La mirada que mi padre me daba era de pura confusión. Lo entiendo, hace mucho que no recurro a él para hablar sobre algo.
—¿Freya? No creo que sea tan grave entonces, así que cuentame —Su voz sonó segura.
No sabía como decirle exactamente lo que había visto.¿Cómo le dices a tu padre que has visto a tu hermana follando con el príncipe heredero que está casado?
No sé reaccionar en estas situaciones así que intentaré explicarle la situación con tres palabras
—Tyron. Freya. Fornicar.—Dije lentamente mientras asentía con la cabeza como si fuera sido una genio.
—¿Por qué Tyron y fornicar?—Frunció su ceño sin apartar du mirada confusa de mí.— Estas poniendo esas palabras junto con Freya, sabiendo que no tienen nada que ver con ella.
¿En serio?¿Me estaba vacilando?
En verdad lo entiendo. Es imposible que su hija la santa vaya en una misma frase donde salga fornicar. Hasta yo creía que era imposible, pero los ojos no engañan.
—Freya esta copulando con Tyron.— Dije en un susurro. Su rostro no cambió. Se notaba que no me creía. — Los he visto. Hasta Aritz los ha visto.
—Lilith estas imaginando cosas. Será tanto alcohol en tu sistema o...¿tu también consumes polvos de hadas?
En otro tiempo me haría mucha gracia su comentario, pero este no era ese tiempo. Mi cara era de "¿en serio?".
—No me estoy imaginando nada. Esos dos están liados y Marcella se va a enterar y quitará de su tablero a Freya.
—Trae a Aritz y si no es una imaginación tuya, el dirá lo mismo que tu.
Se marchó de nuestra esquina al decir eso. Creo que ya se lo estaba tomando más en serio.
Ahora a buscar al príncipe. La mejor fiesta de mi vida. Increíble.
El sarcasmo se apoderó de mi mientras buscaba a Aritz. Con cada paso que daba mas frases de falsa emoción venían a mi mente.
Me costó un poco dar con él, pensaba que se había ido a sus aposentos. Estaba cerca de las bebidas. ¿Por qué no miré desde el principio ahí?
Me acerqué a él con disimulo. Estaba a su lado, muy cerca que casi nuestros brazos se rozaban. Él miraba el baile y yo le daba la espalda a este.
Mi plan de disimular un poco más hasta que me armara de valor para hablarle, ni yo me creo que este diciendo esto, se fue al garete cuando el giró su rostro y me vió.
—¿A quién ven mis ojos? —Habló Aritz en un tono de diversión. Su mirada me examinaba de arriba a abajo.— Mi dulce tormenta.
No sé exactamente cuando me puso ese apodo, pero siempre me lo dice, incluso cambia de idioma. Creo que quiere ser original aun que el apodo siempre sea el mismo.
—¿Debería considerar grata tu presencia aqui o viene a pegarme como anoche?
Se estaba haciendo el loco. Estaba intentando disimular que antes no nos habíamos visto.
—Príncipe Aritz. No se haga ilusiones.—Mi orgullo me pudo. No quería admitir que si fui a buscarle.
—Rompes mi corazón con tus palabras, mi amada tormenta.— Una de sus manos fue a su pecho para fingir que le había herido su corazon de verdad.
—Deja de llamarme así. —Le dije con seriedad y fruncí mi ceño algo molesta.
—¿No te gusta? —Preguntó en un tono afligido bastante fingido.
Lo voy a ignorar. No voy a darle ninguna respuesta porque es luchar una batalla con un necio.
—Ven conmigo.
—¿Me llevará a un lugar privado para violarme? Pensaba que me odiaba
—Pero serás...
Me contuve. Mi enfado creció, mucho, pero me contuve. Lo necesitaba, si no, padre no me creería y quería que lo hiciera por el peligro que corre la cabeza de Freya.
—¿Si, mi tormenta?—Aún que su tono era dulce, su sonrisa de diversión me demostraba que quería provocarme.— Le acompañaré con gusto, pero mantenga sus manos lejos de mi, aún que sea irresistible.
Le mato. ¿Por qué tiene que ser tan engreído?Tan estúpido, ignorante y tan...tan...guapo.
Le agarré de la mano, sin pensarlo, para tirar de él hasta el despacho de mi padre en este palacio. Un lugar tranquilo para hablar.
Abrí la puerta y entré con rapidez sin dejar de tirar de él, aún que no se quejaba y se dejaba llevar por mi. Cerré la puerta detrás de el haciendo que mi mano quedase a un lado de su brazo como si lo estuviera acorralando. Mi otra mano entrelazada a la suya dejaron de estarlo nada más entrar.
—Pensaba que el obsesionado era yo.—Su voz se volvió ronca haciendo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. Me aparté de él con rapidez y me miró son su sonrisa burlona. Que ganas de darle un puñetazo y borrarsela.
—Aritz.—Habló mi padre con su voz autoritaria. Estaba de pie detrás de su escritorio con las dos manos apoyadas en el.
—No esperaba verlo, Zyón. —Su voz ya no era ronca y su mirada viajaba entre mi padre y yo. Estaba sospechando de lo que hablaríamos.
—Mi primor me ha contado una cosa que vió esta noche, pero al parecerme tan surrealista he tenido que recurrir a ti. El segundo testigo.
—Sea claro. Hay una fiesta detrás de esa puerta y me la estoy perdiendo.
Parecía aburrido, apostaría que lo estaba. Su voz era monótona haciendo que tenga más clara mi superstición.
No se veía nada intimidado por mi padre. Debería estarlo porque ahora mismo no se está comportando como un padre protector, si no que está haciendo su papel de coronel y esta tratando esto como si fuera una valiosa información para la guerra.
—Freya y Tyron. ¿Los vistes?
Aritz tragó saliva. Estaba nervioso pero no iba a dejar que mi padre se diera cuenta. Esta muy equivocado si piensa que el gran coronel Zyón no se ha dado cuenta ya de su nerviosismo.
Mi padre le miraba fijamente sin mover un músculo. Estaba analizándolo.
Aritz me miró como debatiendo que hacer, pero no puede mentir, los fae no podemos mentir. Su mirada volvió a mi padre y suspiró.
—Todo lo que haya dicho Lilith es cierto. Mi amada tormenta no puede mentir y yo tampoco. Yo soy usted y confiaría en ella hasta con los ojos cerrados. —Su voz sonaba tan convencida. La primera vez que Aritz es mi defensor y no mi martirio.