Nuestro deseo es un cálculo de probabilidades. Uno puede ser racional y pensar distintos escenarios y a esos posibles escenarios plantear ciertas respuestas. Pero uno nunca acertará al 100% esa idea, uno no sabe lo que puede o no pasar. Somos finitos, no sólo para morir si no también para conocer. Siempre trataremos de hacer lo mejor posible, pero a veces, lo que es bueno para nosotros no es bueno para nadie más...
El aire era mucho más denso, la noche no mató esa duda sembrada en ellos. todos estaban en la sala, ojeras, pelo desordenado, rostros pálidos... se nota que ninguno pegó el ojo por dicho temor de que haya un asesino entre ellos.
—No pegué un ojo en toda la noche...—Sol interrumpió el silencio—¿Cuánto falta para que empiecen a desaparecer más?
Deseaba mostrar que no puede considerarse un homicida.
—Vaya... qué poética forma de decir que ya no confiamos ni en nuestra sombra.
—No deberíamos hablar así —intervino Hans, cansado pero firme—. Estamos todos alterados, pero no podemos permitir que el miedo nos divida. Si empezamos a sospechar... yo no sé si voy a sobrevivir a eso
—¿Y si ya lo hizo? —murmuró Jane, bajando la mirada—. ¿Y si eso era justo lo que quería quien hizo esto?
—Desde lo práctico —intervino Enzo, rascándose la mandíbula—, lo único concreto que tenemos es la navaja. Y eso no prueba nada por sí solo. Puede ser una puesta en escena. Para herir incluso después.
Mac no dijo nada. Observaba.
—Sólo escucho un grito en la noche... no me deja dormir...—murmuró Sol, pero cortó su frase.
Noah, quien estuvo en silencio escuchando atentamente lo que decían; comenzó a hablar:
—Sea lo que sea que pasó, una cosa es clara —dijo—: no tenemos una prueba real que apunte a alguien. Y seguir dando vueltas sobre lo mismo solo va a rompernos más.
Todos quedaron en silencio.
—No sé si fue suicidio o no. Pero hasta que tengamos una prueba clara de lo contrario... no podemos permitir que esto nos divida. las palabras no bastaran para desaparecer la desconfianza.
Mac se recostó en el respaldo de su silla, sin apartar la vista de Noah. No sabía por qué, pero había algo en su serenidad que la inquietaba más que el caos.
Finn, sin moverse de su lugar, soltó en voz baja:
—A veces las verdades más fáciles de aceptar... son las más convenientes.
El comentario quedó flotando en el aire. Nadie respondió.
Era como una olla de presión que sólo bastaba con un pequeño movimiento para que explote más adelante. Por ahora, trataron de volver a la normalidad. Pero... más de uno sabe lo que pasó exactamente.
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La sala se fue vaciando poco a poco. Los pasos eran lentos. Nadie quería ser el último en irse. Nadie quería quedarse solo.
Mac se quedó sentada en el mismo lugar. Finn seguía recostado en la pared, con los brazos cruzados, los ojos clavados en el suelo.
—¿Vas a quedarte ahí toda la noche? —preguntó ella, sin mirarlo.
—No tengo ganas de cerrar los ojos y ver a Natasha parada ahí. Al menos acá hay más testigos si alguien decide matarme.
Mac suspiró.
—¿Crees que fue Jackson?
Finn se encogió de hombros.
—Creo que todos están jugando a ser culpables... y al mismo tiempo juegan a ser víctimas. Y Jackson es mi amigo, yo no tengo amigos asesinos. ¿Y tú, Mac? ¿Te quedarás esta vez?
—Estoy cansada de correr.
—Silver... —la llamó antes de que se alejara—. Si algo me pasa, no confíes en nadie. Ni siquiera en mí.
Finn levantó la mirada por primera vez y sus ojos se cruzaron con los de ella. No dijo nada. Pero Mac no necesitaba más. Y así, Finn se fue a su habitación.
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Mac estaba por salir de la sala cuando sintió una mano sujetarle la manga de su chaqueta. Era Jane.
—Oye... ¿puedo hablar contigo un segundo?
Mac la miró con desconfianza, pero no se soltó.
—Habla.
—Gracias por no decir nada antes. Sé que pudo haber sido peor.
—No lo hice por ti. Estoy tan harta como tú.
Jane bajó la mirada.
—Sé que no me crees, y probablemente no me soportas, pero... no quiero que alguien más muera.
—Entonces deja de quedarte callada cuando importe—respondió Mac, sin dureza y sin suavidad—. Habla cuando sea el momento. Y si sabes algo... no esperes que alguien más lo diga por ti.
Jane asintió despacio.
—¿Y si nadie me cree?
—Entonces grita más fuerte.
—¿Tú no sientes miedo?
—Todo el tiempo—admitió Mac en la oscuridad—. "Toda mi vida es un cuarto oscuro..."
Mac giró a verla. El pasado apareció sin pedir permiso. Jane no cambió su expresión, Mac se sintió mal en ese momento, sintió que era la única que quería reparar el conflicto fantasma del pasado. Mac entendió, demasiado tarde, que era la única intentando reparar algo que la otra ni siquiera le importaba, o no recordaba.
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Las opiniones religiosas de los hombres fueron dictadas más por el deseo que por la realidad de los hechos. Los mayores triunfos se lograron no gracias a la creación de algo si no por evitar que ese algo se haga.
—Necesitamos reagruparnos —dijo Noah—. No podemos darnos el lujo de quedarnos quietos.
Jackson no estaba presente.
—¿Dónde está Jack? —preguntó Finn sin mirar a nadie.
—Salió temprano —respondió Hans—. Dijo que necesitaba espacio.
Nadie dijo nada. El silencio ya era rutina.
—¿Vamos a actuar como si nada hubiese pasado? —Sol cortó el silencio, sin levantar la voz—. ¿Como si no hubiésemos encontrado el cuerpo de Natasha con la navaja de uno de los nuestros en la mano?
Noah suspiró.
—No estoy diciendo eso. Pero si dejamos que el miedo nos paralice... moriremos todos.
Tomó una tiza y se fue hacía el pizarrón, se marcaba:
«PATRULLA 1: Mackenzie – Finn.
PATRULLA 2: Sol – Hans»