El Talisman Divino

XVIII. ACLARACIONES

Un aroma a incienso  de copal despertó la curiosidad de Chantal al abrir los ojos detectó que estaba en un cuarto pequeño, a su lado estaba una mesilla de noche clásica victoriana con un cajón y una puertecilla, encima la figura de una virgen era iluminada por una lámpara de cobre y adornado en trozos de vidrio, en la cabecera una cruz de metal delgado la hizo creer que estaba dormida, pues sólo una pequeña ventana a lo alto de la pared daba un ligero toque de luz natural.

-¿Que pedo?-. Se agarró de la cabeza y dio un chillido. Inmediatamente abrió la puerta lo cual provocó un breve rechinido.

-¿Estás bien?-. Preguntó sentándose a su lado.

-¿Gabriel?, ¿en dónde estamos?-. Frunció el ceño confundida por la habitación que le provocaba escalofríos.

-En la Parroquia de San Francisco de Asís.

-¿Y qué hacemos aquí?-. Preguntó hincándose lo más rápido que pudo sobre el duro colchón.

-Antes de responderte, ¿puedes recordar algo?-. Le recogió un mechón de cabello que le cubría la mitad de su ojo y lo acomodó detrás de su oreja.

-Sí, todo, ¿Por qué Yuri me pegó?

-Esa fue mi culpa-. Respondió Samuel entrando al cuarto. –Me hice pasar por tu amiga para rescatarte, fue más fácil de lo que pensé.

-¿Quién eres tú?-. Dentro de las entrañas de Chantal sentía que se quemaba algo.

-Nosotros somos arcángeles-. Respondió con una risa amistosa la bella arcángel.

-¿Nosotros?, ¿arcángeles?-. “Esto debe ser una pesadilla”.

-Muchachos, ya es hora.

Pasaron Zadquiel, Uriel, Miguel entró con la mirada en el suelo y Jofiel quiso desviar la mirada de Chantal pero no pudo resistirse a mirar su reacción.

-¿Qué, es esto? ¡Es una maldita broma!-. Se quiso parar de la cama pero Gabriel la detuvo.

-Chantal tienes que estar tranquila, no puedes esforzarte, perdiste mucha energía vital.

-Gabriel dime que esto es una estúpida broma.

Gabriel no pudo responder. Los ojos de Chantal comenzaron a nublar su vista a causa de las lágrimas que la empañaron.

-Déjenme a solas con el Teleo un momento por favor-. Ordenó Zadquiel. Todos salieron en silencio.

-¿Tú eres un monje o algo parecido?

-Algo así.

-Chantal ¿crees en el bien y el mal?-. Chantal asintió con la cabeza. –Qué bueno, así será más fácil de explicarte.

Zadquiel se acomodó su túnica para sentarse a lado de Chantal y responderle las dudas que sentía.

-Nuestro dios al que llamamos Padre era todopoderoso, y tenía un inmenso poder, el cuál contenía energía buena y mala, con el transcurso de las eras, las energías peleaban entre sí, nuestro Padre tenía una lucha interna que un mal día no puedo más y se dividió en dos, donde su representación de energía buena se llamó Yahvé y su representación de energía maligna se llamó Luzbell, ¿hasta aquí me doy a entender?

Chantal confundida asintió, quería escuchar más para terminar de comprender.

-Como forma de proteger su propia creación de él mismo creó un talismán al que llamamos por muchos siglos el Teleo, éste talismán es el contendedor del alma al que llamamos Néfesch, el alma es la fuerza que controla el poder de dios, al que llamamos Omnes, este poder contiene la maldad y la bondad del propio dios.

-Oye, ¿te han dicho que no te fumes el incienso?

-Esto no es una broma.

-¿Acaso ves que me muero de risa?-. Replicó Chantal, Zadquiel suspiró y siguió contándole la historia.

-Tanto Luzbell como Yahvé han buscado la forma de tener el Omnes, así que cada quién creó su propio ejército, así fue como nacimos los demonios y los arcángeles, cada uno busca obtenerlo para gobernar en la creación.

-¿Y eso que tiene que ver conmigo?

-Chantal tú eres el Teleo, tu Néfesch contiene el Omnes.

-Yo creo que el Pesos me dio una buena sobredosis y sigo alucinando en mis sueños.

Zadquiel se desesperó y la puso a prueba para entender el mensaje.




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