El chico llega a su casa y le dice a la madre:
—Hola, mamá, ya llegué.
Entonces se va a la cocina y ve a su madre muerta con la cabeza puesta en el plato. Él se tienta y se cae. En ese momento viene el padre, lo ve, se sienta junto al chico y le dice:
—Ella se lo buscó.
El padre se sienta en la silla, coge una pistola que estaba en la mesa y se suicida; en el techo no se ve ni una gota de sangre.
Un mes después, el chico es acogido por su tía en su casa.
Más tarde llega la policía a la casa de la tía:
—Hola, ¿me puede dejar entrar? —dice una de las policías.
Ellos pasan y le preguntan cómo se siente. La tía responde:
—Bueno, mal, no sé... Eh, ¿cómo decirlo? La extraño mucho, cada vez más. Para mí ella era todo, eh, no sé... Solo eso.
Los policías ven cómo llora la tía. Entonces ella pregunta:
—¿O es que solo vinieron a decir eso?
El policía dice que vino porque el padre era su amigo:
—No puedo creer que pudo hacer eso. Él no era celoso de esa manera y no tiene lógica ese asesinato, no entiendo y...
La otra policía lo detiene para que no diga más. Entonces la tía le dice:
—¿Por qué tú no puedes venir a esta casa y decir que él era un santo? Ella fue asesinada por él de una forma que ninguna persona lo haría. Eh... ¡Dime por qué diablos puso su cabeza en un plato! Dime, explica eso.
Ella abre la puerta y les dice que se vayan. Antes de que salgan, la tía añade:
—Porque tú seas su amigo no tienes que justificar todo lo que hizo. El hijo estuvo ahí viendo todo. ¿Qué clase de padre hace que su hijo vea eso? Dime.
Cierra la puerta, la tía se desploma en el piso llorando y ahí viene el chico a abrazarla.
Afuera, dice el policía:
—¿Por qué? Es que no entiendo...
La policía que estaba en el otro asiento le dice:
—Lo extraño es que no hay salpicaduras de sangre en la pared si fue un suicidio.
Después el policía fue llamado por otra cosa, entonces fue.
Cuando llegó, un granjero los recibió y le dijo que sus animales se mataron entre sí. Lo extraño es que son vacas. El granjero le dijo que si lo quería ver, entonces fueron.
Lo que vieron fue todas las vacas descuartizadas con un olor repugnante.
Entonces el policía le preguntó al granjero cuántos días tenían esas vacas así. El granjero le dijo:
—Fue anoche.
El policía le preguntó:
—¿Seguro?
—Sí —dijo el granjero.
Entonces los policías se miraron como con duda, porque si hubiera sido anoche no tuvieran ese olor de descomposición.
El granjero le dijo otro detalle: que no fueron bestias salvajes las que las mataron. Entonces el granjero se acercó a los cuerpos, los abrió con un cuchillo y les preguntó a los policías:
—¿Qué ven?
Los policías estaban desconcertados, porque en esa vaca había restos de las otras vacas. Eso quería decir que las vacas se habían comido entre sí. Eso dejó más dudas.