Luego de que se escuchara un estruendo tremendo que significaba que el coloso ya había tocado el suelo, me quedé admirando ese vacío, ese agujero negro enorme que atrajo dos puntos naranjas que ascendieron desde más abajo. Me sentía raro, observado, pero al mismo tiempo había calor y una extraña sensación de comodidad. Era un sentimiento singular que incluso hacía que me dieran ganas de saltar y acercarme un poco más a él. Era hipnotizante.
Pero al mismo tiempo, se despertó mi sentido de curiosidad por lo que había a mis espaldas. Giré y pude ver cómo todo desprendía un color brillante, el mismo que admirábamos desde la distancia.
Di un paso hacia adelante y, junto con ello, una sensación de miedo llegó, lo que me hizo parar y preguntarme: ¿realmente aquí está mi salvación? Tras mis hombros, sentía cómo la singularidad me llamaba, como si reclamara algo que le pertenece.
—Voy a salvarte, Dante —esa voz nunca la había escuchado.
Las nubes se levantaron. Algo grande empezaba a subir. ¿Un coloso más? No, era algo distinto. Era negro completamente, más grande que cualquier ser que haya visto en la tundra, y un destello blanco acompañaba a sus enormes cuencas. Era ella, que se estaba alzando sobre el agujero. El frío invadió todo el lugar, haciendo que el naranja que desprendía el panteón desapareciera por completo. Quedé atónito, mi garganta se secó por completo. Estaba aterrado. El negro de su piel era un vacío indescriptible, con un hedor a muerte increíble.
Sus ojos brillantes empezaron a transformarse. El blanco se empezó a disipar y, como si unos párpados estuviesen abriéndose, el color dejó de estar, demostrando que sus ojos estuvieron siempre cerrados. Y al abrirlos, desperté.
Di un salto sobre la cama. Mi corazón estaba acelerado y mi rostro, repleto de sudor. Sentía un increíble frío, como si mi habitación estuviese dentro de un congelador. Al levantarme me sentía mareado y débil. Todo se estaba distorsionando a mi alrededor. Estaba por caer al suelo. Fui al baño a lanzarme un poco de agua fría a la cara, a ver si eso me despertaba un poco, y al momento de toparme con el espejo me desprendí de mi cuerpo. Fue una sensación abrumadora, porque era como si el cristal reclamara mi alma, haciéndola salir de su aposento.
Y vi cómo todo, a espaldas de mi cuerpo, se derrumbaba. El techo salió por los aires hacia el cielo blanco y todo se derrumbó, haciendo presencia la tundra. Al verme, mis cuencas estaban completamente vacías y mi cuerpo se estaba transformando. Empezó a caerse su piel y salía el negro del vacío desde sus adentros. Era como si algo quisiera salir de él. Un enorme brazo salió de una de sus costillas y otro brazo salió desde su boca, y ambas manos desgarraron un hombro, jalando con fuerza, y mi cadáver se partió en dos. La sombra salió. La tundra se presentó y el vacío se situó en el punto más alto del cielo.
Estaba nuevamente en la montaña. La sombra volvió a hacerse gigante, y sus ojos eran como un espejo porque hacían que me viera a mí mismo.
Vi cómo me giré y me aparté del espejo, y entendí que los ojos de ella estaban simulando ser los míos, haciéndome ver todo lo que hacía.
Se veía cómo caminaba hacia la puerta de mi casa y simplemente salía de ella. Era una sensación extraña. ¿Estoy soñando o qué está pasando?
—Voy a salvarte —dijo la sombra.
—Voy a salvarte —repitió.
—Voy a salvarte —volvió a decir, mientras su boca hacía presencia con una sonrisa.
Estaba en la calle. Era de noche y la luna estaba en su punto más alto, iluminando todo con su luz débil y tenue. No se veían carros, solo había luces pasar a gran velocidad por la carretera. Ella siguió avanzando.
No podía decir nada. Era algo impactante e hipnotizante, acompañado de un sentimiento indescriptible.
Ella se situó enfrente de la acera, dando un pequeño paso hacia la calle. Vi cómo dio dos pasos mientras una lágrima bajaba por una de mis mejillas, y dos luces venían rápidamente hacia mí.
En ese momento sentí un jalón brutal hacia arriba. Me dirigía rápidamente al vacío. Todo se volvió oscuro. Estaba dentro de él. Caí rápidamente y sentí un dolor inimaginable al caer sobre un suelo que no se podía ver.
—Tu destino está sellado, Dante —dijo, mientras unas cadenas se acercaban rápidamente a mí. Atravesaron mi piel una tras otra, pero no caía ni una gota de sangre. Las cadenas se tensionaban como si me estuvieran apresando, y escuchaba cómo se incrustaban en algún muro muy lejano. Lo único que se podía ver era a ella y al blanco de sus párpados cerrados.
Las cadenas hicieron que me arrodillara. Me sentía cansado, sentía calor, dolor y una rara sensación de paz.
—¿Qué eres? —grité de dolor.
—Soy todo de ti, Dante. Soy tus textos, tus lágrimas, tu ninfa, Dante... tu musa. Siempre he estado ahí para ti.
Ella miró hacia arriba e hizo que sus ojos iluminaran todo el lugar. Las paredes tenían clavadas mis cadenas y estaban rodeadas de escritos.
—Cada uno de estos muros son esos poemas que solamente yo deseé leer —su voz era un susurro, pero uno muy fuerte, haciendo que todo temblara con una fría brisa.
—Gracias por dejarme entrar.
Se acercó hacia mí, extendió una de sus manos y pude ver cómo, poco a poco, un raro color se iba desprendiendo de mis ojos. Me sentía débil. Todo se volvía gris, y en cuestión de un segundo solo hubo silencio. Ella se acercó más, abrazándome. Era cómodo. Era el calor que deseaba, la sensación que necesitaba.
—No te perdones, porque me enamoré de ti gracias a tus tormentos. Espero que logres descansar, Dante.
Me dio un beso en la frente y todo, de un gris, pasó a negro, mientras mis lágrimas se hicieron más presentes. Me mostró cómo sus ojos se volvieron a abrir, pero esta vez no estaba dentro de mí: estaba arriba de mi cuerpo. Me veía en paz, desgarrado y ahogado en mi sangre, pero en paz.
Sus párpados se cerraron, y junto a ellos los de la sombra también. Y ahí supe que había encontrado mi verdadera salvación. No había lugar para la esperanza, solamente para la calma.
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soledad, una historia de instrospección, algo fuera de lo convencional
Editado: 04.07.2025