Cuando nos angustiamos nos enfrentamos a nuestra inevitable finitud, ante la posibilidad extrema de no existir más. No nos angustiamos como tal por ello, no le tememos precisamente a la muerte misma. Si no el que reconozcamos que siempre habrá ese contacto con ese fin que determina nuestra vida. Nuestro proyecto inevitablemente acabará y eso también nos obliga a, de una vez por todas, hacernos cargo de nuestra existencia.
Al otro día ya todos estaban en la sala de reuniones. Jane estaba sentada en una esquina, podría sentir la mirada de Jack encima de ella hasta si estuviese dormida, debía disculparse, pero antes de ello...
—Ya estoy aquí— Natasha cierra la puerta tras ella y sus ojos se posan en Jane por un buen rato, casi se sentía sus ganas de matar a alguien.
Jane se tensó, retrocedió casi inconscientemente. Hans avanzó hacia ella, pero se detuvo. Raro.
—¿Tan temprano y ya lanzando malas vibras? —se escucha la risa de fondo de Finn, estaba recostado de una pared tratando de calmar el ambiente.
—Vaya... ahora hablas— menciona Natasha cruzándose de brazos sonriendo un poco— da igual, no tengo cabeza para discutir. Es una pérdida de tiempo.
Axel tensó la mandíbula, su mirada de desprecio hacia ella era algo difícil de ocultar.
—Hola a todos, perdonen la demora— llegó Noah, siempre aparece en el momento justo— ¿Me... perdí de algo? — pregunta con una sonrisa medio nerviosa, todos estaban algo tensos.
—Hoy me siento algo mal, ¿puedo no ir a patrullar? — se le acercó Natasha con algo de confianza, era incómodo a la vista esa manera tan desagradable de cuando las chicas se enciman a otro para que las acepten.
—Claro, no te preocupes— hizo una pausa— puedes estar en tu habitación tranquila.
No bastó ni dos segundos para que la rubia se fuera de la habitación cerrando la puerta con la suficiente fuerza para que resonara en toda la habitación. Con ello, Noah soltó un suspiro, casi aliviado.
—Bien... —miró a todos—, dejando eso de lado, necesitamos reorganizar la patrulla de hoy. Natasha queda fuera, así que debemos ajustar los equipos.
Sus ojos recorrieron la sala rápidamente, midiendo los ánimos, el cansancio y hasta el silencio de algunos. Luego señaló con la mirada.
—Finn, sé que sigues adolorido, pero necesito que te hagas cargo de la ronda exterior con Sol.
—Hoy no saldremos por suministros, pero necesitamos cubrir las patrullas. Solo dos grupos esta vez. Jack, Jane. Ustedes dos revisarán el perímetro del sector sur. Manténganse en contacto por radio, no se separen. Si ven algo extraño, vuelvan. Nada de hacerse los valientes.
Jane bajó la mirada al escuchar su nombre, mientras Noah le lanzaba una mirada a Jack, quería que arreglara las cosas con la chica. Jack desvió la mirada, incómodo.
—Torre de vigilancia y sector norte, eso para el primer grupo. Finn, sé que no estás al cien, pero confío en que pueden manejarlo entre los dos.
Finn asintió desde la pared sin hacer comentarios. Sol, que no había dicho una palabra en toda la mañana, solo se levantó de su asiento con una expresión neutra y se retiró sabiendo ya su trabajo.
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Uno no va con la mala intención si es buena persona, por eso es fácil perdonarnos y por ello deberíamos tener esa misma disposición de perdonar con el resto. Uno nunca termina de conocer a las personas, pero si estamos seguros de algo, ellos son como nosotros mismos y con eso alcanza.
«Él debería disculparse conmigo», se repitió Jane mentalmente mientras caminaban en silencio.
«Se va a arrepentir y terminará pidiéndome perdón en cualquier momento», pensaba Jackson, con una sonrisa de superioridad en los labios.
Diez minutos después...
—¡Oye! —Jack rompió el silencio —. ¿No tienes algo que decirme?
— ¿Eh? ¿Por qué debería? —contestó Jane, sin mirarlo.
—¡¿Hola?! Me dejaste el labio sangrando, por si no lo recuerdas.
— ¿Y? Tú fuiste el que se metió en mi camino.
—Vamos, se notaba que ese golpe iba directo hacía mí.
—¿Quién te manda a meterte entre nosotras? Ni siquiera ibas a decir algo útil.
Jack soltó una risa sarcástica.
—Está bien... acepto tus disculpas.
—¿Perdón? Yo no te he pedido nada —Jane se cruzó de brazos, indignada.
Jack alzó una ceja y se acercó un poco más, apoyando el brazo contra la pared justo sobre la cabeza de Jane
—¿Qué pasa? ¿Estás nerviosa? Tranquila, no muerdo. No aún.
Jane lo miró sin expresión. No se movió ni reaccionó. Solo dejó pasar el momento con la misma frialdad que usaba para no meterse en más problemas. Sabía que él estaba con Natasha y no pensaba añadir más leña al fuego.
—No eres como creí —dijo sin sonrisa—. Eso me desconcierta.
Jack finalmente retrocedió con su típica sonrisa confiada.
— ¿Siempre eres así de callada? —preguntó Jack, girando el rostro hacia ella—. Me estoy empezando a sentir aburrido.
—Así es más fácil escuchar si algo se mueve —respondió Jane sin mirarlo—. Y también me ahorro tus comentarios.
Jack soltó una carcajada suave.
—Te hago la patrulla más interesante, admítelo. Conmigo no te aburrirás jamás.
—Prefiero aburrirme que estar metida en un escándalo con tu novia.
Jack dejó de sonreír gradualmente.
—Ah, sí... Natasha. Es raro... a veces pienso que ni me conoce.
Jane se detuvo.
—¿Y tú la conoces a ella? — preguntó con una ceja en alto.
—Supongo que lo justo para saber lo que quiere oír— respondió encogiéndose de hombros.
Jack se le adelantó y caminó de espaldas frente a ella.
—Me caes bien, Jane. Aunque me pegues.
—Y yo aún no he decidido si me caes bien o si solo eres molesto —respondió ella, esquivándolo para seguir adelante —¿Vienes o qué? —preguntó Jane, sin detenerse.
Jackson se incorporó de golpe y caminó hacia ella, pero justo cuando estuvo frente a frente, habló en voz baja.