—Eso es trabajo de oficina o solo ¿Estás buscando ser importante para no hablar con nadie? —dijo Jack, dejando una de las tazas frente a ella sin preguntar.
Jane alzó la vista, apenas sonriendo.
—Tú hablas suficiente por los dos.
—Está bien, pero me gusta oírte. Tu voz suena como... no sé, como si no debiese perderme cada palabra que dices —se encogió de hombros y se sentó frente a ella—. ¿Qué estás escribiendo?
—Algunas tareas, planeaciones... cosas aburridas.
—Debes estar agotada. Siempre te veo ayudando en algo.
—Es mejor que no hacer nada —dijo ella.
—Supongo. Pero también podrías hacer algo conmigo... —añadió, sonriendo con picardía.
— ¿Siempre intentas coquetear? —enarcó una ceja.
— ¿Siempre te haces la que no se da cuenta?
Sus miradas se cruzaron. Jack se levantó y se dirigió hacia la ventana.
—Sabes que a esta hora no hay constelaciones interesantes, ¿cierto? —dice él.
—Lo sé —respondió sin mirarlo.
—Pensé que tal vez... estabas pensando en ella.
Jane se tensó y paró de escribir.
—¿Crees que fui yo? — volteó a verla, como si necesitara urgente que alguien le creyera.
—No.
—En algún momento lo creíste.
—No te conocía.
Fue entonces cuando Jane por fin alzó la mirada, sus ojos no lo acusaban. A Jackson se le pintó una sonrisa amable, casi por primera vez Jane lo veía de esa manera.
—Gracias...
—¿Te importa lo que piense de ti? —Jane se levantó y se dirigió a la ventana quedando al lado de él mientras observaba las pocas estrellas que se posaban en el cielo.
—Claro que me importa—Él la siguió con la mirada.
—Natasha dijo que tú solo te preocupabas por ti mismo.
—Y tú... ¿piensas igual?
Ella tarda unos segundos en responder.
—Pensaba que sí. Pero ahora no estoy tan segura.
Jack se estaba acercando, más... un poco más, cuando Enzo se asoma por la puerta.
—Oye, Jack. ¿estas ocupado? Necesito que me ayudes en algo importante.
Jack baja la mirada, se escuchó un leve suspiro y fue a donde se encontraba Enzo, antes de salir se giró para que sus ojos se encontraran con la chica que estaba empezando a dudar de algunas cosas... Aunque no eran tan malas.
—Te veo luego, ¿sí?
Jane asintió. Los pasos de Jackson se disolvieron con él en la oscuridad. El viento la envolvía mientras ella se abrazaba los brazos. Tenía una sensación rara en su pecho; como bien dicen: Los latidos del corazón nunca mienten.
—Vaya, qué sorpresa. ¿Pensando en tu príncipe encantador?
Esa voz sarcástica y molesta... Jane se volteó drásticamente por la sorpresa. Axel estaba allí, apoyado en el marco de la puerta con esa sonrisa tan...
—No tengo ganas de tus comentarios —responde Jane, girando la vista al frente otra vez.
—Lo sé, lo sé. Pero a veces me aburro de hablar con idiotas.
Silencio.
—Mira, sé que no me soportas —Axel cerró la puerta tras él y caminó hacia la baranda—. Pero tengo que decir algo. —se veía sincero, Jane lo notó cuando finalmente le dedicó la mirada.
—Tú llegaste hace poco. Y, para ser sincero... pareces más cuerda que el resto de nosotros.
—¿Y eso es algo bueno?
—Por ahora sí...—se rascó un poco la nuca—Mira, Mac me da miedo. No sé qué piensa, es rara... por lo poco que he visto, llegaron juntas, pero ni siquiera son amigas, Y el resto... están demasiado ocupados en sobrevivir para darse cuenta de lo que pasa en realidad.
Axel baja la voz. Jane no pudo evitar sentir curiosidad por sus palabras, lo miraba confusa.
—Yo confiaba en Sol. Ella sabía que algo andaba mal. Sabía cosas. Y ahora está muerta. Quiero saber qué estaba investigando, quiero entender qué está pasando realmente. Porque alguien está moviendo las piezas detrás de todo esto... y si no lo descubrimos, vamos a ser los siguientes.
—Y ¿por qué me dices esto a mí?
—Porque... —Axel baja la mirada por un segundo, y cuando vuelve a levantarla, hay algo sincero en sus ojos— no confío en nadie más.
—Yo tampoco confío en nadie.
Axel la miró, con sorpresa.
—¿Ni en Jack?
—¿Por qué siempre entra Jack en la conversación?
Axel sólo se limitó a reír, luego se apoyó del marco de la ventana junto a ella.
—Sol sabía algo... y no voy a dejar que muera con ella.
Ella sólo asintió.
—A lo mejor no eres tan insoportable después de todo—. Jane lo empujó suavemente con el hombro, y Axel ríe un poco.
—No te acostumbres— le sonríe de vuelta.
Nosotros recordamos apoyándonos en la gente que estuvo para reconstruir nuestro pasado. Un pedazo de nosotros vive en el resto, como un pedacito del resto vive en nosotros. En el presente recordamos acciones pasadas para reaccionar a las acciones futuras. Nos aferramos a las personas que nos hacen recordar un pasado que no queremos dejar atrás.
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Alguien reía. Una risa alegre, juvenil, se encontraba alguien a su lado... ¿Mackenzie? Ambas corrían, no estaban en peligro. El viento soplaba sus delicados rostros, la brisa era fresca. La imagen era borrosa. Mac se giró.
—Jane...
Entre risas, y ella sentía que su nombre lo había dicho toda la vida, con ello se sentía a salvo.
Espera.
Algo cambió.
El pequeño jardín se tornó oscuro, el aire era más denso. Mac se alejaba y Jane... no lograba atraparla. Jane se quedó sola en medio de la nada a la vez que sonaba un zumbido incesante que no paraba de sonar en su mente.
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Se despertó.
Su corazón latía con fuerza y se levantó de golpe.
—¿Por qué recordé eso...? —murmuró.
Y por primera vez en mucho tiempo, deseó saber qué había olvidado.
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Pasado ya varios días. Ya no quedaba comida. Quedaban pocos medicamentos. Ahora todos se reunían para planear la próxima salida. Mac estaba sentada al borde de la mesa, observando el mapa del sector mientras Finn lanzaba una pelota de tenis contra la pared.