El Susurro Del Fin

10

Jackson apoyó su mejilla sobre su mano mirando hacia la ventana sin prestarle atención al profesor.

—¿Iremos a la fiesta el viernes? — Natasha, quien se sentaba a su lado, interrumpió su silencio susurrándole.

Jackson se encogió de hombros.

—Si tú quieres.

Natasha sólo sonrió, y él la vio de rojo. Su sonrisa era cada vez más forzada, él lo notaba. Ella no era la misma. Aun así, caminaban de la mano en el pasillo y pretendían ser la pareja perfecta que siempre fueron. También influyó sus familias, como siempre sucede. Los padres queriendo lo mejor para sus hijos o pretendiendo hacer lo mejor para ellos. Terminan destrozándolos.

—No tienes que quererme para quedarte.

—Eso hago.

Ambos lo sabían.

꙰꙰꙰

La lluvia no era sólo agua para él. Era ruido, era miedo. Con sólo 9 años, el sonido de la tormenta y su llanto se mezclaba ese día en casa solo cuando sus padres no llegaron a tiempo. Nunca lo superó, o creyó hacerlo. Pero Natasha por alguna razón siempre sabía cuándo estaba mal. Iba a su casa desde entonces cuando el pronóstico del clima anticipaba lluvia. No hacía falta más, sólo lo distraía con películas viejas o chistes malos, algo de comida. No preguntaba, sólo se quedaba allí con él.

Con los años, cuando iba Natasha, la lluvia ya no se sentía tan pesada.

Pero un día, esperó su rutina. El cielo estaba gris y no tardó en comenzar a caer las gotas. La lluvia caía con tanta fuerza que parecía que el cielo se caía a pedazos, él no lograba ver mucho por la neblina que había. No se sentía abrumado por la lluvia, si no por Natasha ¿y si le sucedió algo? Con esa lluvia cada paso era un riesgo. Jack se tomó el pecho con fuerza.

Llamó a casa de Natasha. No estaba. Ella dijo que vendría...

Los truenos rugían, y llegó ese recuerdo... ese recuerdo que por años quiso ocultar, ese recuerdo por el cual Natasha iba más seguido a su casa. Ese recuerdo... que volvía a hacerse familiar. Las manos le temblaban, sus lágrimas volvieron a confundirse con la lluvia, tenía un nudo en la garganta, su cuerpo cayó. Volvió a ser ese pequeño niño asustado, solo. Apareció una sombra entre esa lluvia.

—¡Jackson!

Natasha.

Corrió a su lado, estaba toda empapada y se sentó a su lado sin dudar.

—¡Hey! ¡Jack! ¡Mírame! Estoy aquí. Lo siento, lo siento tanto...

Él levantó el rostro, con los ojos perdidos, vulnerables como nunca.

—No me dejes solo otra vez —susurró, apenas audible, pero firme—. Por favor, no me dejes solo.

Ella lo abrazó sin decir nada. Apretándolo contra su pecho, aunque él temblaba entero.

Porque, aunque ya no se gustaban. Aunque ya no eran los mismos.

En la lluvia, él todavía la necesitaba.

Después, ocurrió el caos. Jackson se topó con el grupo de Noah y en una salida a por suministros se encontró con la última persona que creyó poderse encontrar. Era Natasha, se encontraron como dos seres destinados a estar juntos, como que el destino lo quería así. Había un zombi, apunto de... Pero Jackson llegó a tiempo. Natasha se aferró a él, le recordaba tiempos antiguos, cuando Nat se caía y buscaba apoyo en él, eran muy niños. Ahí lo entendieron, sólo eran ellos dos.

—Por favor...—la voz de Natasha temblaba mientras se aferraba al brazo de Jack— No me sueltes... no me dejes sola.

Jackson no respondió. Pero nunca la soltó.

꙰꙰꙰

Finn no estaba recostado esta vez; estaba parado, serio. Jack solo caminaba en círculos, murmurando algo para sí mismo.

—Alguien tiene que estar detrás de esto —susurró Sol, apenas audible.

Sol apretó los labios. No era Jack lo que la inquietaba. Nunca lo había sido.

—¿Y si está entre nosotros? —Axel se notaba asustado, su fachada de valiente se desvaneció.

La desconfianza se apoderó en el pensamiento de todos, se impregnaba algo desagradable que surgía del aire, así como la mugre.

—Hey... tranquilos —dijo Noah, entrando con su paso seguro y esa media sonrisa que ya parecía más una máscara—. Estamos todos tensos, lo sé. Pero perder el control no va a arreglar nada.

Enzo se pasó la mano por la nuca cuando Noah tomó la palabra.

—Entonces... que Jack nos diga qué hacía cuando Natasha murió.

Finn suspiró, cansado.

Todos se giraron. Fue Sol quien lo dijo, con los ojos fijos en él, sin rastro de burla ni miedo. Solo seriedad, cansancio y algo de rabia contenida. Sol era su amiga y sabía los problemas recientes que tenía Nat con Jack.

Jack parpadeó un par de veces, sorprendido.

—¿Qué... Qué dices?

—Lo que escuchaste. No estabas en la reunión. Llegaste tarde. Estabas nervioso. Y...ella tenía tu navaja en la mano. ¿Cómo explicas eso?

Noah bajó la mirada, como si supiera que el ambiente se iría al carajo en cualquier momento.

—No fui yo—Jack alzó la voz, casi como un rugido contenido—. Yo no la maté. Ni siquiera sabía que estaba... —su voz se suavizó, luego suspiró, pero se le notaban las lágrimas contenidas—. Fui a buscar mi navaja, la perdí hace días y...

—Tú eras su novio —murmuró Jane, sin poder contenerse.

Jack la miró, dolido, pero su tono ya no era defensivo, sino resignado.

—No. Nunca lo fui. Solo era conveniente para ella... y para mí.

Finn soltó una risa seca desde el rincón, una risa más parecida a un suspiro sin humor que a otra cosa.

—Conveniente. Qué palabra tan jodida —murmuró.

—¿Entonces esto es así? —Jack bajó la mirada, se le notó una pequeña sonrisa, pero no porque le agradara la situación, estaba frustrado—¿Sólo me apuntarán a mí? — se levantó bruscamente—. Esto es una mierda. Yo sólo sé que yo no lo hice, y después de todo lo que hemos pasado no puedo creer que me vean capaz de cometer algo tan...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.