Tenemos, sin darnos cuenta, una necesidad constante de quemar el pasado que ya no nos sirve. Solemos cuestionar nuestro sentido de pertenencia, quizá suelen desconectarse de su entorno o se sienten perdidos en la vida. Nos atrapamos tanto en nuestros pensamientos que terminamos sintiéndonos parte de un vacío y de una incertidumbre incapaz de quebrarse. Tenemos la necesidad de conexión, pero el miedo a salir herido estará presente siempre. Hay algo que siempre será verdad: la transformación es inevitable.
El aire fuera del refugio era más frío, ya había acabado la reunión y Mac se encontraba apoyada en una de las ventanas laterales. Su cabeza iba a mil por hora, recordando... nombres, rostros, palabras... mentiras. Algo estaba pasando de largo, ella lo sabía. Yo lo sé, pero revelarlo ahora sería muy aburrido.
— ¿Estás practicando tu pose de chica misteriosa o pensando en huir por esa ventana? — La voz, inconfundible, rompió su momento.
Mac no se inmutó. Apenas desvió la mirada.
—Estoy eligiendo cuál suena mejor
Finn se apoyó en la pared, cruzándose de brazos.
—Si eliges huir, me avisas. Para cronometrar cuánto duras allá afuera.
Mac giró los ojos a veces era tan molesto.
— ¿Tú confías en todos aquí? —preguntó de pronto, sin girarse.
Finn alzó las cejas.
—No mucho. Pero confío en mí, y eso es suficiente. ¿Tú?
Ella tardó en contestar.
— No me gusta la gente que habla bonito todo el tiempo.
— ¿Estás diciendo que prefieres mi sinceridad brutal?
—Prefiero saber a qué le tengo que disparar —dijo Mac, ahora mirándolo directo.
Hubo un breve silencio.
—Silver —dijo Finn suavemente—, si alguna vez necesitas saber a quién apuntar... Yo te diré.