El Susurro Del Fin

12

No debemos ser esclavos de nuestras pasiones. En la vida, hay cosas que nos pasan que no dependen de nosotros, no es nuestra culpa total, la cosa no es soportar ese dolor, como a ese dolor se le resiste, se le supera. El mundo no acabará en lo que nos duele puesto que la vida sigue y que detrás de ese dolor estas tú, siendo incluso mejor.

El silencio por sobre la verdad, siempre fue más grande.

—Odio el silencio —murmuró Finn, caminando con las manos en los bolsillos—. Hace que todo suene peor.

Mac no respondió, avanzaba unos pasos delante de él.

—Todos buscamos pruebas como si eso fuera a arreglar algo. —agregó.

Al fondo, entre unas cajas, algo llamó la atención de Mac.

—Cállate.

Levantó la mano, indicándole que no avanzara más. Se agachó con cuidado, apartando unas cajas húmedas y oxidadas. Descubrió una bufanda, y debajo, atrapado como si alguien hubiera querido esconderlo rápido, había un cuaderno pequeño, de tapa blanda, manchado de barro en las esquinas. Mac lo abrió con cuidado

«No puedo seguir callando. Sé lo que vi esa noche. Y si me pasa algo, no fue casualidad.»

Finn se acercó, su expresión se tornó más seria. Se tensó al leer el fragmento, esa mirada...

—¿Esto es de...?

—No lo sé...

Pasó otra hoja. Fragmentos sueltos, frases incompletas.

«Él me observa»

«Ya no sé en quién confiar»

Finn tragó saliva.

—Esto no suena a alguien pensando en suicidarse.

«La gente cree que conoce a alguien porque lo ve todos los días. Yo lo conocí cuando tenía miedo. Cuando temblaba con la lluvia. Cuando no podía respirar. Y aun así, nunca cruzó ese límite.

Si me pasa algo, no fue Jack. Él no sabe mentir cuando importa. No sabe fingir calma.

Hay otros que sí. Hay sonrisas que no se caen ni cuando todo se pudre.»

Mac cerró el cuaderno de golpe.

—Jack no lo hizo...—Finn quedó sin palabras, sintió un alivio indescriptible.

—Él tiene que saberlo.

—Sigue sensible después de...

Mac lo interrumpió.

—Esta noche rotan las patrullas. Me toca con Sol en el sótano.

Finn frunció el ceño.

—Ella era amiga de Natasha.

—Por eso mismo —guardó el cuaderno en su mochila.—. No es justo ocultárselo. Y si alguien va a entender esto, es ella. Además —añadió en voz baja—, si Natasha dejó esto, no quería que quedara enterrado.

Finn asintió despacio.

Siguieron caminando. Ninguno habló de nuevo, pero ambos sabían lo mismo: desde ese momento, el grupo ya no estaba solo contra el mundo. Ahora también estaba contra sí mismo.

꙰꙰꙰

Un mes antes

Natasha cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.

—Tranquila —dijo él desde la mesa, sin levantar la voz—. No te llamé para discutir.

Ella se quedó de pie en la entrada, como si entrar le costara.

—Entonces habla —respondió.

El chico sonrió apenas.

—No sabía que escribías tanto —comentó, mientras sacaba el pequeño cuaderno de su mochila—. Siempre parecías más de hablar... cuando te convenía.

Natasha se tensó. Él lo notó.

—No sé de qué hablas.

—Claro que sabes —respondió él, hojeándolo con calma.

Ella dio un paso al frente, casi inconscientemente.

—No las leas.

Él sonrió y leyó una hoja al azar.

—«No fue una discusión. Fue peor. Fue cuando bajaron la voz.»—alzó la vista—. Qué curioso. Siempre dicen que el peligro empieza cuando dejan de gritar.

Ella avanzó un paso.

—Eso es privado.

—Todo lo es —replicó—. Hasta que dejas de cuidarlo. Si fuese tan preciado no lo hubieses apartado de tu vista.

Natasha estaba inmóvil, sentía un nudo en la garganta, sus piernas temblaban.

—«No puedo seguir callando. Sé lo que vi esa noche.»—interrumpió la lectura—. Interesante forma de empezar un diario, ¿no?

Natasha apretó los dientes.

—No tienes derecho...

—Tampoco lo tenía el mundo —interrumpió él—. Y mira como estamos.

Leyó otra hoja.

—«John es parte de esto—pausa—No debía escuchar eso.»

Un par de lágrimas se asomaron en el rostro de Natasha.

—¿Qué escuchaste, Nat? Porque escribirlo así... suena a culpa.

Ella apretó los puños.

—No fue mi culpa.

—Eso es lo que más me inquieta. No escribes desde el miedo... escribes desde la certeza.

Natasha tragó saliva.

—Ellos no me vieron. Ni tu ni ellos.

—Pero tú sí —replicó él—. Y eso te convierte en un problema.

—¿Me estás amenazando?

Negó.

—Te estoy dando una salida ¿Por qué tiemblas? ¿Crees que yo soy el malo de la historia?

—No sabes nada —dijo ella, con la voz tensa—. No tienes idea de lo que pasa acá.

Ya no estaba segura, de si él era el responsable o si era alguien más.

Sonrió, breve, sin humor.

—Siempre el dilema moral. Callar o dinamitarlo todo.

Se levantó y caminó lentamente hacia ella con una hoja en la mano.

—Esta es mi favorita, esta es mi favorita —dijo sonriendo—"No sé si John entiende lo que está permitiendo. O si XXXX ya lo entendió todo."

Natasha alzó la mirada de golpe.

—Eso lo escribí sin pensar.

—Claro que sí —respondió él—. A veces el subconsciente es muy imprudente. Tan imprudente que me nombraste.

Dejó las hojas sueltas sobre la mesa.

—Deberías decirle a alguien, a ver quién te creería.

—¿Crees que no lo haría?

—Creo, ah, y... corrígeme si me equivoco—el chico rió, como si disfrutara el momento—. Pongámonos en situación: La pobre Natasha, quien no ha tenido buena relación con ninguno del grupo, empieza a alucinar con que uno aquí es un asesino... controlador de las sombras—hizo una pausa, su tono cambió. Fue más pesado, más tenso— ¿A quién crees que culparán?




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