El templo de la luna

XI. La historia de los dioses.

Lilith

—¡No puedes pegarme y salirte con la tuya!

¿Por qué no la dejé inconsciente?

—¿Puedes callarte?—Pregunté mientras le miraba molesta.—Tu voz hace que me quiera arrancar mis tímpanos.

Hizo un ruido y abrió su boca disgustada.

No le había gustado como le hablé.

Ojalá los dioses le dieran una muerte lenta.

Es como una cría con una rabieta.

Insoportable.

—¿Por qué estas por aquí, Etíope?¿Por qué te escondes?

—¿Esconderme?¿Yo?—Su risa nerviosa la delato.—Nunca me escondería de nadie.

—No se esta escondiendo. Está huyendo.—Habló Aritz mientras se posicionaba a mi lado.

—¿De quién?¿Y cómo lo sabes?—Pregunté con curiosidad sin mirarle.

—Antes de que me diera la ceniza, escuché como hablaba sola y no parecía para nada tranquila.

La mirada de Etíope era la de un animal enjaulado. Sabía que tenía que escapar de esa jaula o alguien vendría a cazarla pronto.

—Dinos un nombre.—Ordené.

Ella se tensó y nos miró a ambos con duda.

Su respiración se volvió irregular. Tenía miedo.

¿Quién la tenía aterrorizada?

—Creéreis que solo es una leyenda, pero lo vi con mis propios ojos.—Empezó a hablar con la cabeza gacha.— Y los dioses elegirán a sus campeones. No importa si es de otra corte a la suya. Cederán una parte de sus poderes a sus campeones y ellos lucharan para elegir al dios supremo.

He escuchado eso antes...

18 años antes

Aemma Torren.

Una híbrida.

Mitad humana y mitad elfa.

Esa era mi madre.

Todos la repudiaban por eso.

Sus rizos rubios y sus ojos azul oscuro.

Sus pecas decorando su rostro y parte de su cuerpo.

Mi padre la amaba. Era su adorado diamante.

Pero la mayoría de la corte la repudiaba.

Por eso nosotros fuimos odiados cuando nacimos. Eramos su linaje.

La corte fue aceptando a mis hermanos, menos a mí.

Tenía la personalidad de mi amada madre.

Su valentía, su osadía y su temperamento.

—Mi primor.—Su melodiosa y aterciopelada voz envolvió mis oídos.—Solo te contaré un cuento.

Sus ojos oscuros parecían mas claros cuando una sonrisa iluminó su rostro.

Ella ya estaba encinta.

Su mano cubría su barriga como si la quisiera proteger de algo.

—Nuestros dioses. Nuestros adorados dioses.—Empezó a relatar con una voz suave.—Hubo un tiempo en el que no eran lo que son ahora. Eran dioses atrapados en cuerpos de reyes y reinas. Por milenios buscaron una forma de escapar de esa cárcel que impedía que usarán sus poderes sin límites. Sus cuerpos tenían limitaciones. Podían usar un tercio de su verdadero poder. Un día, el rey Aur, conocido como el dios Aurethion. El dios de nuestra corte. Mandó a llamar a los demás reyes para una reunión. Todos acudieron menos Nymereth.

—Nymereth es la diosa de la corte lunar, ¿verdad, mamá?—Mis ojos se iluminaron. Era mi diosa favorita.

La más justa de todos los dioses.

—Exacto, primor. En esa época la llamaban la reina Reth.—Dijo con una sonrisa mientras acariciaba mi pelo.—El rey Aur se enfadó muchísimo. Él decía que tenía la solución a su problema y ella declinó su invitación, una falta de respeto hacia él. Por eso quiso hacerse el rey supremo y gobernar a los otros reyes. Los otros reyes se negaron, decían que todos eran igual de fuertes que él, así que tenían los mismo derechos para postularse.—Acarició mi pelo con ternura.—Decidieron hacer una batalla. Cada rey elegía un guerrero para que luchase por él. Eso desencadenó una serie de acontecimientos. La sangre de los guerreros en el coliseo hizo que se activara una especie de ritual. Los reyes se convirtieron en dioses y parte de sus poderes traspasaron a sus guerreros. Eso hizo que esa batalla se convirtiera en una masacre. Al final ganó Nymereth, pero los dioses decidieron que cada 100 años se volvería a repetir una batalla así para volver a elegir un dios supremo. Hay un escrito..."Y los dioses elegirán a sus campeones. No importa si es de otra corte a la suya. Cederán una parte de sus poderes a sus campeones y ellos lucharan para elegir al dios supremo."》

—Es un cuento para niños.—Dijo Aritz sin darle mucha importancia.

—Luke sigue vivo y el dios de vuestra corte lo eligió como su campeón.—El tono serio de Etíope me hizo creer su historia.

Estoy harta de escuchar que Luke está vivo.

Teníamos un jodido problema.

—¿Dónde está?—Pregunté.

—No lo sé. Pero tenemos que ir al templo de la luna. Nymereth sabrá que hacer.

—Dime que no la crees. Es un cuento, una leyenda.—Aritz me miraba incrédulo.

—Mi madre me contó ese cuento cuando era pequeña. Ella no creía que fuera una leyenda.

—También os tengo que avisar que la princesa Marcella está detrás de los dioses. Quiere ser uno de sus campeones. He oído que quiere matar a la amante de su marido.—Confesó Etíope.

Jodida mierda.

Marcella sabía lo de Tyron y Freya.

Y no iba a recurrir a cualquier venganza, recurría a la peor de todas. Conseguir poderes destructivos para hacer sufrir a mi hermana.

Tenemos dos problemas.

Dos bombas explosivas que como exploten van a arrasar todo lo que conocemos.

—¿Estas segura que Nymereth nos escuchará si vamos al templo de la Luna?—Pregunté.

—Lo hará, ella todavía no tiene un campeón.—Dijo con seguridad.

—Estáis locas.—Dijo Aritz mientras pasaba una mano por su pelo.—Os acabáis de casi matar y ahora os queréis volver aliadas. Ni de coña me uno a esa psicópata. ¡Me ha drogado!

—Ella sabe más cosas que nosotros.—Intenté convencerle.—Nos va a venir bien su ayuda.

—Es una leyenda, tormenta. Un cuento para críos. Ningún dios nos escuchará.

—Pues quédate aquí, Aritz. No pienso dejar que esos dos revienten todo a su paso, solo por dudar. Si es verdad y dejamos que pase, estamos muertos. Es mejor ir y asegurarnos, que no ir y perder.



#2752 en Fantasía
#7175 en Novela romántica

En el texto hay: fantasia, amor, faes

Editado: 02.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.