El templo de la luna

I.Primor.

Hacía mucho frío. Demasiado.

Las celdas del castillo no eran conocidas por ser un lugar cálido y limpio. Que me lo digan a mí, que estoy echa un desastre y pasando frío encima de la paja del calabozo.

Exactamente no recuerdo muy bien porque acabé aquí. Supongo que el rey tendría una buena excusa para encerrarme aquí una noche.

No entraba el sol, ya que no había ninguna ventana por aquí, pero algo me deslumbró haciendo que llevara mis manos a mi rostro para cubrirme de esa luz que pegaba directo en mi rostro.

Una voz resonó por toda la celda. Reconocería esa voz ronca y para nada simpática en cualquier lugar de este mundo.

—Estas hecha un maldito desastre, Lilith.

La mano derecha del rey, el hombre que rebana cabezas por el nombre de la corona, el coronel y sobre todo mi querido padre. Zyón. Un elfo alto, normalmente su expresión es seria y aburrida, pero ahora sus facciones delatan su enfado hacía mí. Su pelo era negro con algunos reflejos grises el cuál cubría un poco sus orejas puntiaguadas. Un rizo caía en su frente arruinando su fachada impoluta.

—Esta vez te has pasado, pequeño primor. Pegarle a uno de los príncipes. ¿Estas loca?. Iban a pedir tu cabeza y he tenido que arrodillarme para pedir clemencia. ¡Yo! ¡Arrodillarme!

Si algo tocaba mas su orgullo y su ego era que le hiciesen arrodillarse, aun que fuera ante el rey, lo veía como una denigración hacia su persona.

—¿Me vas a sacar o tengo que esperar a que termines tu charla o reprimenda?

Mi expresión era neutral cuando hablé y mi tono delató mi poca motivación por escucharle hablar o darle una explicación de mis hechos.

—Debería dejarte tirada pudriendote y haciéndote uno con el barro. Obviamente no puedo hacer eso.

Claro que no podía, su estatus se lo impide. Prefiere no quedar tan mal delante de la gente.

Me levanté de mi cama improvisada de paja y caminé hasta él cuando abrió las rejas de mi celda. Me entregó una navaja y un paquete de cigarrillos que me confiscaron antes de meterme aquí.

En este increíble y maravilloso reino, nótese el sarcasmo, no hay tabaco. Voy al reino humano a comprar cuando se me acaba. Ni en sueños fumo hierbas o hojas secas de aquí. A mi parecer no es nada adictivo ni calma mi ansiedad.

Saqué un cigarrillo del paquete para llevarlo a mis labios y encenderlo con el mechero que había guardado dentro del paquete. Mis hombros se relajaron liberando toda la tensión que acumulaba hace un momento.

—¿Esta vez por qué has pegado a Aritz?

Preguntó, no era por curiosidad, era para mantenerse informado y mantener en orden la situación.
Me encogí de hombros con pereza para restarle importancia a lo que diría.

—Supongo que tendría un buen motivo en ese momento, pero siendo sincera, no me acuerdo.

—No debería haberme arrodillado.

Reí sabiendo que lo decía muy en serio o eso parecía. Él empezó a subir las escaleras para salir de aquel sitio. Olía a muerto, así que entiendo porqué quería salir tan rápido de allí. Mis pasos eran automáticos, estaba acostumbrada a esto, conocía la salida de memoria.

Llegamos a nuestra casa, enorme y demasiado gris, montados en caballos. Lo normal en este reino.

Mi padre, como siempre, iba el primero. Yo lo seguí con la ansiedad volviendo a mi cuerpo. Anoche estaba borracha, pero me acordaba perfectamente lo que le dije a Zane, mi hermano mayor.

—Eres su copia, pero no eres él. ¿Por qué no eres él?¿Por qué él y no tú?. Ojalá arrancarte el rostro para no verlo jamas.》

Mis palabras vinieron a mi cabeza como un balde de agua fría. Tragué saliva duramente, estaba nerviosa e incómoda.

El alcohol me hizo decirlo, aún que siempre era mi excusa, pero no me arrepiento. La bebida solo hacía que soltara lo que pienso, mis pensamientos oscuros que deberían estar encerrados y ocultos en lo más profundo de mí.

Cuando iba a huir y subir escaleras arriba hacia mi cuarto. Zane se cruzó por mi camino. Tenia los brazos cruzados y su ceño fruncido me daba a entender que me estaba analizando, seguramente para ver si diría mas burradas como ayer o estaría de un humor soportable.

—¿Podemos hablar?

—¿Puedo negarme?

—No tienes elección. —Me agarro del brazo y tiró de mi hasta su habitación. Tenía miedo de esta conversación. — Sé que no soy Luke, pero yo también he perdido a un hermano. Era mi gemelo así que ya me machaco lo suficiente para que después vengas tú a recordarme que soy una copia de él y aclarar que tienes ganas de arrancarme mi preciosa cara por ser una copia de él.

Su tono de voz era demasiado tranquilo para mi gusto. Mi mirada se clavó en sus ojos azules oscuros. Luke los tenía grises claros como los míos.

Zane podía ser la copia de Luke, pero yo siempre los diferenciaba. Luke siempre tenia su pelo rubio revuelto y Zane se lo cuidaba demasiado para que ningún cabello suelto cayera por su frente. La personalidad de Zane es totalmente distinta, es calmado, no es nada impulsivo, muestra respeto y amabilidad a todo el mundo, se defiende pero no con uñas y dientes como lo hacia Luke. No le gustan las peleas, prefiere resolver los conflictos hablando.

—También sé que Luke te apoyaba siempre y estabas muy unida a él, pero lo siento si no puedo ser él. Tenéis el mismo carácter impulsivo y destructivo. ¿Por qué no dejas de beber y hablas conmigo o con Freya? Incluso Urei te escuchará.

La mención de mis otros hermanos mayores hace que mi cuerpo se tense. ¿Por qué tenia que hablar con ellos? Ellos hacían como si nada hubiera pasado, cuando sí ha pasado. Somos uno menos en la familia desde hace 6 meses.

Cada uno lleva su duelo de una forma. Yo me dejo llevar por el alcohol, buscando olvidar que una parte de mí está vacía desde que Luke murió.

Freya, la increíble Freya, reza a los dioses buscando su consuelo. Es inútil o eso creo yo, porqué donde estaban ellos cuando clavaron una flecha de ébano en el corazón a mi hermano.



#1438 en Fantasía
#5260 en Novela romántica

En el texto hay: fantasia, amor, faes

Editado: 23.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.