𝐀𝐫𝐢𝐭𝐳
Mis días son tranquilos y aburridos. Por eso estoy sentado en la sala de reuniones intentando escuchar el plan de ataque que teníamos por si recibíamos un ataque. Algunos pueblos y ciudades del reino feérico se niegan a jurar lealtad a mi hermano. Así que tenemos que prepararnos por si hay algún golpe a la corona.
Un mechón de mis cabellos rojos cae por mi frente haciendo que me moleste en uno de mis ojos. Mi mirada azul oscura estaba fija en Zyón, el padre de mi tormenta, que estaba explicando a todos cuál sería la mejor baza.
Zyón impone desde el primer instante que lo vez. Tiene una presencia noble y severa, de esas que no necesitan alzar la voz para ser obedecidas.
Su rostro anguloso, marcado por el tiempo y la disciplina, con rasgos afilados que transmiten inteligencia, control y una determinación casi inflexible.
Sus ojos ,claros y penetrantes parecidos a los de Lilith, parecen evaluar todo a su alrededor, como si siempre estuviera midiendo riesgos y verdades ocultas. No es un hombre impulsivo, es estratégico.
Viste una armadura dorada, más ceremonial que ostentosa. El rojo profundo de su capa sugiere sacrificio, lealtad y guerras pasadas; ha visto sangre, y probablemente ha derramado la suya sin vacilar.
Su postura es recta, contenida, como si incluso en reposo estuviera preparado para el combate. No transmite crueldad, sino una autoridad fría. Es el tipo de hombre que toma decisiones difíciles y carga con las consecuencias en silencio.
—Aritz se encargará de la retaguardia. —Dijo Zyón haciendo que por fin les escuchara con atención.
—¿Y por qué mi ejército irá al final?—Contesté con otra pregunta. Normalmente era el rey quién iba en la retaguardia para que no sufriera daños.
—El rey quiere encabezar esta batalla, Tyron quiere ir detrás de él y yo iré delante de vuestro ejército.—Respondió él sin darle mucha importancia.
Decidí no responder y aceptar lo que decían. No me apasiona esto de la guerra, pero es mi deber. También he de decir que guardé silencio para no llevarle la contraria a mi futuro suegro.
Tengo que ganarme puntos con Zyón si quiero que en el futuro acepte que me case con mi tormenta. Porque eso pasará, tarde o temprano.
—Doy la reunión por terminada.—Tyron habló. Su voz aburrida y monótona, pero cambió el tono a uno autoritario cuando su mirada dió con la mía.— Tu no, Aritz. Tenemos una charla pendiente.
Yo no recordaba tener nada de una charla pendiente con él.
—Por supuesto, hermano.—Hablé con despreocupación.
La relación que tenemos es complicada. Siempre pende de un hilo. Tengo que gastar cuidado con mis palabras,si no, Tyron se sentirá amenazado, como siempre que me expreso.
Todos salieron, algunos con la cabeza agacha, otros ajenos a todo y Zyón mirándonos con desconfianza.
—Quiero dejar en claro que nadie vió nada el otro día,¿no, hermano?—Preguntó con un tono poco amigable.
No sé en que momento se posicionó detrás de mi silla y puso sus dos manos en mis hombros, apretandolos.
Era una clara amenaza algo disfrazada.
—Oh...¿Te refieres a eso que no quieres que tu queridísima y por supuesto nada psicópata esposa se entere?—Mi sonrisa de diversión apareció. Le iba a sacar algo de provecho a mi información.
—Aritz no estás en posición de negociar. Eres un peón más en esta partida así que como peón obedece a tu futuro rey o...¿prefieres que la hermana de tu pequeña obsesión desaparezca?¿Que le dirías? Sería en parte tu culpa.
—No te interesa ni un poco esa chica.—Afirmé.
—Es un juguete.
—¿Sabes que las personas también tienen sentimientos y tu te estas aprovechando de los de ella?
Volvió a apretar su agarre en mis hombros. Una señal para que me callara y escuchara.
—Las personas débiles tienen sentimientos. Por eso hermanito, tu y yo tenemos un concepto de amor diferente. Tu eres débil, dejándote guiar por la belleza y astucia de una de las hijas de Zyón. El amor es como la guerra, si no tienes el poder de mandar sobre la otra persona...has perdido.
Liberó mis hombros se su agarre y se marchó dejándome solo en la sala de reuniones.
Sus palabras eran necias como él.
Entiendo porque su esposa está con él, son los dos tal para cuál.
Salí de la sala de reuniones para dirigirme al despacho de Zyón. Iba a hablar con él, para intentar convencerle de que un matrimonio entre Lilith y yo sería beneficiario para todos. Era una excusa. Siempre rechazaba mi propuesta.
Toqué un par de veces hasta que escuché la voz ronca de Zyón permitiéndome pasar.
Entré y su expresión de pocos amigos me dijo todo lo que tenía que decirme.
—¿Lo mismo de siempre?—Preguntó con aburrimiento y desvió su mirada a los papeles esparcidos encima de su escritorio.
—No es lo mismo de siempre...bueno sí, pero de verdad Zyón quiero casarme con Lilith. No soy como Tyron con Frilda que...
—Freya.—Me interrumpió para corregir el nombre de su hija.
La verdad era que solo me sabía el de Lilith y el de Luke.
—Perdón. No me acordaba de su nombre.—Mentí. Ni si quiera pregunté o me interesé por saberlo.—A lo que quiero llegar es que mi amor por Lilith es desde pequeños. Su valentía, su manejo con las armas, su belleza, su confianza, su cara de odio que pone al verme, su sonrisa, sus pecas, todo de ella me cautiva. Me da igual que ella ahora no me ame, prometo hacerla feliz mientras intento que su corazón me pertenezca.
—Aritz no sé como explicártelo. —Hizo una pausa para llevar su mano a su frente y masajearla con dos dedos.— Mi primor no te ama y no voy a obligarla a casarse. Ella tiene que elegir a la persona con la que quiera pasar el resto de sus días y tú por ahora no eres ese candidato.
Mis hombros cayeron en señal de derrota. Por ahora. Porque mañana volvería a intentarlo.
No me iba a dar por vencido tan fácilmente. Me ganaría el corazón de mi tormenta sea como sea, aún que me costase una eternidad.