querían llamar mucho la atención, serían solo dos “aldeanos” que viajarían como muchos otros, tenían dos enormes capas capaces de ocultar los rasgos sobrenaturales de Astrid, especialmente sus orejas puntiagudas, ahora se encontraba vestida con unos pantalones y una camisa blanca con un chaleco, junto a unas botas que la protegerían del frío, no era muy femenino pero lo primordial era la comodidad, su cabello estaba trenzado pulcramente para que no bloqueara su vista al cabalgar. Alguien tocó su puerta y ella se apresuró a abrirla, para ver al príncipe algo tenso esperándola en el umbral.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.