Todo rutinario. Dieron informe de la salida y de las patrullas. Almacenaron los alimentos y los insumos. Y, también, cuando todos se fueron sólo quedaron Finn y Mac.
—¿Estás bien? —dijo al fin Mac.
Finn volteó a verla, le sonrió como muestra de permiso, ella se acercó y ambos quedaron sentados frente a la ventana. Esta vez estaba cerrada, ya eran temporadas de invierno.
—Cuando era niño...—susurró sin mirar a Mac— me encerraron en un salón vacío. Era un grupo de idiotas que no soportaban verme ganar cosas. Solo porque era bueno en algo—. Soltó una pequeña risa, puesto que no creía volver a recordar eso.
Mac se sorprendió, pero sólo se limitó a verlo sin interrumpir.
—Me dejaron ahí toda la noche. Grité hasta quedarme sin voz. —Tragó saliva—. Desde entonces... el encierro me da miedo. No lo parezco, ¿cierto? la verdad es que este tipo de cosas me paralizan.
Sus manos temblaban.
—Conmigo no tienes que fingir—Le dijo Mac, posando su mano sobre las de él que no paraban de temblar.
Él soltó una pequeña risa, cansada. Pero sintió una sensación de calor que nunca había sentido antes cuando sus manos se encontraron con los de la chica.
—Contigo... se me hace más fácil dejar de fingir.
Ella lo miró, sus ojos se tornaban de un tono miel por la luz de la luna, sus ojos... es difícil de decirlo, pero cuando te habla es imposible dejar de prestarle atención.
—No me gusta ver a los demás asustados —añadió Finn—. Así que actúo como si nada me afectara. Pero tú... tú siempre pareces fuerte de verdad.
—No siempre lo soy
Este mundo no solo estaba lleno de zombis. Estaba lleno de secretos.
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El refugio estaba más silencioso que lo normal. La misión fue un éxito en papel, pero Mac no podía quitarse de la cabeza la sensación de que algo estaba mal. Estaba sentada en el borde de su cama, con las manos apoyadas en las rodillas, la puerta de su habitación se entreabrió.
—¿Puedo pasar? —Jane asomó la cabeza, con una sonrisa suave.
—Claro.
Jane entró, levando un par de latas de comida en los brazos.
—Te traje esto. Enzo dijo que necesitabas algo más para la reserva del grupo A.
—Gracias... —Mac la miró, con una ceja alzada.
—No hay problema. —Jane dejó las latas sobre la mesa—. Eres tan organizada como antes. Como en... ya sabes, cuando tuvimos esa caminata campo.
Mac levantó la cabeza.
—¿Qué?
Jane se sintió con cierta incomodidad.
—Nada. Me vino ese recuerdo. Tal vez me equivoqué de persona.
Mac no respondió. En realidad, Mac no sabe nada de lo que ocurrió con Jane. Oh... tu tampoco. No me importa.
Pero en esa caminata específicamente al campo algo pasó, algo grave. Jane y Mac, bueno... eran amigas, muy buenas amigas y pactaron no mencionar lo que pasó en ese lugar, ni a otros ni mencionarlo ellas mismas. Entonces, ¿por qué?
—Bueno, nos vemos en la reunión de las patrullas —dijo Jane antes de irse.
Mac se quedó en silencio por varios segundos, su mente llena de ruido.
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Jane salió al pasillo principal con una linterna en mano. Sentía sus pensamientos revueltos con todo lo que dijo, con la forma en que Mac la miró después de mencionar la caminata, había algo más.
—¿Otra vez dando vueltas como alma en pena? —dijo una voz a sus espaldas.
Jane se sobresaltó y giró de golpe. Jack estaba parado atrás de ella con una sonrisa en los labios. Su cabello rojizo caía desordenado sobre la frente y la chaqueta le colgaba apenas de los hombros.
—No podía dormir —respondió ella.
—¿Pesadillas o pensamientos molestos?
—Un poco de ambos —dijo Jane, bajando la linterna.
Se inclinó un poco hacia ella.
—¿Quieres hablar de eso o... prefieres que te distraiga? —preguntó en voz baja.
—¿Distráeme?
Jack la tomó de la mano, y la llevó por un pasillo lateral, hasta una pequeña sala vacía.
—Este lugar es deprimente, pero tiene buen eco, además llueve así que los zombis no escuchan esto. Mira —se aclaró la garganta y gritó de forma dramática—: ¡Estoy enamorado de Jane!
—¡Jackson! —le susurró ella, horrorizada, pero riendo al mismo tiempo.
—Shhh, que alguien podría escucharnos —bromeó él, poniéndose serio de golpe y acercándose a su oído—. Aunque no me molestaría que lo supieran.
Jane sintió un calor en sus mejillas. Lo empujó levemente, pero no pudo apartarlo demasiado.
—Lo dices como si fuera cierto.
Hubo un silencio, Jack sólo la miraba mientras ella evitaba el contacto visual. Se acercó un poco más y le tomó el mentón con cuidado, obligándola a mirarlo.
—No te voy a pedir respuestas. Solo quiero que sepas que, si alguna vez decide dar ese salto... yo voy a esperarte.
Antes de que pudiera responder, una voz rompió el momento:
—¿Interrumpo algo?
Axel estaba de pie en la puerta, con los brazos cruzados y una expresión que nadie supo interpretar del todo. Jane dio un paso atrás casi de inmediato. Jack soltó un suspiro y sonriendo con descaro. Era como si siempre supiese donde estaban...
—Siempre tan oportuno, Axel
—O siempre tan ruidoso, Jack. El refugio no es tan grande como crees.
Jack solo se encogió de hombros.
—Ya nos íbamos —dijo, y le tendió la mano a Jane. Ella la tomó, sin mirar a Axel.
Axel se quedó en la puerta, observándolos en silencio. Sus ojos se clavaron en las manos entrelazadas, pero no dijo nada. Cuando pasaron a su lado Axel lo detuvo colocando la mano en su hombro y le susurró.